galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

LIBREPENSAMIENTO Vs. FANATISMO

Por J.J. García Pena

El primer deber de quien se tiene por escribiente librepensador es informarse, contrastando y no tergiversando ni ocultando la realidad que hallare, sea del signo que ésta fuese. Lo contrario sería parcializarse, equiparándose, – le guste o no le guste- a un vulgar, necio y tuerto fanático. En una de tantas lecturas di, al pasar, con “Un ancla en la tormenta”, publicación religiosa de www.religionenlibertad.com , que clara y tajantemente nos advierte: Los comentarios o comentaristas ofensivos serán eliminados. 

Como verás, (si querés verlo, claro) fue publicada el 30.06.2022.  Y aunque existe la posibilidad de hacerlo, tiene 0 comentarios. (Bueno, convengamos en que eso de “eliminar comentarios ofensivos” no parece ser muy democrático, pero aún así, está dentro de lo admisible). Sin embargo, lo realmente inquietante para mí, es la firme amenaza de “eliminar a los comentaristas ofensivos”. (Quizás esto último explique la ausencia de comentarios osados, digo yo).¿Qué forma de exterminio aplicarán, esta vez, los sectarios a los atrevidos maldicientes?

Daba por extinguida la Santa Inquisición, pero en este mundo convulsionado por la fauna feroz de los trumpis, los putinis, los mileinis, los abascalis, los bukelis, los castris, los bunnis y los therianis, nada debería sorprendernos el renacimiento de un nuevo Cardenal Cisneros o de un Torquemada…  O la irrupción de jóvenes idealistas e influenciables, tal cual fuimos en nuestro día los hoy caducos “carrozas”.  Los noveles voxistas, adoradores de tiranos que, por suerte, no conocieron; no son “chicos malos”, simplemente padecen de juventud, bella dolencia que se cura con los años, pero que, mientras dura, es tierra de siembra y cosecha por parte de malintencionados que solo les contaron la mitad de la realidad.  Y una verdad a medias es una flagrante mentira.

Sigo, -con tu permiso y si no te aburro- descorriendo el velo doméstico:

Como todas las informaciones de tal naturaleza, “Un ancla en…” se encuentra en las antípodas de mi concepción filosófica. Soy ateo.

El ineludible gancho de mi casual lectura, entonces, fue el valenciano apellido Climent, pilar fundamental de la familia Climent. Mi familia.

Leo y comparto contigo lo hallado. Luego, si te apetece, podrás leer mi visión al respecto.

“ARTURO CLIMENT BONAFÉ, canónigo de la Catedral de Valencia y escritor, abre este bloque de «Un ancla en la tormenta» sobre los «Sacerdotes mártires valencianos del siglo XX» con el siervo de Dios Enrique Boix Lliso que nació en Llombai (Valencia) el 20 de julio de 1900. Fue ordenado sacerdote en 1925.

En enero de 1937, seis meses después del comienzo de la Guerra Civil en España, fue detenido por los milicianos y, sin juicio previo, encarcelado y torturado como un animal. Después de desnudarlo y tenerlo atado a un limonero limonero durante toda la noche, los milicianos jugaron a hacer una corrida de toros con él y, como si él fuera el toro, le clavaban agujas a modo de banderillas. Finalmente, después de muchas humillaciones, llegó el momento de su entrega total por Cristo, muriendo degollado.

El beato Ricardo Pla Espí nació el 12 de diciembre de 1898 en Agullent (Valencia). Siendo aún muy pequeño manifestó su deseo de ser sacerdote. Sus padres se alegraron enormemente por la noticia, pero, debido a su corta edad, tuvo que esperar largos años, hasta que el 19 de marzo de 1922 fue ordenado sacerdote. Debido a su claridad a la hora de predicar y a su gran don de gentes, fue arrestado una primera vez, junto a sus padres y hermana, el 25 de julio de 1936. En esta ocasión fue salvado por un hombre misterioso al que nadie conocía. Lamentablemente, no duró mucho en libertad. Cinco días después volvió a ser arrestado. Esta vez ya no había escapatoria. Debía escoger entre morir por ser fiel a su fe o renunciar a ella para seguir viviendo. Sin dudarlo siquiera, Ricardo Pla Espí escogió ser fiel hasta el final.

 …                                                                                     

El beato Francisco de Paula Ibáñez Ibáñez, abad de la Colegiata de Santa María de Xàtiva. Nació en Penáguila (Valencia), en el seno de una familia eminentemente cristiana, donde aprendió a rezar y a tener una relación muy cercana con Jesucristo. Relación que, siendo ya sacerdote, transmitirá sobre todo a los niños y jóvenes. Su mayor preocupación era transmitir fielmente la Palabra de Dios a sus feligreses. Una vez estallada la Guerra Civil española, consciente de la posibilidad de morir, no se dejó frenar por el miedo, sino que se entregó aún más en su ministerio. 

 …

El beato Gonzalo Viñes Masip tuvo la gracia de nacer en una familia cristiana que practicaba fervientemente su fe, y esto le ayudo a conocer a muy temprana edad la voluntad de Dios sobre él: tenía que ser sacerdote. No perdió el tiempo, y para comenzar su formación sacerdotal, realizó los estudios básicos en el Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de S. José, en Valencia, y después continuó en el Seminario Diocesano, también de Valencia. Una vez ordenado sacerdote se volcó sobre todo en los jóvenes, ofreciéndoles una doctrina cristiana firme y sólida en la fe de la Iglesia. Tuvo gran interés por la arqueología y participó en varias excavaciones importantes, y también escribió varios libros.

