galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

PASO A PASO – Edición 529

LOS CAMINOS DE SANTIAGO – VIII

LOS PEREGRINOS

Han transcurrido más de mil años cristianos y esta primera ruta que unió el Finisterrae con Europa, sigue siendo la inagotable fuente de los milagros.  Así, cada tramo enciende paso a paso mil historias y leyendas mágicas, que protagonizan santos y locos, pícaros y poetas, ancianos filósofos y turistas jóvenes, gente pobre y gente rica…

Peregrinos todos que, en solitario o agrupados, se unen al paisaje de montañas, bosques, valles, ríos, pueblos y villas cuya vida transcurre con la pasmosa tranquilidad del caminante sin prisa. Y lo mismo que la historia introduce mil años de culto al Apóstol, de alquimia, de magia, de masones y templarios… la fulgurante luz del Camino de las Estrellas sigue haciendo posible la mezcla de lenguas y creencias. Es como un pozo de sabiduría en el que beben diferentes vidas. Así los peregrinos son los protagonistas de este ciclo tautológico, la esencia de las Rutas Xacobeas con sus gozos y sus sombras…

LA RUTA DE LA VIDA

Aunque la peregrinación xacobea concluye, en su esencia, en Compostela, ante el sepulcro del Apóstol, no son pocos los caminantes que, siguiendo una vieja tradición, deciden prolongarla hasta la costa que aquí llamamos de la Muerte. Allí se encuentra el Finis Terrae de los romanos, que así le llamaron asombrados por la belleza y el misterio de sus puestas de sol en el Cabo Fisterra, la punta extrema de la Europa continental y hasta la Edad Media, el último reducto de la tierra conocida, es decir, el Fin del Mundo.

Para muchos peregrinos creyentes, sin embargo, el Camino termina aquí porque este es el tramo final del itinerario que en el cielo marca la Vía Láctea o Camino de las Estrellas… Además, aquí está el origen de la cristiandad en Galicia, en la ermita de San Guillermo: cuentan que fue el mismísimo Apóstol Santiago el que destruyó el Ara Solis, el altar en el que los celtas practicaban el culto al Dios Sol, en el Promontorio Nerio. Los peregrinos ven este lugar piedras santas en las que la Virgen se le apareció el señor Santiago.

Este camino último de la Costa de la Muerte –que nosotros preferimos llamar Ruta de la Vida- es también de hermoso contenido natural, desde que dejamos atrás la compostelana Plaza del Obradoiro, para sumirnos en la placidez de su trazado, a través de los ayuntamientos de Ames, de Brión, de Negreira: el Val de A Mahía, carballeiras santas como la de Santa Minia, puentes medievales, como Ponte Maceira, construcciones paciegas… Cada paso que damos es un legado de naturaleza o arte escrita en piedra.

Atravesamos también las tierras de Dumbría bañadas por el Río Xallas, de gran interés paisajístico. En el lugar de Hospital, fin de etapa en esta ruta, seguimos la traza hasta Muxía para encontrarnos con el más impresionante Atlántico, que baña las piedras mágicas del Santuario de A Barca.

Aunque podríamos haber elegido también la ruta que desde Hospital nos lleva hasta a Fisterra por las tierras de Cee y Corcubión. Pero no disfrutaríamos del placer de caminar al paso del más impresionante paisaje atlántico, que es el del Camino entre Muxía y Fisterra. Un trayecto de aldea y mar, pintado de verde y de azul. Con playas interminables y acantilados en donde el mar descarga su furia. Con faros como Touriñán, punto extremo de Muxía…

Y así hasta llegar a la legendaria Dugium, hoy dividida en las dos parroquias de San Vicente y San Martiño. El peregrino habrá de subir hasta el monte do Facho para mejor conocer el horizonte atlántico y encontrar los lugares sagrados de los nerios, de los celtas y de los cristianos que siguieron la huella del Apóstol hasta las Pedras Santas. Desde allí descenderá hasta el Faro, encenderá una hoguera en su extremo y quemará las ropas impuras para alcanzar la eternidad.

Todo este rito, mientras el sol incendia el océano buscando el descanso, una jornada más.

