galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

LAS PALABRAS EN LA ARENA

Por Xosé A. Perozo

Tomando como referencia el pasaje “Jesús y la mujer sorprendida en adulterio” del “Evangelio de Juan”, Antonio Buero Vallejo escribió la obra en un solo acto “Las palabras en la arena” allá por 1949. A finales de los años sesenta yo tuve la osadía de ponerla en escena con un grupo de Teatro Independiente Extremeño contrario al régimen. Digo osadía porque Buero Vallejo creó este texto para criticar la hipocresía de los políticos españoles, en especial los de la dictadura franquista, y poner de manifiesto la existencia del destino como un fenómeno inevitable a quienes Dios condena o salva desde el nacimiento.

Yo no creo en las determinaciones del destino, aunque a veces los movimientos de la vida política nos empujen a ello. Sí creo en la fuerza y utilización de la hipocresía como elemento incorregible de la vida pública. Quizás por ello los claros diálogos creados por Buero permanecen en mi acervo cultural y día sí y otro también me los tropiezo en las noticias cotidianas.

En el pasaje de Juan los escribas y fariseos le presentan a Jesús una mujer sorprendida en adulterio para que la juzgue y sea apedreada. Se trata de una trampa saducea que el Mesías resuelve escribiendo unas frases en la arena para calificar a los acusadores y proponer que “quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra contra ella”. Cuando levanta la vista todos han desaparecido. Por tanto, la mujer queda libre pues Jesús tampoco la condena, aunque le aconseja que no vuelva a pecar.

Tomando esta parábola Buero Vallejo crea una trama dramática en la que el marido traicionado discute con sus amigos si debe o no matar a la adúltera. Para salir de dudas se acercan a leer las palabras con las que Cristo les ha calificado uno a uno: adúltero, corruptor de niñas, ladrón del dinero de los pobres, hipócrita, lujurioso, ateo, asesino. La hipocresía general de los personajes resulta fácil de identificar por sus diálogos y planteamientos éticos de cara a la galería. El pasaje del evangelio acaba bien. El único acto de Buero, trasunto de nuestro presente, acaba mal.

En estos tiempos de permanentes controversias partidistas como consecuencia de los repetidos y eternos casos de corrupción, de acosos sexuales y laborales, del triunfo de la mentira publicada, del descrédito de la justicia, del oportunismo de los imbéciles, del triunfo de los ineptos, tan eternos en los sembrados de la humanidad, me pregunto cómo es posible que la ciudadanía aguante el drama y premie a los actores con su confianza y aplausos.

Me pregunto si del Rey abajo alguien ha tenido el valor de leer la propia palabra en la arena antes de pedir la dimisión del contrario, de echar a rodar el infundio de turno, de vender su dignidad por un plato de votos y de mirarse al espejo para medir su honradez.

Me pregunto que hay escrito en la arena de Rueda, encubridor del conselleiro acusado de presunta agresión, cuando pide la dimisión de Besteiro por silenciar la de Tomé. ¿Qué decía la palabra del socialista cuando le pedía diligencia al presidente de la Xunta? ¿Cuál ha de ser la diferencia entre la palabra en la arena de Esperanza Aguirre, descubridora de sus consejeros vestidos de ranas corruptas, y la de Pedro Sánchez al ver entrar a los suyos en prisión?

Estos son ejemplos paradigmáticos, pero desde la Biblia a la última noticia hay material para llenar una enciclopedia de la hipocresía partidaria. En el pasado las palabras las borraban las mareas de la Historia. Ahora ni un océano embravecido puede contra ellas. Por ello, ante este estado de cosas impúdicas hoy me permito aconsejar a los políticos creyentes leer el “Evangelio de Juan” y a los no creyentes leer la obra de Buero Vallejo.

Igual aprenden algo.

Xosé A. Perozo