galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

LOS PUEBLOS LÍMICOS

 

      Vestigios históricos encontrados en este territorio, agrandados por más de cien leyendas, nos hablan de una cultura muy antigua y de una fuerte presencia romana entre la “Sierra Santa”  y la cara más amable y verde del Xurés.

      Habitaban  aquí los “Límicos”, pueblo de la noble estirpe galaica; los hombres y mujeres que hicieron frente a los celtas invasores y a los romanos imperialistas, los mismos que comandaba Décimo Juno Bruto, aquel que cruzó el Limia nebuloso para convencer a sus soldados de que este no era el “río del olvido” de la mitología griega, el Lethe, que si lo cruzabas perdías la memoria y jamás retornarías.

          

       Te llevaré esta vez, mi gente, por los escenarios de las luchas medievales de los Irmandiños contra el rey Afonso Henríquez de Portugal y para ello seguiremos la romana Vía Nova desde los miliarios de  Zadagós y Vilariño das Poldras, aún hoy Vía de la Plata de las peregrinaciones a Compostela. Acompáñame y leerás la historia en los menhires sagrados, también en las románicas iglesias, en los restos de las medievales torres y hasta en algún monasterio como el de Trandeiras si te lo propones.

       Aunque, lo que en la región de A Limia mas te emocionará… será el paisaje de las sierras, el lago y los ríos que, olvidadas aquellas guerras, buscan el Portugal amigo para procurar dos acentos.

LA SIERRA

          Las montañas tejen los hilos del espacio y todo lo presiden con su presencia, incluso el valle,  tranquilo y fértil,  postal de verdes prados de vacas que también son “limiás”  y campos de cultivo para que nazca la patata.

          Entre el blanco de la cumbre y el verde de sus laderas, hay lugares transparentes cuya vegetación atraviesa el sol de otoño, iluminando un paisaje de río y  de aldea pequeña, de  agua embalsada y de ermita vieja; de histórico campamento guerrero y de cristiano cruceiro de paz; de villa y de pazo.

 

       Esta “santa sierra” ha tomado el nombre de San Mamede, al que ha dedicado capilla en lo alto de la cumbre, para que acudan romeros cuando el verano haga posible la claridad en la colina.

       Esta sierra que respiramos ofrece hacia el sur un paisaje dominante, que surcan mil torrentes y en el que también  nacen ríos grandes, como el Arnoia y el Limia.

       El Arnoia lo hace en Rebordechao y el Limia en Paradiña. Y ambos se rehuyen, buscando valles diferentes, de Galicia y de Portugal.

      La “sierra santa” es atalaya que alcanza en su perspectiva, por un lado, las cumbres del techo de Galicia: el Fial das Corzas del Invernadeiro, y la Cabeza Grande. Y por el otro, la planicie de Antela, en la que el buen tino hizo resurgir la antigua laguna de la leyenda romana.

LOS RÍOS

      El Arnoia nace,  para su mayor grandeza,  en el trozo de montaña que pertenece a Rebordechao, alimentado por mil torrentes en descenso que surcan la piel dominante de la sierra. Crea, en su tramo inicial, un paisaje de agua danzarina que rompe con su canto el silencio del bosque mágico, camino del entorno más mimado por la mano del hombre, tras pasar por el viejo puente de Arnuide.

     En Vilar de Barrio recupera su carácter de río de ladera, para que sus rugientes aguas traspasen la frontera del más humilde Monte Medo, que es el monte de Los Milagros, los de Nosa Señora. Buscando nuevas aventuras y trayectos comenzará a sentir la quietud de los valles, conservando la integridad de su pureza, en las tierras de Molgas y en las de Xunqueira. A partir de aquí, crecerán alisos con madera de gaita en sus ribeiras, pero tendrá que pasar bajo los medievales arcos del puente de Allariz, para hallar la calma total y convertirse en el espejo fiel de la hermosura plena.

     Es como una fuente de montaña: Agua pura y saludable, la del Limia, cuyas primeras gotas manan en la suave cumbre que conocemos como monte Talariño, en la bella parroquia habitada de Paradiña.  Baja de la Sierra Santa con la complicidad de la Civitas Limicorum de estos pueblos límicos que hoy  curioseamos tú y yo.

     Tiene prisa y canta, bailando de piedra en piedra música de fervenza, que es pequeño salto de fluvial vena, tópicamente gallega. Las fervenzas son hoy breves compañeras, porque busca crecer el Limia, hasta el Portugal vecino.

      Porque es un río con dos acentos, generador de mas lagos. A este lado de la frontera imaginaria le llamamos Limia pero nada más cruzarla le llaman Lima. Y llegará hasta Viana do Castelo para entregarse al Atlántico en un gozoso acto de profundo amor paisajístico.

