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NOSTRADAMUS PUEDE TENER RAZÓN

Por José A. Perozo

Interpretar los cuartetos de los tres libros de ‘Predicciones’, escritos en el siglo XVI por el boticario Michel de Notre Dame, puede ser un divertido ejercicio de imaginación o un terrorífico espejo de realidades que desde entonces se han ido sucediendo con matemática precisión. Todo depende de la buena voluntad del descifrador. Si nos atenemos a lo versificado para las décadas presentes, Nostradamus puede tener razón. Este siglo XXI, para el cual nos habíamos propuesto vivir una gran odisea del espacio y disfrutar de la sociedad del ocio y la cultura universales, se ha convertido en el planeta de los simios obtusos y suicidas. El enigmático Michel vaticinó para estos días la explosión de la tercera guerra mundial, gestada desde el inicio de la nueva centuria. ¿Se atreve usted a poner los sucesos que vivimos hoy frente al espejo de la conjetura mágica?

Veamos.

Escribió Nostradamus que Oriente y Occidente se enzarzarían en una contienda insensata, en una explosión de muertes y destrucción del sistema político usado durante los dos siglos precedentes. Dijo que la gran guerra se gestaría para ser ejecutada en Oriente Medio pudiendo afectar al norte de África y condicionar la vida de Italia y España. El descifrador de turno asegura que el boticario francés también habla de un nuevo enfrentamiento bélico entre Rusia y Europa y el espejo hechicero de la madrastra nos muestra el conflicto de Ucrania y las cobardes torpezas de la UE mercantil. ¿En estos días de la destrucción de Irán, después del genocidio inacabado de Gaza, ha comenzado la tercera guerra mundial del profeta?

Me temo que sí.

En los cuartetos del astrólogo esotérico también asoman las orejas de los lobos Putin y Trump. El anuncio sostiene que la luz de la inteligencia humana quedará sumergida en la oscuridad del pensamiento artificial ¿se refiere a la IA? Sostiene que el cambio climático romperá los esquemas de la Naturaleza ¿habla de incendios, sequías y borrascas? Todo esto lo estamos viendo y viviendo sin que los simios obtusos en el poder tengan en mente otras razones que el arriesgado enriquecimiento de unos pocos y la depauperación sin remedio de muchos.

Semejan hipotéticos efectos secundarios de una gran batalla, calculada por el augur con una duración de siete meses continuados. En realidad, la guerra ya no es una simple contienda entre partes que se arrojan misiles y drones como confetis de carnaval. Los herrumbrosos engranajes del capitalismo, la destrucción climática del planeta y el empleo de las bombas nucleares, si sobrevivimos, en el futuro se estudiarán como elementos consustanciales de la destrucción bélica del presente.

Sí, Nostradamus acertó al predecir el desorden mundial para el siglo XXI, pero además nosotros deberemos considerarlo consecuencia del fracaso del sistema y estar prevenidos ante la inmensa pobreza que amenazará y hundirá a nuestra civilización tras el cinismo de esta nueva conflagración oriental. Es cierto que la desfachatez es inherente a la vida pública desde que se fundó el ejercicio del poder, sin embargo ahora el cinismo publicado lo invade todo. Vivimos el cinismo conservador y el cinismo progresista con absoluta resignación al hojear los periódicos, ver la televisión, escuchar la radio o perdernos por las redes. Es el signo verbal de esta locura a la que el buen boticario francés pone fin con dos sucesos diáfanos: la caída de un gran hombre fulminado por un rayo, ¿Trump, Putin, Netanyahu, Jameneí? y el advenimiento de un salvador del mundo nacido en Brasil. En la profecía del siglo XVI a Nostradamus le faltan rayos justicieros y le sobra esperanza en la humanidad.