galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

OURENSE, UNA PROVINCIA SERENA – I

Esta vez se me ha ocurrido tomar la senda que nos lleva hasta los paisajes de agua y montaña de la provincia de Ourense. En este trayecto, sabes, afloran los vestigios de las viejas civilizaciones, las grandes cumbres presiden el espacio por donde comienzan su discurrir los ríos, tras nacer en el manantial del agua de la vida, la fuente que destruye los males de los cuerpos y los moldea como bálsamo que sana. Ven conmigo. Te llevaré a la Galicia serena y mágica para que te mires en las cristalinas aguas de resurrección y limpies tu espíritu respirando la pureza del aire de la sierra. Aunque tendremos que dejar para la próxima edición otros trayectos también de Ourense, para que no te fatigues. Lo más próximo que tenemos son los dos grandes ríos.

MIÑO Y SIL

Dos ríos surcan caprichosamente el espacio más bello, creando en él mágicos lugares de ilimitada belleza. Hasta tal punto, que este territorio que bañan será pronto Patrimonio de la Humanidad, objetivo de cuantos amamos estas riberas que se definen desde hace mil años como sagradas.

El Sil lleva el agua y el Miño lleva la fama, dice el refrán popular. Ambos ríos confluyen en Os Peares, que es parroquia de dos provincias y cuatro municipios, frontera natural del espacio que conocemos como Ribeira Sacra.

La Ribeira del Miño se extiende desde Os Peares hasta Portomarín. El río se ensancha gracias a los embalses de Peares y de Belesar. En sus laderas siguen creciendo cepas, próximas a los templos más antiguos. El tiempo se detiene o bien navegando o bien contemplando el río desde lo alto de la colina…

La Ribeira Sacra del Sil se alcanza también desde los Peares. Hasta el Salto de San Pedro, el río canta su canción de primavera y se detiene por momentos en lugares de ensueño… Cuando ensancha hay que admirar el espacio desde el agua y luego desde tierra: desde el mirador de Nogueira o desde los Balcones de Madrid…

PLAYA ARNOIA

Mis recuerdos adolescentes nos llevan a Allariz como ejemplo de villa medieval, cuidada y hermosa, en la que he vivido momentos muy felices. Tantos, que la orilla de su río escribí mi primera poesía mientras de las teclas de un piano emergía Chopin para bañarse conmigo en Playa Arnoia, esa playa verde que en realidad siempre llamamos A Cierrica. Desde ella comprendimos la importancia de los puentes de Ourense y la belleza que provocan cuando se miran en el lecho del río.

El río Arnoia crea las mejores postales de la villa, sobre todo cuando florece la primavera o cuando alivia calores de verano; pero tampoco es cosa de perderse la policromía otoñal. Allariz es hoy en día uno de los puntos de referencia del turismo gallego de interior. Con experiencias únicas: molinos reconvertidos en casas de turismo rural o en excelentes restaurantes; antiguas fábricas recuperadas para usos turísticos y un sinfín de atractivos para el visitante interesado en la cultura.

El JUEGO DE LA TECTÓNICA

La mejor muestra del gran juego de la “tectónica” entre la Ribeira Sacra y Allariz se encuentra en Esgos: Ese juego de interacción, por efecto del calor interno de la Tierra, creó grandes y graníticos bloques en lo alto de estos montes, que son frontera ya con el gran nudo montañoso ourensano.

El paisaje del Monte Barbeirón, de sustratos rocosos emergiendo a la luz desde las entrañas de la Tierra, allá en lo alto de la colina, te obliga a viajar al pasado. También tiene magia estos grandes resaltes graníticos de extrañas formas pedregosas, auténticas esculturas creadas por el sol, el viento, el agua y la propia tierra: los cuatro elementos que marcan el devenir de los tiempos.

