galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

PENSAR POR PENSAR, LA JUSTICIA.

Por José Antonio Perozo

ME he sentado a esperar que el Tribunal Supremo reconozca y acepte la resolución del comité de Derechos Humanos de la ONU donde se concluye que Baltasar Garzón fue inhabilitado en un “proceso arbitrario” y pide a la justicia española una “reparación efectiva”. Mi silla y yo llegaremos a ancianos juntos si mantenemos esa esperanza. Enseguida la Sala Especial del Tribunal Supremo ha corrido a considerar “no equiparable” esa resolución universal con las de los tribunales europeos, que no dieron curso a las reclamaciones del juez condenado.

El TS hace oídos sordos con consideraciones competenciales sin entrar a rebatir los argumentos de “indefensión” del juez, de “competencia” en la instrucción de los casos Franquismo y Gürtel, y de “falta de presunción de inocencia” durante el proceso. Y de nada vale que las sentencias condenatorias del caso Gürtel hayan dado la razón a las actuaciones de Garzón. De nuevo se transmite al mundo y a la ciudadanía española la idea de contar con un amplio sector judicial contaminado por intereses políticos partidistas e incluso, como en los casos relacionados con la dictadura, deudor del pasado.

Baltasar Garzón en su trayectoria profesional ha pasado de juez estrella a villano apestado y finalmente a símbolo de la injusticia. Esas son las tres principales viñetas de su comic vital. La ONU lo ha colocado en el vértice de una pirámide cuya sombra se cierne sobre todos nosotros.

La politización de la Justicia que venimos sufriendo, especialmente en los tres últimos lustros, se agravó durante el proceso catalán, los tropiezos en Europa -en casos como el de los huidos catalanes-, con resoluciones machistas relacionadas con la violencia de género y similares, y durante la pandemia con un extenso galimatías de resoluciones autonómicas contradictorias, cuando no oportunistas.

Y a ello sumen el conflicto partidario que impide la renovación del caducado Poder Judicial. ¿No les parece delirante que los propios jueces se mantengan amarrados a esos puestos? La Justicia es un producto humano con todas sus virtudes y defectos, pero yo, ante este panorama de falta de independencia, hoy me siento jurídicamente intranquilo.

JOSE ANTONIO PEROZO