galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

LOS PRIMAVERALES RÍOS DE PLATA

Entre las múltiples definiciones que Cunqueiro dedicó a Galicia yo destaco la de “País de los Mil Ríos”. No es para menos. Los ríos –grandes, medianos o pequeños, incluso los que llamamos regatos- no solo engrandecen el paisaje de esta Tierra, sino que han sido la fuente en la que bebieron nuestros más grandes poetas… Te invito a seguir el curso de algunos de ellos, para que comprendas mejor el porqué los gallegos amamos la naturaleza y disfrutamos más que nadie de la perspectiva del agua, espejo del alma de un país donde dicen que hasta la lluvia es arte. 

Además, la primavera nos trae una postal de plata sobre los ríos para que nuestras emociones naveguen por el agua clara. Sobre esa superficie irisada baila el sol su danza púrpura, sin herirla, aunque hierva en la cascada. El paso inacabado del agua nos ofrece luego el natural espectáculo de los árboles nadando. Y se aleja el río hacia el mar entonando su interminable sinfonía natural.

Los ríos fluyen sobre la tierra provocando paisajes diferentes en su mágico descenso. Bajan desde la fuente de la montaña hasta el valle frondoso, donde se asienta el alma de la villa nacida para recomponer la perspectiva de la aldea vieja. Vienen rápidos por las laderas, creando a su paso el espacio natural y cantándole a la primavera su canción de agua, hasta llegar a ese lugar fulgurante donde se tranquilizan. Ahí crean la playa-parque, el lugar hermoso donde el río se posa sobre la verde hierba, para recibir el mimo de la humana sensibilidad.

Cerca del río siempre hay un pueblo hermoso que se mira coqueto en su espejo; y en la proximidad el paraíso que nos invita a disfrutar de la cultura fluvial.  Los ríos son las venas de esta Tierra y quienes hacen más hermosa su piel, al reverdecerla. Nacen en la montaña con espíritu aventurero y procuran en su trayecto más agua para su destino final, ya sea el mar o el río grande, que se traga al chico. La primavera nos invita a seguir su curso, que nos lleva hasta grandiosos horizontes a través de espacios naturales de singular belleza; lugares luminosos que invitan a perderse en la mera contemplación del paisaje.

Los ríos nos ofrecen bellos espacios para pescar, playas verdes y si el sol aprieta, el frescor de sus aguas limpias. Cantan para colmar la paciencia del pescador. Descienden rápido para que podamos hacer deporte. Se calman y se hacen anchos para que nos deslicemos sobre su lomo. Y son también el espejo del espacio termal, para curarnos en salud.

Los mil ríos de Galicia son una interminable postal de ocio. La fotografía de esos lugares afortunados donde mora la belleza y donde el agua desarrolla toda una cultura. Algunos ríos nos invitan a viajar a un pasado de subsistencia por sus valores etnográficos y otros pasan bajo puentes monumentales que marcaron el devenir de nuestra historia.  Unos ríos llevan la fama y otros el agua. Los hay muy populares y también más humildes. Pero todos generan la belleza de esta tierra a la que le gusta mirarse en cristalinas aguas.

El Ulla es el río del Apóstol. Remontándolo desde el mar de Arousa, descubrieron sus discípulos Atanasio y Teodosio los paisajes que fueron de las invasiones vikingas y de las primeras correrías de la Bella Otero. Todo esto hasta llegar a Padrón y antes de cumplir la aventura del Campus Stellae en el Santiago Universal.

El Navia nos lleva desde los Ancares hasta el Cantábrico asturiano atravesando valles hermosos, dejando a un lado bellas áreas naturales de pesca y pasando bajo medievales puentes. También se remansa en embalses como el de Salime, que separa a Negueira de Muñiz de Asturias.

El Limia nacido en la sierra santa de San Mamede, en Ourense, nos conduce por vías romanas hasta los piés del Xurés, para luego guiarnos por el Portugal vecino en busca del Atlántico. Allá, en el país vecino, cambia acento y nombre: se queda en Lima.

El Sil llega desde el Bierzo en busca del Miño a Os Peares. En este trayecto provoca el paisaje magnífico de sus cañones, que fueron los que convirtieron en sagrada la gran Ribeira.

El Miño, finalmente, atraviesa tierras de vino en busca del gran océano. Pero antes de entregarse será el creador del gran estuario que entusiasmó a los celtas desde el Tecla, el monte sagrado.

Siguiendo las venas fluviales, todo es posible. El agua en Galicia forma parte de su cultura natural.