«Los mártires de Barbastro» se trata de un grupo de cincuenta y un seminaristas junto con sus superiores, que tras un duro cautiverio de casi dos meses fueron asesinados durante la persecución religiosa de la Guerra Civil española. Hoy son conocidos como los mártires de Barbastro. Debido a la dificultad que supone hablar de tantos mártires por su gran número, D. Arturo ha elegido de entre ellos a tres de los más jóvenes: los beatos José María Blasco, Eduardo Ripoll y José Amorós. Dos murieron a la edad de 22 años y el otro con 24. Su fidelidad a Dios en las pequeñas cosas les permitió ser fieles durante el periodo de prueba de su cautiverio, perseverando hasta el último día de sus vidas firmes en el servicio de Cristo.

D. Arturo Climent Bonafé, canónigo de la Catedral de Valencia y escritor, cierra este bloque dedicado a los «Sacerdotes mártires valencianos del siglo XX» con la vida de san Jacinto Castañeda. Nació el 13 de enero de 1743 en Xàtiva. A temprana edad descubre su vocación sacerdotal, pero no solo eso, sino que ve que él tiene que ser sacerdote, dominico y misionero. Sin perder tiempo, en cuanto pudo, ingresó en el seminario y después de ser ordenado sacerdote, el 2 de junio de 1765, fue enviado a China, donde muy pronto sufrió persecución por predicar el Evangelio. Más tarde, fue destinado a la misión de Tonkín (Vietnam) donde sufrió el martirio. Fue degollado ante una cruz el 7 de noviembre de 1773. El 19 de junio de 1988 fue canonizado, junto con otros 116 santos, por el Papa Juan Pablo II”.

Concluyo: 

ARTURO CLIMENT BONAFÉ, canónigo de la Catedral de Valencia y escritor católico, abre y cierra este bloque de «Sacerdotes mártires valencianos del siglo XX» forzando su propia propuesta al incluir, con toda justicia y caridad propia de Cristo, a Jacinto Castañeda, un mártir valenciano del siglo XVIII.

¿Qué lo indujo a no incluir en su trágica lista de “mártires valencianos del siglo XX” a María Climent Mateu, vilmente asesinada por mantener su fe? 

¿Puede argüir desconocimiento u olvido el valenciano señor Arturo CLIMENT Bonafé en descargo de su extraña omisión del martirio de su paisana María CLIMENT y de su mamá, siendo, además de su paisano, portador de su mismo apellido?  

 ¿Será un hereje ateo quien deba completar la nómina, al dar la identidad y las circunstancias del asesinato de la mártir valenciana en pleno siglo XX?

¿Habrá sido la condición femenina (suprema condición humana) de María Climent Mateu,  la que no la hizo digna, a los ojos de Arturo, de figurar entre las personas martirizadas por defender su fe, en un listado en que solo figuran hombres del siglo XX? Listado que, curiosamente, se “elastiza” para dar cristiana cabida  ¡A un varón martirizado en el siglo XVIII! ¿No pudo Arturo,  el canónigo catedralicio, “elastizar “ su nómina para recoger en ella, también, el torturado fin de María Climent Mateu?  

En cambio, un escritor ateo, librepensador y verdaderamente inspirado en las enseñanzas humanas de Cristo, copipega y muestra todo lo que pudo averiguar al respecto por otro lado. Y no lo oculta ni lo niega, por el contrario: lo pone de manifiesto, incluso añade más información a la del distraído canónigo: 

“El 20 de agosto de 1936, fue detenida, junto a su madre, quien se negó a dejarla sola. Ambas fueron fusiladas en las cercanías del cementerio de Xátiva (Valencia). Su martirio fue un testimonio de fe implacable. La beatificación de María Climent Mateu se produjo el 11 de marzo de 2001, por el Papa Juan Pablo II, en una ceremonia conjunta con otros 232 mártires de la persecución religiosa en Valencia entre 1936 y 1939″. 

Las guerras, -cualesquiera sean-, sacan lo peor de la fiera que llevamos, enjaulada y apenas adormecida, dentro.  Se diría que, llegado el caso, las “patrióticas” arengas de los políticos nacionales y de los caciques sectoriales, nos bendicen y “autorizan” a cometer las más terribles atrocidades sin hacer caso al débil freno de nuestras conciencias. El licántropo en duermevela se vuelve a sentir bestia libre. Los más fanáticos entre nosotros son capaces de conjugar y co-fundir dos palabras inconciliables entre sí: GUERRASANTA, neovocablo creado con el único fin de justificar, sin remordimientos, el “asesinato de otros diferentes a nosotros”.

Pero el colmo de la maldad y de la estupidez humana lo conforman otras dos palabras incompatibles: GUERRACIVIL. Nadie, ni el país más pacífico, está a salvo de sus horrores. Y no hace falta usar misiles, bombas ni metralla.

Repito el lúcido testimonio directo de un asqueado Florencio Sánchez, sobreviviente y denunciante de una de esas uruguayas guerras de entrecasa:  “Oigámosle, a modo de descargo de conciencia, un horroroso pasaje testimonial -de los más leves- de cómo se ejecutó, bárbaramente, a un grupo de 300 prisioneros que, encerrados en un corral de piedra, fueron sacados” uno por uno, a lazo, para desjarretarlos y degollarlos como reses…” Todos uruguayos; matados por uruguayos fanatizados. 

En la España de María Climent Mateu hubo un millón de muertos de ambos bandos. Ella, su madre y Federico García Lorca, entre los primeros. Ellas por católicas y rezadoras y él por rojo y maricón. Todos españoles matados por españoles fanatizados.

Se completa así, sin fanatismo ni más parcialidad que la emanada del sentido común, la luctuosa nómina en la que, un católico “hombre de dios” debió haber incluido a María Climent si, en vez de discriminarlas, respetase a las mujeres como todos podemos y debemos respetarlas, al margen de nuestras creencias o fanatismos personales.