galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

MAYO EN COLORES

Aquí está el mayo florido y quiero hacerte una propuesta muy natural… Porque, ya sabes, tres quintas partes de este nuestro país son espacios vírgenes, bañados por mil ríos que se entregan, al final, a dos mares. Así que déjate llevar a través de una luminosa primavera para que juntos podamos encender la fantasía transparente del agua y renazca, otra vez, la vida de la vida.

Verás. Cuando llega mayo esta tierra viste su propia moda, floridos ropajes que resaltan los colores para adornar el paisaje. Entonces, hemos de procurar las mejores postales que nos recuerdan el horizonte de nuestra memoria, que es la de los sueños aquí nacidos. Ven. Hagamos posible el reencuentro con la tierra madre, observa como su perspectiva en color traza los senderos perfectos…

El alto cuerpo montañés se viste apresuradamente con las flores silvestres… El valle se pone brillos de plata mientras el río se acuesta cansado sobre su alfombra verde… Y la escultura marina resalta su figura entre el azul de la tranquilidad, ese que llega con suavidad a la playa. La flora viste de obispo la montaña. Sobre el lecho del río nadan los árboles y las flores blancas. Y el mar rescata por fin su calma.

Aquí están las raíces y la vida. En los lugares amados donde se acaba el cansancio del eterno ir y venir por el mundo.

Además, mayo pisa de nuevo las laderas del bosque fantástico, del que desciende entre soutos de ladera, saltando con el agua que busca el río de las buenas truchas arco iris, para hechizarnos con la creación de las más hermosas bahías, por las que navegan barcos escoltados por gaviotas.

Desde la cumbre se alcanza el fin y el principio de lo infinito, que se extiende hacia el cielo y hacia el valle… Tres ríos nacen en la Serra do Xistral, el Eume, el Landro y el Masma. Una vieja leyenda popular dice que el Creador les prometió “una humana presa” al que primero llegase al mar. El Eume resultó ser el más bravo de los tres porque, pese a ser traicionado por los otros dos ríos que lo dejaron durmiendo, venció en aquella carrera atravesando los montes y los valles más difíciles.

Esto será leyenda, pero antes de la construcción del embalse de Lamela, todos los años se ahogaba en el Eume una persona.

El río Eume, durante sus ochenta y cuatro kilómetros de recorrido, es protagonista principal de las Fragas a las que cede apellido. Si las visitas en primavera… verás que es uno de los pocos lugares dignos de ser llamado bosque.

As Fragas do Eume es un ecosistema único en Europa y digno de ser admirado por los matices de su policromía en verde expresada, sobre todo, en su magnífica extensión arbórea autóctona, la principal muestra de este ecosistema de alta biodiversidad al que llamamos “bosque atlántico” y que en 1997 fue declarado Parque Natural.

Esta es una selva peculiar por la proximidad del mar y por la profundidad de las ribeiras del río. Tradicionalmente, los espacios de este tipo fueron muy explotados tanto por su gran riqueza forestal como por la fertilidad de los suelos; por eso en toda Europa, sobrevivieron, únicamente, aquellos ecosistemas que se ubicaban en zonas aisladas como estas fragas, un espacio muy protegido pero también visitable.

Porque es un verdadero placer caminar por sus senderos y descubrir una primavera en color que siempre nos sorprenderá.

Cuando caminamos por los senderos de As Fragas lo hacemos sobre una alfombra de hojas caídas que esconden el flujo del agua transparente, de esa que procura una corriente favorable para hacer crecer el caudal del Eume.

Hay veces que nos asalta la gran duda: si es la fraga la que dio origen al río o si fue el río quien provocó el gran misterio del bosque encantado.

Sea como fuere, As Fragas do Eume son la gran selva atlántica de Galicia y sigue brotando en ella la fuerza natural que precisa para su perfecta armonía.

Mayo trae también una postal de plata sobre los mil ríos, para que nuestras emociones naveguen sobre el agua clara.

Sobre ella baila el sol su danza púrpura, sin herirla, aunque hierva en la cascada. El paso inacabado del agua nos ofrece luego el natural espectáculo de los árboles nadando. Y cuando se aleja hacia el mar el río entona su interminable sinfonía natural.

Fluyen sobre la tierra, provocando paisajes diferentes, en su mágico descenso. Bajan desde la fuente de la montaña hasta el valle frondoso, donde se asienta el alma de la villa nacida para recomponer la perspectiva de agua y piedra de la aldea vieja.

