galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

NOS VAMOS DE BODA

Por Xosé Antón Perozo

Viajar en bus urbano es abrir una enciclopedia sobre la actualidad. A poco que agilices el oído descubres mundos sonoros impensados, verdaderos soportes de la vida real. Las alegrías y las miserias toman cuerpo gracias a la palabra viva y a los pensamientos que en muy poco se parecen a cuanto a escritores y periodistas se nos ocurre sobre la verdadera esencia de los acontecimientos. En estos días convulsos he escuchado todo tipo de comentarios sobre la corrupción política que apuñala al PSOE y al PP. Podría clasificarlos como indignados, ofendidos, conformistas, ingenuos… Uno me pareció certero por inesperado. Lo expuso una señora entrada en años, procedente del territorio agrícola y del saber tradicional. Dijo: “Lo que sucede es la fiesta de una boda, todos fingen creer en la virginidad de la novia para comerse el mejor trozo de la tarta, al final a nadie le importa que la chica vaya preñada si el dulce ha engordado sus bandullos”. La señora, ante el asombro de la audiencia cerró el cuento con un ejemplo: “Acordaos de la boda de la hija de Aznar, del Rey al Bigotes todos habían llenado el saco desde el poder, ahora nada sabemos de ellos, han cambiado las caras, pero el banquete continúa sin descanso”. 

En la boda de estas semanas el protagonista es Cristóbal Montoro y su red de invitados a comer el bizcocho del Ministerio de Hacienda. Desde el PSOE, malherido por el caso Koldo-Ábalos-Cerdán, y desde el resto de las izquierdas se señala al PP como un nido de corrupción sistémica. Feijóo se esconde y se sacude el traje mientras las redes se han llenado de listas con conocidos asuntos turbios pululando por sus años de presidente de la Xunta. La boda y el cinismo espantan a los viajeros del bus, ajenos a los comentaristas mediáticos capaces de comparar unas y otras miserias según el patrón ideológico usado. Transmiten que el caso Cerdán es el más terrible de la historia, pues presuntamente se han embolsado cinco millones de euros que ni la Uco ni el juez encuentran. Los mismos tertulianos aseguran que lo de Montoro es la simple actuación de un lobby, aunque la mordida conocida alcance ya los cincuenta millones por legislar en beneficio de grandes empresas, pagadoras a la trama para ahorrarse cientos de millones en impuestos. En el bus alguien grita: ¡Viva los novios! Otro asegura que semejante entramado “quedará en nada porque a los políticos sólo les preocupa si suman o pierden votos con estas mierdas”. La idea de que Sánchez sólo gobierna por vanidad personal ha calado. Una joven defiende al socialista frente a quienes le culpan de todos los males universales. No tardan en silenciarla usando bulos.

Cuando abandono el bus voy concordando con quien ha afirmado que en el PP aguardaban por la llegada del escándalo Montoro, de ahí la prisa para alcanzar el Gobierno y la furia de Aznar señalado la corrupción en los partidos contrarios. Al mismo tiempo me preocupa la subida de Vox robando a manos llenas votos al PP. Sin embargo, hace tiempo aprendí que tormentas tan terribles como la Gürtel o esta de ahora no mojan a los votantes de derechas, capaces de justificar el cinismo como ideario político. Al tiempo el voto de izquierda se queda en casa viendo una película de pistoleros del oeste americano. Me desalienta revivir las imágenes de Aznar y Rajoy, patrones de Montoro, pontificando contra la corrupción del trío amigo de Sánchez. Lo veo como una peligrosa institucionalización del cinismo para alcanzar los recursos de los poderes institucional, político, económico, judicial y mediático desde una boda hipócrita donde usar al pueblo contra el pueblo.

Xosé Antonio Perozo