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LEYENDAS DE A BARCA

Santiago, el Apóstol, predicó el Evangelio en Muxía no con mucho éxito. Hasta que se le apareció la Virgen en este lugar magnífico, navegando sobre una barca de piedra, en la que remaban ángeles celestiales. Ante tal hecho el Hijo del Trueno prosiguió su labor evangelizadora y la Virgen dejó como prueba de su aparición, entre las rocas del acantilado, su barca convertida en piedra. Una imagen de la Virgen apareció bajo el timón de la barca y los vecinos de Muxía la trasladaron a la iglesia parroquial, pero milagrosamente volvió a su lugar de origen. Esto motivó la construcción del magnífico Santuario de A Virxe da Barca junto al popular acantilado muxián. Es lo que cuentan como historia en viejas crónicas eruditos monjes de Moraime. Otros historiadores, sin embargo, catalogan el relato popular entre las leyendas mejor contadas de Galicia.

Frente al actual santuario, batidas por el Atlántico, se encuentran tres rocas usadas primeramente en un rito de culto pagano, que con el devenir de los tiempos sería cristianizado. Son “A pedra de abalar”, “A pedra dos cadrís” y “A pedra dos namorados”.  El culto a las piedras, muy habitual en este país, probablemente deba su origen a la época prerromana y a los monjes del cercano monasterio de Moraime es a quienes debemos su cristianización. Las piedras, tienen poderes curativos si se cumplen ciertos ritos…

«A Pedra dos Cadrís» es de visita indispensable para todos aquellos que padezcan problemas reumáticos, para lo cual han de pasar por debajo de ella nueve veces. Esta sería la vela de la barca en la que se apareció la Virgen.

«A Pedra de Abalar» produce al moverse un sonido misterioso. La tradición popular le atribuye multitud de poderes. Por ejemplo, se escucha un canto especial en caso de inocencia ante una acusación de infidelidad. También se cuenta que la piedra emite por sí sola el ruido de una sirena de faro, como aviso de un naufragio o alguna otra desgracia.

Y «A Pedra dos Namorados» es la única de las de A Barca cuya tradición no se relaciona con la leyenda mariana. Tiene forma de asiento con un gran respaldo en el cual las parejas se prometen amor y fidelidad.