LOS PUEBLOS

     En Vilar de Barrio, la historia se escribe con brevedad, pero debió ser intensa: por la presencia romana y porque el Camino de Santiago atravesó este territorio  como vía cultural en el Medioevo. Quedan huellas en los restos del castro de Bóveda, en las lápidas funerarias de Padreda, y en el puente de Arnuide. En la Edad Media, mandaba aquí el señorío de las grandes casas, de las que aún quedan restos en Bóveda. Pero el paisaje es el principal valor de estos lugares: sus espacios naturales de montaña, de valle y de río suponen motivo suficiente para la visita

     Sarreaus es pueblo límico agrícola y ganadero, de poco más de dos miles de habitantes, poblado ya en el Neolítico final como demuestran los hallazgos de flechas de silex tallado,  en el yacimiento del Roufeiro, en el que también se extrajeron piezas de la Edad de Bronce Inicial.  La gran capital de los Límicos se ubicó en el monte do Viso, en Nocelo da Pena. Conquistada por los romanos, se convirtió en la famosa “Civitas Limicorum”, eje de la actividad de toda la comarca. Sin embargo, en la Edad Media el poder emanaba de las forlalezas de Lemos, durante un tiempo, y de la de Monterrei  posteriormente. La iglesia de Cortegada da Limia es la más antigua, del siglo XII,  y conserva  la portada románica. En Sarreaus, además hay que subir a la Pena do Arangaño para curarnos de todo mal.

   

         Trasmiras está entre el alto de Estivadas y la llanura de A Limia. Es tierra fértil, agrícola y ganadera. Conservan sus parroquias y lugares el encanto del pasado escrito en las piedras de sus pequeñas aldeas, que  parecen surgir de un cuento feliz. Hemos de admirar el cruceiro de Abavides y la románica iglesia de Vilar de Lebres. Trasmiras formó parte del Forum Limicorum y aún mantiene erguida la Torre defensiva del Castillo de Monterrei, de cuya jurisdicción dependía. Entre sus espacios naturales destaca la zona de “O Ribeiro”, en Vilaseca, que dispone de un camping con una superficie de 4 hectáreas, piscinas, pistas polideportivas  e incluso un estupendo aeródromo para ultraligeros. Aquí te invitarán a disfrutar de los espacios naturales protegidos de “Veigas da Limia” y “Ponte Liñares”.

       En  Os Blancos no esperes encontrarte un gran patrimonio monumental, pero este es mi lugar recomendado para que descanses, te sientas tranquilo y busques el directo contacto con la Naturaleza.  Desde la tierra llana de estos pueblos límicos los montes quieren encaramarse ya a la sierra del Xurés. O Cebreiro, A Fonte do Lobo y Axorita son el techo de este municipio, en el que nace y crece el Eiroa, uno de los afluentes del Limia. Te recomiendo subir a los Penedos da Raiña, para mí algo único.

        Baltar es capital y parroquia de un pequeño municipio habitado por los límicos, conquistado por los bárbaros, explotado por los romanos y en el que, según la tradición, se libraron cruentas batallas entre moros y cristianos.   Los ríos marcan aquí los límites y el Salas no iba a ser la excepción. Los castros son ahora outeiros: el do Castro y el do Demo. En Veiga aparecen restos de una explotación aurífera romana, de ahí su nombre: Campo de Ourique…

        Tiene este municipio de Baltar hermosas aldeas, pequeños pueblos, en los que abundan los elementos etnográficos de valor popular, como los restos de los hornos comunales, muiños, lavaderos, fuentes y cruceiros. Y también el barroco gallego de Santa María de Vilamaior.  Pero yo te recomiendo tomar los senderos que conducen a las ribeiras de los ríos, a las fragas y  a los soutos… Estamos en la antesala del Xurés.

       Calvos de Randín es un territorio de inviernos de nieve y frío, pero de calores veraniegos. De primaveras floridas y de otoños multicromáticos.  Entre sus dos mil habitantes aún queda algún viejo romántico contrabandista de los de antes de la guerra, que habitó con sus privilegios en el Couto Mixto. Y hay también quien volvió a respirar el aire de la sierra tras años de ausencia en la emigración. Que esa fue la constante  en tiempos pasados.  Hoy son ganaderos, los mas,  con una cabaña poco numerosa pero de gran calidad.

       Merecerá la pena que subas al Castro de Paradela y profundices en el paisaje del Outeiro de Almena, en la parroquia de Randín. Y has de encaramarte a las cumbres más altas, que son las de la Serra da Pena, y las  del Parque del Xurés, el espacio natural más impresionante que este territorio, comparte con Portugal.

LA LEYENDA

        En Baltar, cerca del Campo de Ourique, el lugar en el que los romanos encontraron oro, hay un campo yermo, completamente estéril, cuya mera contemplación te hace ver mil fantasmas formando un ruedo en torno al fuego purificador.

        Cuentan por aquí una leyenda referida a la gran batalla que libraron las huestes del rey de Portugal y los moros invasores. Corrió tanto la sangre que se achaca a su vertido la improductividad del campo y la frecuente aparición de espectros al anochecer.

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