galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

NUESTRA PARTICIPACIÓN EN EL ASESINATO DE LORCA

Por Cristina Fallarás

Dieron un golpe de estado los enemigos de la libertad, de la decencia, enemigos de la Cultura y la imaginación, y asesinaron al Poeta. Dieron un golpe de Estado los afectos a la sotana y la pistola, a la hembra encerrada y el eructo en taberna, y asesinaron al Poeta. Hace ahora 90 años, junto al barranco de Víznar, los golpistas del 36 asesinaron a Federico García Lorca.

Luego nos contaron que “murió”, lo publicaron en los libros de texto escolares y en crónicas infectas, pero no “murió”, a Lorca lo mataron. A él y a otras 150.000 o 200.000 personas, durante la Guerra Civil, y después, durante la dictadura franquista que siguió. Pero nosotras éramos escolares del franquismo, el régimen asesino, y en sus libros se elogiaba a los poetas, a Lorca y a Antonio Machado, republicano que cruzó la frontera de Francia para morir en Collioure, y Miguel Hernández, que murió preso. Y a Rafael Alberti, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Jorge Guillén o María Zambrano, todos exiliados. Hay algo profundamente perverso en esa forma de asimilar tus crímenes y darles la vuelta.

España está especializada en perversiones, con esta democracia sembrada de fosas comunes y cunetas de huesos. Los cuerpos de más de 114.000 asesinados y asesinadas de entonces permanecen sin exhumar. Después de 50 años de democracia, ahí siguen. Y entre todos los huesos, los de Lorca. Ni siquiera sabemos dónde están, qué terrible desidia la de los ignorantes.