galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

OTRA MELODÍA PARA EL GRINGO

No sé porqué, hoy me desperté con su cara en mi memoria, como en aquellos días de Vigo. Quizá porque todavía me quedan maneras para pensar en que, yo, tú y cualquiera de nuestros amigos podíamos haber sido, como él, también de alma errante…

Tenía alma de poeta pero solo era un vagabundo. Vivía bajo un puente con una permanente sonrisa, incluso en los duros inviernos. Te saludaba con timidez pero a ellas, las más bellas, siempre les dedicaba un poema.

Nadie le conocía como Carlos Montouto Bastida… pero todos sabían que aquel buen hombre… ¡Era El Gringo!

Por Marola Seijo

Se lo llevó una tos de un mayo cualquiera, que en Galicia es mes de letras y en Vigo se nos presentaba por la esquina de Cíes… entre sol y nubes, con algunas gotas de lluvia y algún día de playa.

Su historia, la del Gringo, me conmovió cuando me la contaron; aunque lo que verdaderamente nos encanta a los viejos románticos, ya sabes, son los sueños platónicos, esos que hablan de amores imposibles…

—– Ángeles, no sé yo si este fue realmente un sueño incumplido.

—– Lo fue. No hubo más allá de una canción al paso… Ni siquiera una insinuación.

Pero todos los días sonaba un estribillo…

Tú me desprecias por ser vagabundo y mi destino es vivir así. Si vagabundo es el propio mundo que va girando en un cielo azul… ¿Qué importa saber quien soy… ni de dónde vengo… ni a dónde voy?”

En el cementerio de Pereiró, aquella tarde en la que despedíamos a El Gringo, Ángeles recordaba sus veinte años mientras las paladas de tierra caían sobre el sencillo ataúd. Aquel bolero de Alberto Cortez volvió a sonar en su mente cantado por el Gringo, como todos los días de sus veinte, al salir de casa…

—– ¿Y cómo era él en aquella época?

—– Alto, con una barba muy poblada; tapaba la cabeza con un sombrero tejano y vestía una gabardina gris poseída por la suciedad… Un mendigo simpático que solo quería decirte un poema.

Ella, para él la más bella, rehuía entonces de sus halagos. Era tan solo una jovencita asustada que no sabía más del poeta que su apodo… Sentía cierto temor cuando la saludaba tan dulcemente.

—– Yo seguía y allá se quedaba él cantándole al viento sus poemas de amor…

Tengo la impresión de que hemos perdido a un personaje único de este Vigo que también esconde vidas bajo la autopista…

Al Gringo se le había ocurrido ocupar un espacio bajo la entrada en la ciudad por la calle Lepanto para compartirlo con perros y gatos, vagabundos como él. Todos se alimentaron gracias a la generosidad del buen carnicero, al que también pagaba con poemas.

De Ferrol llegaron noticias ahí atrás, cuando su tos le impedía ya decir sus versos. El Gringo era de allí, ferrolano de la quinta de 1935. Tuvo una hermana mayor, según cuentan algunos, que fue vilmente asesinada en aquella maldita guerra…

El Gringo era un ser anónimo, sin biografía, con cuatro décadas a sus espaldas recorriendo el Gran Vigo; sin embargo le reconocían miles de ciudadanos ajenos a sus poemas.

Con el paso del tiempo, Ángeles recuperó sus versos porque El Gringo apareció de nuevo en su vida cuando cambió de empresa. Entonces, los pequeños poemas ya se quedaban en la intimidad del papel.

Aunque el idilio imposible entre la bella y el mendigo terminó en el olvido…

—– Un buen día desapareció y no volví a saber nada de él hasta que me enteré de la noticia de su muerte contada por Miguel Núñez de una forma tan emotiva y hermosa que no pude menos que interesarme por los restos del Gringo…

El cadáver anciano de quien luchó solo para ser mendigo estaba destinado a ocupar plaza municipal en el cementerio cuando Ángeles alertó de ello en Facebook a la buena gente del Vigo que nunca duerme. Y así fue como El Gringo, recibió cristiana sepultura…

Tuvo flores, gente que supo rezar por su alma, algún poeta que pronunció su nombre y las palabras agradecidas de su amada imposible…

—– Con tu muerte nos das un testimonio de vida.

El punto y final lo puso el violín que sonó en su honor… Seguro que volverá a sonar en los cielos cada cinco de mayo y Ángeles los escuchará desde el fondo de su bondad.