galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

PASO A PASO– Edición 526

LOS CAMINOS DE SANTIAGO – I

LA PUERTA DE LA GLORIA

Se abre la Puerta de la Gloria de la Catedral y entran ya, la víspera del año nuevo, los primeros peregrinos. La Compostela de piedra abre al mismo tiempo las siete puertas de la ciudad y llegan los más tempraneros visitantes. Los peregrinos, responden a la llamada del Apóstol, que es la esencia de la espiritualidad de los siete caminos. Los turistas acuden atraídos por la fiesta, por la cultura, por el paisaje y la monumentalidad del primer itinerario histórico que conoció Europa. Comienza el Año Santo… y se inicia el Xacobeo.

Hace casi mil años que el Papa Calixto II concedía la bula Regis Eternae, origen y motivo de la peregrinación a Compostela. Y casi tantos que Aimérico Picaud escribió la primera guía turística de la historia, el Códice Calixtino. Desde entonces, la vida fue un peregrinaje a través del Camino de las Estrellas…

El peregrino busca la meta más trascendente, llegar a la perfecta comunión con su espiritual creencia… El visitante se echa a andar porque le une a la naturaleza, le descubre el arte y la cultura, le remonta a otros momentos de la historia, y le invita al deleite y disfrute de los placeres de este mundo.

Son muchos los motivos para que nos pongamos en Camino. Y todos los caminos conducen este año, Santo y Xacobeo, a la universal Compostela. A toda Galicia.

SANTIAGO, EL HIJO DEL TRUENO

Caminar. Llegar a Compostela. Abrazar la imagen del Apóstol. Sentir como rebrota la fe ante su santo sepulcro. Un rito que nos permite ganar el Jubileo y vivir la más apasionante aventura espiritual jamás soñada por el hombre.

Santiago, el Apóstol, hijo de Zebedeo y Salomé, pescadores de Jaffa, en tierras de Nazaret, y hermano de Juan, el santo evangelista. Santiago, santo y viajero de la cristiandad, aventurero capaz de llegar en barca hasta el fin del mundo. De él escribió el clérigo Picaud:

Era un santo de admirable poder, bienaventurado por su vida, asombroso por sus virtudes, de ingenio esclarecido, de brillante fecundia…”

Santiago fue uno de los doce apóstoles de Cristo, que le bautizó con el sobrenombre de “Hijo del Trueno”, por su carácter, vehemente y apasionado. Era el “Mayor” de los apóstoles y fue el principal animador de la comunidad cristiana de Jerusalén, ciudad a la que arribaban comerciantes de todos los mundos, en pequeñas embarcaciones artesanales. En una de ellas, hizo su primer viaje al Fin de la Tierra, para predicar la cristiandad. Santiago atravesó entonces Andalucía y Portugal para llegar a la Gallaecia, el Finisterrae de los romanos, y predicar por toda ella la fe en Cristo.

Regresaría por tierra a Palestina, por la vía romana de Lucus Augusta, atravesando la Hispania. Cuentan que abatido por el cansancio, a las orillas del río Ebro, en Zaragoza, se le apareció la Virgen sobre un miliario romano de cuarzo y le pidió que en ese lugar erigiese una iglesia. Así ocurriría y esa basílica es la actual de Nuestra Señora del Pilar.

Sería en Palestina, cuando Jerusalén ya es ciudad santa y cristiana, en donde Herodes, Rey de Judea, sentencia su decapitación. Se ejecuta el 25 de julio del año 44 de nuestra era.

Cuenta la historia que dos de sus discípulos, Atanasio y Teodoro, trajeron sus restos hasta Galicia en una pequeña nave, y lo enterraron en un campo, lejos de la entonces influyente Iria Flavia. El relato continúa contando que, en el año 813 un ermitaño llamado Pelayo, que vivía en el monte

Libredón, vió durante varias noches un enorme resplandor en el cielo, como una lluvia de estrellas que le condujeron al lugar donde estaba enterrado el cuerpo del Apóstol Santiago.

En el lugar, conocido desde entonces como Campus Stellae, mandó construir el rey Alfonso II El Casto una pequeña iglesia y en torno a ella creció una villa. La noticia se propagó por todo el mundo cristiano y llegaron peregrinos por todas las rutas. La pequeña iglesia se convirtió en catedral y la villa en una ciudad hermosa, pétrea y acogedora.