Vienen rápidos por las laderas, creando a su paso el espacio natural y cantándole a la primavera su canción de agua, hasta llegar a ese lugar fulgurante donde, precisamente, se tranquilizan.

Ahí crean la playa-parque, el lugar hermoso donde el agua se posa sobre el verde hierba, para recibir el mimo de la humana sensibilidad. Cerca, siempre hay una villa que se mira en su espejo, coqueta; y en la proximidad, el paraíso que nos invita a disfrutar de la cultura del agua.

Según Cunqueiro son mil los que surcan este País. Son las venas fluviales de esta Tierra y quienes hacen más hermosa su piel, al reverdecerla. Nacen en la montaña con espíritu aventurero y procuran en su trayecto más agua para su destino final, ya sea el mar o el río grande.

La primavera de plata nos invita a seguir el curso de los ríos, que nos llevan hasta grandiosos horizontes a través de espacios naturales de singular belleza; lugares luminosos que invitan a perderse en la mera contemplación del paisaje.

Cantan para colmar la paciencia del pescador. Descienden rápido para que podamos hacer deporte. Se calman y anchean para que nos deslicemos sobre su lomo. Y son también el espejo del espacio termal, para curarnos en salud.

Los mil ríos de Galicia son una interminable postal de ocio. La fotografía de esos lugares afortunados donde mora la belleza y donde el agua desarrolla toda una cultura.

Finalmente nos reencontramos con el azul en los paraísos más próximos a los dos mares. El Atlántico, que deposita su azul sobre los azules de la gran playa del surf; y el Cantábrico, al que le crecen agujas para interrumpir su playa bonita, también azul.

El océano manda repetidas olas para besar con ternura la arena blanca y el mar repite cantos de ola sobre la roca grande.

Océano y mar confluyen en medio del espléndido paisaje, bajo la misma bóveda del cielo azul gallego de esta bella primavera.

La vibrante geografía marinera nos permite aún el asombro por la hermosura de las islas y los misterios.

Dos mares que sienten ya en primavera el placer de besar una y otra vez la playa abierta, para brindarnos la paz de sal elemental de este espacio de arena.

Nos interesa hoy, especialmente, lo que hay bajo el agua azul vibrátil que rodea las Cíes, las antiguas Ficas: Un paisaje submarino de belleza ilimitada que marca las fronteras entre las islas y la costa de la ría de Vigo. Este es el refugio del pulpo y de la nécora y de los demás mariscos y pescados que suponen la mayor riqueza del medio marino gallego.

Pero, viajando a las profundidades, entre Cíes y Cabo de Home o entre Ons y A Lanzada, descubriremos las huellas de un mar, a veces difícil, en el que se hundieron un centenar de barcos. 14 de ellos eran galeones y supuestamente traían a bordo un gran tesoro fruto del expolio y la conquista de América. Se hundieron en septiembre del 1702 con joyas y avalorios que algunos expertos calculan de un valor superior a los 50.000 millones de euros.

Algunos de esos galeones, pero sin nada que confirme el dato de dicho tesoro, han sido descubiertos en el estrecho de Rande, entre el puente y la illa de San Simón.

Dicen que a bordo viajaba el conde de Moctezuma, José Sarmiento, delegado real en Nueva España, que había nacido en Redondela. Al parecer, a él se debió la orden de esta maniobra que resultaría fatal, ya que no hubo supervivientes tras la mayor batalla naval de la historia.

Pero como final de esta primavera de colores elegimos el mar Cantábrico.

Este paisaje de absolutos silencios es una cadena de luz con sombras. Pero cuando el sol va hacia el poniente y deja sobre el mar su último rayo, es cuando se escucha la música de la naturaleza perfecta… Es ese el momento en que el Faro, majestuoso, ilumina Os Aguillóns con intermitentes luces que marcan la fusión de dos mares.

Saltan las olas por encima de las rocas esculpidas y el paisaje llena todo el espacio que alcanzamos con los ojos.

Estos son los espacios que procuramos para abrir el mar a la bravura del paisaje…

Principio de una costa que es roca y arena; y espuma blanca que producen las errantes olas.

Piedra esculpida por el batir del agua cuando el Cantábrico brama arte en este lugar que configura la playa del delirio, el fulgurante lugar donde nacen las palabras de sal de los poetas.