No es de extrañar que a este territorio lo llamen Tierra de Rocas y que, en las laderas, sobre la piedra cósmica, San Martiño Dumiense, el evangelizador de los suevos, crease el influyente monasterio de San Pedro, el de Rocas. La advocación se justifica en el Evangelio: “Tu eres Petrus y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

El Monasterio de San Pedro de Rocas, datado en el año 573, es tan antiguo como la propia cristiandad gallega y uno de los más antiguos de Europa. Es único por el trabajo de su construcción, tres naves excavadas en el interior de la descomunal roca del monte Barbeirón y su campanario exterior, encima de la misma roca.

A LA SOMBRA DEL ABEDUL

Alleguémonos, aunque solo sea de pasada, a otro monasterio en torno al que creció la muy leal villa de Montederramo, puerta de entrada a la sierra de San Mamede. El Monasterio de Santa María tiene su origen en la iglesia de San Juan, del año 1224. Perteneció a la orden del Císter y fue fundado por Teresa, hija de Alfonso VII, en 1142.

Es un buen punto de partida para aproximarnos a la que yo llamo Sierra Santa, cuya flora nos ofrece toda una joya: el Bidueiral, un bosque de abedules en el que también se mezclan los acebos y arbustos que solo aquí se encuentran.

Los pequeños ríos de esta zona son todos trucheros y afluentes del Mao, que se convierte en mar interior en el Leboreiro. Aquí encontrarás una bella playa fluvial y descendiendo con el río espacios magníficos para la práctica de deportes de aventura.

CUANDO CAE LA NIEVE

En verano, en sus cumbres, este es territorio seco, de hierba quemada por el viento del Norte, el más poderoso y el que limpia de nubes los cielos. Pero cuando es tiempo de invierno, estas montañas de Queixa, Manzaneda y San Mamede… se vuelven blancas, brillantes y luminosas. La nieve cae sobre los tejados de la aldea, para que reviva el cuento de navidad, que de niños nos contaban. La nieve siempre aporta su belleza serena y su calma a este paisaje. Solo en invierno es posible la sugerente y romántica atmósfera cuya belleza en estado salvaje nos cautiva. Aquí vuelven los recuerdos a decirnos que hubo un tiempo en que todo este paisaje estaba lleno de soledad.

TOCANDO CIELO

Casi tocamos cielo en Chandrexa de Queixa, epicentro de este paraíso natural que ofrece al viajero todo cuanto te apetece relacionado con la montaña, durante las cuatro estaciones del año. Sus rutas son de ensueño y te conducen a espacios de singular belleza, como pueden ser Pena Negra o Pena da Lebre.

Hasta aquí llegan gentes ilusionadas con el deporte aventura como el parapente, el senderismo, las rutas a caballo, la pesca… Nos bastará visitar el Centro da Identidade para comprender mejor la vida en estas tierras de montaña, con excelentes establecimientos de turismo rural y una carne exquisita: la de la vaca rubia de montaña.

LA SIERRA HABITADA

Imaginemos el invierno y las cumbres de Manzaneda cubiertas por la blanca nieve en polvo que permite a la humana gente respirar ambiente deportivo y llenar las pistas de esquí. Es el mayor atractivo de esta estación de montaña.

Pero si lo prefieres, seguimos el trayecto del esquí de fondo, que ahora, en la primavera, nos permite caminar por encima de la hierba quemada de la Cabeza de Meda y desde allí descender al Parque del Invernadoiro.

Aquí se suceden los espejos de los lagos que el hombre creó para el aprovechamiento de la energía, embalsando los ríos de estas montañas. Llegar es fácil en este tiempo. Tras atravesar las montañas de Vilariño de Conso y los valles glaciares, aparece ante nosotros el paisaje del gran Parque, por el barranco de Guasenza.

Nos adentraremos en el espacio verde para reconocer en él la Galicia más natural y admirar como viven libertad el corzo, el ciervo, el jabalí, el lobo y el zorro, que son los reyes de este espacio.

Aquí nos quedamos por esta vez, disfrutando de la primavera en el Invernadoiro. En diez días, prometido está, seguiremos los caminos que nos marca el río Limia para llegar hasta las sierras del Xurés y del Leboreiro. Si nos sigues acompañando, te llevarás grandes sorpresas.