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MARIANO RAJOY, UN CRACK EN EL JUZGADO

Por Xosé María Palmeiro

Compareció Mariano Rajoy Brey, expresidente del Gobierno de España (2011-2018), en calidad de testigo, en el juicio del llamado CASO KITCHEN y respondió de esta guisa a preguntas de la presidenta del tribunal:

Presidenta: ¿Aparte del ministro de Interior y del secretario de Estado, conoce a algún acusado más?

Expresidente: Sí. Al secretario de Estado.

Presidenta: No, eso ya se lo he dicho yo.

Expresidente: Ah, bien. Pues conozco al ministro y al secretario de Estado.

Presidenta: Puede sentarse.

Expresidente: ¿Me siento?

Presidenta: Si, como quiera.

Y así se fue pasando la mañana en la sala entre negativas varias y olvidos reiterados del testigo porque, es sabido, el tiempo no solo no lo cura todo, sino que incluso complica por momentos el todo y la parte. Estoy hablando de Mariano Rajoy (no confundir con M. Rajoy), registrador de la propiedad, político en excedencia e inveterado humorista, a veces involuntariamente y en modo sentencioso. Mucho más allá de Talavera de la Reina (Toledo) se recuerda el rajoyano elogio de la cerámica, orgullo de esa tierra manchega: “La cerámica de Talavera no es cosa menor, dicho de otra manera, es cosa mayor”, sentenció el expresidente. Hoy podría decir lo mismo del juicio referido. O no. En fin, todo un crack (as, genio, figura…). O, al decir de Pep Guardiola, aludiendo José Mourinho, otro inveterado e involuntario humorista: “el puto amo”. Y si cuela, cuela, como hubiera dicho el genial Forges.

— ¿Me siento?

— Si, como quiera.

Sentose. Y no hubo nada. O, en su defecto, muy poco más.