LOS CAMINOS DE SANTIAGO – IX

… Y mirando Carlos al cielo vió un Camino de estrellas que comenzaba sobre el mar de Frisia e iba sobre Alemania e Italia… y Francia y Aquitania; y derechamente por medio de Gascuña y de Navarra, y por España adelante iba a finar en aquel lugar de Galicia donde el cuerpo del Apóstol Jacobo yacía escondido…” (Códice Calixtino)

CAMINO DE CULTURA

La gran diversidad de procedencias de los peregrinos –todo el mundo cristiano medieval- favoreció la conversión de los caminos de Santiago en rutas de transacción cultural, de enorme trascendencia para la configuración de Europa, por eso algunos estudiosos europeos ven, al margen de la espiritualidad, solo la vieja ruta romana al Finisterre hispano. Todos coinciden en la cultura común y el pensamiento místico que traen consigo los Caminos de Santiago, patrimonio de la Humanidad en todos sus trayectos…

Y no hay cronista que se precie, que no hable de magia, de arte, de paisaje, de cultura y de todas las ideas perfectas que reflejan la vida misma del caminante en los espejos del agua.

Hay crónicas -algunas ocultas para los mortales entre los antiguos documentos de las bibliotecas de los viejos monasterios- que hablan solo del peregrino que se mueve por la fe y la devoción. Testimonian aquellos peregrinos que la senda procura el reencuentro espiritual y que es la cultura religiosa la que ha obligado a los creyentes a poblar la Ruta. Esta creencia es también propia de los tiempos modernos.

La diversidad de culturas y de ideas es lo que enriquece, en definitiva, este Camino, legendario y espiritual en el que –eso es seguro- aún es posible la comunión del hombre con la naturaleza más viva y hermosa.

LA PUERTA ATLÁNTICA

Este mar de oro, refugio de la luz que incendia el cielo en cada atardecer, es mucho más que un paisaje de bateas de vida, que esas riberas en las que nace el marisco a flor de agua e incluso que la playa mansa de cada verano. Este mar es la Puerta Atlántica de Compostela por la que Teodosio y Atanasio hicieron pasar la “Barca de Piedra” que trajo a Occidente desde Jaffa los restos de Santiago, el Apóstol. Una aventura –esta de la Traslación- que las crónicas cuentan como legendaria historia, que es la mejor forma de contar las cosas de la fe.

La Barca de Piedra era de madera, a la usanza de la época; en realidad un mercante que transportaba las “piedras” del oro y de los minerales preciosos, desde Gallaecia hasta otros lugares del Imperio Romano. La barca era “la que transportaba la piedra”, pero no estaba hecha de piedra”.

Siguiendo esa vieja ruta marítima, aquella barca penetró desde el Atlántico por la Ría de Arousa y remontó el río Ulla, por los establecimientos romanos de “Turris Augusti” para llegar hasta el puerto que el imperio ubicó en Iria Flavia. Aquí, en el occidente del entonces mundo conocido, -y según cuenta el Liber del Sancti Jacobi – se reencontró definitivamente, el Apóstol Santiago, con la Tierra donde había derramado el legado evangélico.

La Ruta del Mar de Arousa tiene su fundamento en esta “legendaria-historia”, y conmemora todos los años la “Traslatio” con una festiva y vistosa procesión marítimo-fluvial que parte de los diferentes puertos arousanos con destino a Pontecesures y a Padrón. Esta Ruta ofrece al navegante impresionantes paisajes marinos…

Una costa rica en espacios naturales: Playas, calas, ensenadas, acantilados. Islas de ensueño habitadas por el hombre y también islas de soledad, que son el reino del cormorán. Puertos pesqueros de indudable pintoresquismo, que este es también un mar de riqueza, en el que cría y crece el mejor marisco del mundo.

Es un itinerario marítimo que añade a las cuestiones de la fe los mundanos placeres de la navegación tranquila, por un mar en el que busca refugio la luz crepuscular. Luz de oro que hizo creer a los romanos que este era el mismísimo Finis Terráe…

LOS CAMINOS DE SANTIAGO – X

EL ALTO DEL GOZO

…El primero que allí subiese y contemplase la ciudad de la Tumba, sería el proclamado rey de la Romería, porque había visto, como en la luz misma de los milagros, la Casa de Jacobo, y se le pondrían los ojos del color azul de los dilatados horizontes, o del color dorado de las santas piedras.”

