galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

LAS ISLAS HABITADAS

Allá donde dos islas emergen del horizonte marino se construyó el paraíso hace dos siglos… Mucho más joven es esa otra isla de ensueño que el hombre nuevo edificó al otro lado del puente, para contemplar todos los días el gran espectáculo del marisqueo… De algo más edad es la que se estira en medio de la calma de una ría en la que siempre se posa la luz del sol.

Las islas habitadas de esta Tierra Única le cuentan al astro rey felices historias mientras la gente goza de sus espacios, con calma, incluso a pié, siguiendo viejos senderos entre pinos que conducen a playas y faros, vigías del vuelo de un millón de aves, compañeras de los barcos que vuelven a casa con la marea.

Las Ons ofrecen paz a los vivos. En la Onza habitan sus gentes marineras y en la Onceta mandan los cormoranes y las gaviotas. Tienen playa y Faro, pero también acantilados salvajes que cubre la espuma blanca de las olas…

A Toxa humaniza las cuatro estaciones con sus palacios de agua, el campo de golf rodeado por la perspectiva marinera, sus jardines limitando los espacios, sus hoteles de lujo, el bullicio del vicio en su casino de juego, la capilla de vieiras para arrepentirse del pecado o los collares de conchas que colgarán sobre sus pechos las mujeres, las bellas y las que lo son menos…   

A Illa está rodeada de ría por eso es la de Arousa. Aquí confluyen en medio del espléndido paisaje la villa mas marinera, la de los dos puertos; y el espacio natural por donde pasean sus gentes para procurar el yodo atlántico, buscando esa luz especial de los mediodías de plata y los atardeceres de oro. Aquí, en A Illa de Arousa, están mis gentes, esas que solo se pierden en la mera contemplación del paisaje… en silencio. 

De las islas habitadas solo las diosas Ons pertenecen al Parque Nacional, el de las Illas Atlánticas. Porque además de su importancia histórica la tienen también ecológica y natural. Cuando llegas descubres un edén protegido y reservado al que se solo se accede por mar.

Este paraíso es un lugar de antiguos asentamientos marineros. De gente con piel de salitre acostumbrada a los inviernos duros, pescadores humildes del entonces humilde pulpo.

De aquellos pioneros quedan imborrables evocaciones y la herencia de unos pocos entusiastas por mantener viva su memoria, porque es el recuerdo de sus padres aquí nacidos.

En la Illa de Ons está la cuna de los marinos que hicieron posible la utopía y unos pocos te la cuentan en el chiringuito de la playa donde cada verano busca el turismo el frescor atlántico.

A Toxa es un gran Balneario que combina la hidroterapia, es decir, el agua como medio curativo; y la talasoterapia, que utiliza el agua del mar y sus elementos, como las algas, para tratamientos de relax y de belleza.

Su slogan dice que es una “isla de ensueño”, pero aquí lo que más sientes es la llamada del agua no solo por sus bellos espacios marineros, sino porque te atraen sus tres balnearios y sus spas; y sus piscinas, las climatizadas para los días grises y las que hay al aire libre para dejarte dorar por el sol que se mira en su ría.

A Toxa cobra mayor sentido si bebes aquel cuento que a mí me contó el viejo lobo de mar, ahora navegante solitario por todos los cielos, destino final de los hombres buenos…

—- Aquí, na Toxa,  soltaron un burro enfermo para que morrera. Pero non morreu senon que se puxo coma un buxo. Foi como se deron conta de que as augas das fontes que nacían onde hoxe está o Gran Hotel, curaban todos os males.

La Illa de Arousa es mi favorita porque es el espacio perfecto…

Por la grandeza del paisaje y por su concepción de villa marinera, típica en sus dos puertos y en sus calles de trazado irreal.

Al sur, Punta Carreirón, es lo más natural; el punto de encuentro de las aves viajeras que los humanos ojos admiran conciliando la esplendidez de la luz contraria.

En el centro, se aquieta la ría sorprendida por la esplendidez de sus dos puertos, donde la vieja estirpe marinera mata las horas de reposo.

Y hacia el norte, procurando el faro, caminas por paseo de madera para no manchar la arena blanca de su impoluta playa, donde la última postal derrota toda transparencia en el azul del agua…

Cuando más resplandece este mar y la nueva marea nos envía música de olas sobre su belleza litoral, se produce el rito final de cada tarde; ese momento en que los espejos del agua, al compás de las mareas, engañan a la luz diurna.

Xerardo Rodríguez