Así nacieron los Caminos de Santiago y así surgió Compostela…

LOS CAMINOS DE SANTIAGO – II

POR TODOS LOS CAMINOS

Dicen las crónicas que las peregrinaciones a Compostela tuvieron su inicio a principios del siglo X, pero fue a partir del año 1179 cuando alcanzaron su apogeo. Precisamente cuando se instituye por la Iglesia el Año Santo. Desde entonces se celebra cada vez que el 25 de julio cae en domingo. Coincide el día y el mes con la fecha en la que fue decapitado el Apóstol Santiago. La frecuencia de la celebración es, por lo tanto, variable. Puede ser de 5, 6 u 11 años. El próximo Año Santo Compostelano, tras este 2.021, será en el 2.027. Aunque por bula papal concedida por la pandemia del coronavirus, este Xacobeo es bianual, es decir, se extiende hasta el 2022.

Las peregrinaciones crecieron desde la vieja Europa, y con ellas se fueron labrando, paso a paso, todos los caminos que hoy consideramos xacobeos. Caminos trazados ya en el Códice Calixtino, un libro que comenzó a escribirse en el año 1130, por orden del Papa Calixto II y se terminó bajo el mandato arzobispal de Diego Gelmirez. Se trata de cinco tomos que constituyen la primera guía del peregrino a Compostela. En las 7 rutas xacobeas reconocidas oficialmente en Galicia confluyeron siempre la materia y el espíritu. Hoy en día, supone –además de un hecho espiritual- un encuentro con la naturaleza y el arte.

La piedra se convierte en alma. La arquitectura es la forma material del espíritu. Los monumentos y el arte que nos encontramos en los caminos a Compostela son los símbolos de la fe hechos de materia vivificada. Caminos de piedra o de polvo aplastado por millones de pasos a lo largo de al menos un milenio de afanes itinerantes. Paisajes repletos de magia, de naturaleza viva. De historia y de leyendas. De cultura e incluso de juvenil fiesta. Senderos que aún hoy despiertan el interés de los hagiógrafos y de los esotéricos, lo mismo que hace mil años cristianos interesaron a masones y monjes templarios.

CAMINOS DEL SUR

Por los altos del Padornelo y la Canda entra en Galicia el principal ramal de los Caminos del Sudeste, conocidos también como Vía de la Plata, ya que, en realidad, los peregrinos aprovecharon la vieja vía romana que enlazaba las ciudades de Emerita Augusta (la actual Mérida) y Asturica Augusta (hoy en día, la ciudad de Astorga).

Este es el camino xacobeo de mayor recorrido: atraviesa tres de las cuatro provincias gallegas, las de Ourense, Pontevedra y Coruña. Cualquier trayecto de esta ruta ofrece al peregrino espacios naturales de extraordinaria belleza y un amplio y rico patrimonio histórico-artístico.

Paisajes de alta montaña como los de las sierras que separan Galicia de Castilla. Bosques de un gran valor ecológico, como los del Invernadoiro, espacio natural protegido. Ríos que, embalsados suponen auténticos lagos y cuando se encañonan desafían el equilibrio entre la montaña y el valle más verde jamás imaginado.

Y en cada tramo, la mejor muestra del románico. Castillos que encierran en sus torres brillantes páginas de nuestra historia. Puentes medievales sobre ríos que son espejos. Monasterios con claustros repletos de sabiduría… y todo tras conocer villas hermosas y tranquilas… y la ciudad de Ourense, que invita al caminante a seguir paseando por uno de los más bellos cascos antiguos urbanos de toda la península Ibérica.

Además, el Camino del Sudeste presenta numerosas alternativas y varios accesos, tanto desde Portugal como por la cuenca del Sil, que fue históricamente la tradicional entrada a Galicia. La Vía de la Plata se trazó a principios de la era cristiana aprovechando, como decíamos, las viejas calzadas romanas y se mantiene viva desde la alta Edad Media. Actualmente, este Camino del Sudeste permite elegir ya desde A Gudiña, una ruta por Laza –más corta, de 214 kilómetros, pero también con mayor dificultad- y otra por Verín, de 233 kilómetros. Ambas se unen en Ourense. Desde la ciudad de As Burgas parte un solo camino por Oseira, Lalín y Silleda, hasta su finalización en Compostela.