(Códice Calixtino)

AL FINAL DEL CAMINO

Aquel caminante iba ciego por O Cebreiro; tanto era así, que otros peregrinos le tendieron su mano para acompañarle en todo el trayecto. En el monte del Gozo, el ciego vio con sus ojos el horizonte y las torres de Compostela.

Aquel otro caminante era príncipe, Felipe de Francia, y escondía su cara para ocultar un feo lunar piloso en la mejilla. La fealdad desapareció de su rostro cuando alcanzó la cumbre del Gozo.

Peregrinaba la dama Rusinda con amante hasta que este fue asesinado por un coloso, -amante antiguo o marido de la bella-. Pero esta hizo con su cadáver la romería compostelana y se obró el milagro de la fe… Porque será Rusinda, -aquella dama peregrina con amante-, quien funde el monasterio de Conxo.

Simeón, peregrino armenio, echó aquí un demonio del cuerpo de la bella hija del rey don Bermudo, en el año 983.

A don Gotescalco, que hizo el Camino acompañado de los nobles de Aquitania en el 950, se le curaron de pronto las heridas de sus piés.

El final de las Rutas está lleno de relatos que se debaten entre historias verdaderas y leyendas imaginadas. Porque, a veces, es con los ojos de un ciego que recuperó la vista como queremos ver, con el alma, este largo, misterioso, santo y perfecto Camino. Y cuando el peregrino a Compostela alcanza este monte que se conoce como el del Gozo respira un aire de campanas y su corazón se llena de paz.

En el Monte del Gozo están escritas las más bellas páginas de los relatos xacobeos. Que ya es aquí donde se divisan las altas torres bajo las que permanecen los huesos del Apóstol, “el santo varón por el que se viaja a Galicia” como nos describen los antiguos libros de historia. En una de las más hermosas crónicas, el Libro del Santi Jacobi dice:

Era fama que ángeles iban y venían para guardar el Sepulcro y servir junto a él. Y cirios de la cera de las colmenas celestiales, ardían noche y día, perfumando el mundo…”

LA HORA DEL PERDÓN

El caminante ha sentido como el aire se llenaba de campanas y su corazón de paz, ya en el monte que le llenaba de gozo. Pero es a medida que avanza hacia cualquiera de las siete puertas de la ciudad de Compostela, cuando nota acrecentado el júbilo y su alma se estremece al compás del repique de las campanas basilicales.Y mientras el bordón golpea las piedras de las viejas rúas, admira ya  la decoración perfecta del entorno catedralicio, antes de entrar en el Obradoiro, que es el antiguo Libredón calixtino.

Ante la Basílica del Apóstol, los ojos del caminante se vuelven del dorado color de las santas piedras o del color azul de los dilatados horizontes vividos. Porque la Plaza es asombrosa en sí misma, y en ella sacia el peregrino la sed del alma, mientras busca el milagro. Pasa el tiempo entre la calma diurna admirando la hermosa selva florida de piedra de la fachada occidental del templo, en la que se aprecia el perfecto equilibrio de volúmenes y formas. Que está el caminante ante una de las mayores obras del arte barroco en todo el mundo. Culminada además por una selva que vuela, que son sus altas torres.

Cuando decide el peregrino seguir la lorquiana ruta de los sueños, se encuentra a sí mismo, de nuevo, en la hermosa Plaza de Platerías; todo un prodigio de finura y a la que Otero Pedrayo encontraba cierto carácter veneciano. En el centro, la fuente de los caballos deja caer largos y cantores chorros de agua; y por una escalinata de quince gradas se accede a la maravillosa fachada románica…desde donde David, sentado y coronado, templa la viola. Algunas veces, el caminante percibe entre el canto del agua de la fuente la música del gran rey en pleno concierto…

Seguirá el peregrino buscando la puerta del perdón, que al fin encontrará en la Quintana dos Mortos, la plaza oriental de esta Catedral compostelana. La Puerta Santa se abrirá para él presidida por las figuras del Apóstol y sus dos discípulos. Y será al traspasarla cuando otra vez contemple a los ángeles custodios mientras la cera de las colmenas celestiales perfuman el templo. Que esta es la hora del perdón ambicionado… El verdadero final del largo camino de las estrellas.