galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

LOS NINI, DELINCUENTES MORALES

…son, a nivel universal, los únicos delincuentes que, muy lejos de «caer en cana», son defendidos rabiosamente por sus víctimas.»  

Por J. J. García Pena

Existe una especie a la que llamaré sentidelincuentes morales que, como todos los demás delincuentes, han existido siempre, pero, a diferencia de los comunes, jamás se construyó -ni se construirá- una cárcel que los aloje. Ellos, los sentidelincuentes, lo saben: jamás irán presos por la sencilla razón de que son los únicos delincuentes que cuentan con la defensa incondicional de sus víctimas.

Lo positivo de esta fauna de vividores inescrupulosos, es que, afortunadamente, representan un muy pequeño porcentaje de la población.  Coincide su natural declinación con la bioresequedad o desaparición del tronco que los sustenta. Suelen hallarse desparramados por todo el mapa, y enquistados en toda la escala social, abarcando un amplio abanico de edades y pieles en cada género sexual, siendo más numerosos entre los varones blancos de entre dieciocho a cincuenta y cinco años. (Diría que, como sucede en todos órdenes de la vida, las mujeres son menos indecentes que nosotros a la hora de delinquir).

Los sentidelincuentes operan bajo la forma de familiares cercanos o fungen de parejas sentimentales, amigos del alma o allegados de sus víctimas. Achacan su prolongada inactividad a su «increíble mala suerte», o a la falta de oportunidades para hallar «un trabajo que valga la pena». Sus hábitos parasitarios son reiterativos, por tanto previsibles. Viven de expoliar a quienes gustosamente los protegen mientras, astutamente, eluden todo compromiso laboral.

— Esteeee… ¿tiene que ser hoy esa entrevista de trabajo? Estamos a jueves, ¿vio? Sí, sí, le entiendo…. Pero es que, ¿sabe usted? por una urgencia familiar estoy en Punta del Este y no volveré a Montevideo hasta el lunes…

 — Che, decíme: ese flaco que está hablando por el móvil y tomando sol con la piba que le ceba el mate, ¿no es el atorrante de…………….?  (Ponéle el nombre que estás pensando) 

– Sí, es él. Le mintió a «la vieja» que venía a «Punta» a ver si encontraba «laburo», ahora que casi arranca la temporada de verano.

—¡Pobre vieja! Le sacó unos pesos para el fin de semana con la «mina». El lunes le dirá que «con este «coví» de mierda la temporada viene gemida pa’ conseguir trabajo» y listo. Sabe que su vieja le banca cualquier payada y le tapa cualquier cagada-

– ¡Hijunagranputa…!

No pocos de estos zánganos miserables engrosan el batallón de los NINI, sintético eufemismo usado en Uruguay para definir a quienes, pudiendo y debiendo hacerlo, Ni estudian Ni trabajan. Viven «de arriba, o de úpa», como decimos por aquí.  Es decir, viven a costillas de sus víctimas. Pero no se te ocurra abrirle los ojos a sus abnegadas y genuinas fuentes de recursos. Hacéme caso. Te ganarás su repudio al santo botón…

— ¿Vio, Javier? Mi pobre……………… (sí, ponéle ese nombre que estás pensando) no tiene suerte.

— No, doña Rosa, lo que no tiene su hijo es vergüenza.

Y Doñarrosa, santamente ofendida, me retiró el saludo.

Te decía que los sentiamorales son delincuentes de muy vieja data. Pero dentro de su impune categoría hay un subgrupo que compendia toda la ruindad del género: Son una rareza dentro de la rareza, porque alcanzan el grado supremo del desparpajo más cínico. Se trata de los que, al percatarse, tardíamente, de su falta de valor personal y no conformes con haber abusado hasta el hartazgo de sus víctimas, ¡terminan reprochando a éstas ser el origen de sus perversiones! El colmo del caradurismo.

El madrileño Juan Cancio Millán Bonell, hombre de la noche y del mundillo artístico, autor, entre otras, de obras tan sensuales como Nerón El templo de Venus, nos dejó un retrato escrito de uno de esos supremos inservibles, aparentemente tomado de la realidad que lo envolvía. El propio Cancio, noctámbulo, bajito y esmirriado, murió prematuramente en 1935, a los 52 años. Narraba en aquella letra del tango “El Consentido”: 

Mi porvenir me asusta y mi pasado

es un error, me encuentro avergonzado.

No sé qué hacer, ni como definir, sí,

por serme inerme el modo de vivir.

Madre, hoy se ve este hijo consentido,

por tu cariño, en ente convertido.

Tanto cariño, madre, fue fatal…Soy

un vil engendro del genio del mal…

Sin saber lo que cuesta la vida,

procuré pasarla divertida.

Y así fue que mi alma pervertida,

sólo a gozar, reír y disfrutar

se quiso aclimatar.

Fue mi pasado reír y gozar

Y mi presente sólo es de pesar.

Tú, que reías siempre placentera

al contemplar a tu hijo calavera,

que sin conciencia, sin moral ni honor, sí,

supo explotar tu maternal amor.

Un hombre soy, me encuentro arrepentido

al comprender la vida que he vivido.

No me resigno, madre, a claudicar, no,

pero tampoco me atrevo a luchar.

Era audaz de cínica osadía

que amo fue de los antros de orgía,

sin tener el vil metal que un día

me hizo brillar como un astro y triunfar

a fuerza de pagar.

Un desgraciado que quiere vivir

por no tener valor para morir…

El gran Gardel convirtió en tango esta denuncia social escrita en los años veinte. Es que nuestro comportamiento dista mucho de ser objetivamente racional. Nos gobiernan -nos esclavizan- las emociones y los instintos básicos. Ellos deciden nuestro voto.