galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

NO TE SALVES

Por J. J. García Pena

Aunque en esos cantados «trescientos sesenta y cinco días y un cuarto aproximadamente» que compusieron el pasado 2020 nos hayan sucedido miles o millones de cosas (buenas, malas o peores) ese año será evocado, a nivel planetario en los archivos y los libros de texto, únicamente como El Año del Coronavirus o El año del Coronamiedo. (Las coronas siempre lo dan).

Quizás su irrupción, por inesperada y global, termine siendo más grave que la peste negra de 1436, cuyo horror inspiró a Bocaccio, o más tajante que aquel revulsivo 1492, año de carabelas, de fernandos e isabelas y de diásporas forzadas que marcaron, -grosso modo- el fin de la Era Medieval.

A pesar de ello quiero refrescar y destacar, de entre tanta distracción por terror, la conmemoración, en 2020, de los primeros cien años del nacimiento de un escritor comprometido con la dignidad de la vida. Un poeta de ideas tan claras, justas, urgentes y necesarias «como el aire que exigimos trece veces por minuto», al decir de Celaya.

Un poeta comprometido puede ser (y es bueno que lo sea) tierno, pero jamás será tibio ni caminará en punta de piés.

Mario Benedetti pisa fuerte y deja honda huella. 

Sus versos (incluso cuando menta la alegría) son tiernos, duros y combativos a la vez:

Defender la alegría como una trinchera

defenderla de la miseria y de los miserables

de la obligación de estar alegres

de las endemias y de las academias. 

Son versos que interpelan al lector y toman partido … «partido hasta mancharse».

Se diría -digo- que lo básico en el tacuaremboense es la tierna dureza. 

Por eso su pluma de cardo, mojada en savia de ortiga, es inconfundible.

Circuló -creo que aún circula- como de autoría de Mario, un bellísimo poema titulado No te rindas. Una joyita que tiene mérito y brillo propio.  Pero no es vibración de Mario. Jamás lo encontré escrito -ni siquiera sugerido- entre su dilatada obra.

No obstante, se lo escuché recitar a más de un artista, a políticos  y a otras personas sinceramente convencidas de ello. 

En Montevideo -sabrás- tiene asiento la Fundación Mario Benedetti.   Washington suele rondar sus corredores. Allí nos dimos cita -¿qué mejor lugar para mi propósito?- en mi procura de despejar cualquier sombra de duda ajena.

(Los informativos comenzaban a reiterar los nombres, que nada me decían, de un lugar y un mal: Wuhan y Coronavirus.  China aún me parecía lejana.)

Washington Carrasco, músico, cantor y compositor, es uno de los escasos y selectos miembros fundadores (entre ellos Eduardo Galeano y Daniel Viglietti). Celosa custodia y divulgadora  de la obra completa del poeta, la Fundación la atesora con mimo en una hermosa casona más que centenaria. 

Me lo confirma mi amigo Carrasco mientras hojeamos una cuidada edición de Cien veces Benedetti, rica publicación de tapas duras que, con motivo del centenario natal del pensador, guarda textos, referencias y fotos que fueron jalonando la existencia de Mario Orlando Hamlet Benedetti.

—- Mirá, botija. Se trata de una reiterada confusión que nuestra institución ha debido salir a aclarar en más de una oportunidad, especialmente ahora que, con el centenario en puerta, te consultan de todo el mundo, ¿entendés? 

El genuino poema de Mario se llama No te salves, pero -¡andá vos a saber por qué!- , se ha vuelto creencia popular que también compuso el animoso que no le pertenece; ni siquiera es del estilo combativo de Mario.

—- Gracias, Juás. Ta clarito.

Por suerte, la tecnología les permite a los muertos darnos su propio e irrebatible testimonio. Disfrutemos -sentados y calladitos a su lado en el ómnibus- del entrañable  acento oriental de Mario, mientras por los cristales se nos cuela  el  Montevideo que el poeta, peregrino de sus barrios, conoció y describió mejor que nadie.

NO TE SALVES

No te quedes inmóvil

al borde el camino

no congeles el júbilo

no quieras con desgana

no te salves ahora

ni nunca

no te salves

no te llenes de calma

no reserves del mundo 

sólo un rincón tranquilo

no dejes caer los párpados 

pesados como juicios

no te quedes sin labios

no te duermas sin sueño

no te pienses sin sangre

no te juzgues sin tiempo

pero si pese a todo 

no puedes evitarlo

y congelas el júbilo 

y quieres con desgana

y te salvas ahora

y te llenas de calma

y reservas del mundo

sólo un lugar tranquilo

y dejas caer los párpados

pesados como juicios 

y te secas sin labios 

y te duermes sin sueño

y te piensas sin sangre

y te juzgas sin tiempo

y te quedas inmóvil 

al borde del camino

y te salvas entonces

no te quedes conmigo.

(Mario Benedetti)