La Vía de la Plata fue utilizada ya por la infantería cordobesa de Almanzor cuando llegó a Santiago en el año 997. Cuando más tarde se produjo la devolución de las campanas de la Catedral Compostelana, de las que se había apropiado Almanzor, surgió el Camino Córdoba-Santiago como ruta de peregrinación, coincidiendo con la recristianización. En el año 1.250 era ya reconocido como ruta de peregrinación desde Andalucía y Extremadura.

El peregrino más famoso que siguió esta Vía de la Plata fue Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, que caminó hasta Compostela para cumplir una promesa.

LOS CAMINOS DE SANTIAGO – III

TERRA DA FRATERNIDADE

El Alto y el Baixo Miño. Oporto y Vigo. Maia y Porriño. La huella de la historia y el estilo urbano de lo global. Los planes estratégicos. La estética del río que prolonga la atmósfera húmeda. El color de la costa bañada por el mismo mar. El paisaje verde del vino de la fraternidad. La granítica piedra de los megalitos del Xurés. El bacallau y la lamprea. Las villas medievales. Las aldeas y parroquias. Los campos cultivados. La fé y los santos. El románico, los cruceiros, las tradiciones… Valença y Tui: Fortaleza… Catedral… y el puente de hierro de Eiffel. Miño bravo y Miño manso. También la vida en calma para contemplar el vuelo raso de la garza… Esta es la esencia de dos pueblos que crecen juntos… porque ya no hay fronteras. Es la Terra da Fraternidade.

DESDE EL PORTUGAL AMIGO

Es a partir del siglo XII cuando se intensifica la peregrinación a Compostela desde el vecino Portugal. Por aquel entonces, seguir la Ruta Xacobea se consideraba como una de las señas de mayor identidad con la cultura europea. Durante siglos, el pueblo amigo contribuye a esta experiencia colectiva con una alta participación, apoyada por nobles y reyes, clérigos y obispos.

La motivación religiosa predominó a lo largo del tiempo, pero también se establecieron fecundos cauces de intercambio cultural y de pensamiento.

El Camino Portugués más reconocido, entra en Galicia por Tui y en su trayecto se ve enriquecido con un alto patrimonio etnográfico, monumental, artístico y natural. Nace la ruta atravesando el Miño en su tramo final y en su suave discurrir hacia Compostela, al norte, los caminos antiguos cruzan bosques, gándaras, tierras de labor, pequeñas aldeas, villas y ciudades históricas. Senderos de belleza que irrumpen en los increíbles paisajes de la Ría de Vigo o que transcurren por el interior pontevedrés, enriquecidos por la presencia de capillas, iglesias, conventos y los más significativos elementos de la etnografía gallega.

Las Gándaras de Budiño, el sendero de A Graña que es, en su trayecto alto, un placer para la vista. Redondela y sus viaductos, con el magnífico albergue de la Casa de la Torre. Pontesampaio, camino de Pontevedra, la ciudad que invita a pasear admirando su patrimonio monumental, como el santuario de la Peregrina o el convento de San Francisco, y sus emblemáticas plazas. Atraviesa del Camino el Puente del Burgo sobre el Lérez, y al final encuentra el caminante la capilla de Santiaguiño.

Sigue la ruta en dirección a Caldas de Reis, Villa termal y sosegada, a orillas del río Umia, y transcurre por un vergel hasta llegar a Padrón, villa monumental y conventual, en la que revive la poesía de Rosalía de Castro y en donde descansa para siempre Camilo José Cela, caminante incansable por estos senderos. Ya a cien pasos de Compostela, aparece Iria Flavia, la antigua sede episcopal y el escenario en el que se sitúan algunos de los más importantes ritos de la tradición xacobea…

Cada una de las etapas de esta ruta de devoción, arte y cultura supone un encuentro con la fuerza monumental y ecológica que preside todos los caminos de Santiago. Y en cada tramo, destaca asimismo la proverbial e histórica hospitalidad de las gentes que aquí habitan, herederas de la tradición de aquellos monjes y clérigos, hospitaleros de la Ruta Xacobea en la Edad Media.