galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

PODEMOS NO PUEDE Y SUMAR NO SUMA

Por Xosé A. Perozo

En la jornada electoral de Castilla y León Ciudadanos emitió el último estertor lejos de su Cataluña natal. Al tiempo, Podemos y Sumar perdieron las sillas del descontento en beneficio del Vox antisistema. En el 15-M-026 las murallas del bipartidismo han vuelto a manifestarse, por ser útiles, inexpugnables. La democracia participativa soñada en aquel mítico 15-M-011 (de marzo a mayo, amor, cambié el sayo) se ha echado a dormir la siesta de los experimentos multiplicados por cero. Durante ese domingo televisado el país se sorprendió de que en Salamanca aún le mantuvieran encendida una vela al retrato de Albert Rivera. Esta vez se apagó irremediablemente porque las zancadas de la realidad no perdonan a la hora de ir de entierro o mandar al museo de los recuerdos los partidos de laboratorio oportunista. C’s ya tiene su vitrina junto a las de Operación Roca, UPyD, CDS, UCD, AP y un millar más repartidos por la geografía hispana. También, en el pasado domingo a las puertas de la pinacoteca de la historia se han sentado Podemos y Sumar.

El morado Podemos ha entrado en los pagos del patetismo. Ver y escuchar a Ione Belarra culpar al PSOE de su decadencia sitúa al partido de la renovación en el armario de la naftalina. La furia del descontento en 2015 los sentó con sesenta y nueve parlamentarios en el Congreso, así oficializaron la quiebra del imperfecto bipartidismo, contra el que se habían levantado. Sin embargo, una vez conseguido el bocadillo del poder, el líder sagrado, Pablo Iglesias Turrión, no tuvo inconveniente en sentarse en la vicepresidencia del ejecutivo, situar a algunos de sus peones en el tablero del juego oficial y laminar a las principales personas fundadoras de su movimiento. El pragmatismo se apoderó de la aparente ideología. Al llegar a la cúpula del tobogán no les quedó otra alternativa que deslizarse hasta la ínfima representación actual, emparedados entre la impotencia y el miedo a la desaparición. Nada diferente a lo visto y vivido en otros experimentos donde el relato acaba siendo más importante que la fuerza ideológica.

Sin embargo, el fracaso de Podemos no solo ha sido otro vulgar experimento fundamentado en presupuestos falsos o interesados, sino que también ha roto el espejo de las esperanzas de toda una generación. O mucho más. La idea de convertir la indignación de la década de 2010 en cambio político se ha quedado en reyertas por la posesión de los añejos sillones de sus antepasados. Han venido para falsificar las ideologías de izquierda, han amortiguado el pragmatismo de la socialdemocracia y han estafado los sentimientos de la indignación hasta el extremo de empujar a los indignados a los brazos de la extrema derecha. Sí, Vox se alimenta hoy de aquel mismo malestar escenificado en las plazas el 15 de mayo de 2011. La indignación política no tiene color propio, igual vota al ideólogo de la cátedra como al clérigo del púlpito. He ahí el resultado de la abominación del bipartidismo.

En esa misma encrucijada, tropezando siempre en la misma piedra, vemos como Sumar ha dejado de sumar al desconocer la tabla política de multiplicar. Ese amago de partido nos presenta el balance de sus fracasos con una eterna pelea en el cuadrilátero de los personalismos. Su existencia ha dejado de tener sentido de cara a las próximas elecciones generales. De nuevo IU deberá volver a inventarse para que la izquierda a la izquierda de la socialdemocracia sirva de refugio a quienes mantienen vivos sus sentimientos ideológicos. Por tanto, el PSOE postelectoral del 2027 no tendrá otros apoyos parlamentarios que el de los comunistas perseverantes y el de los nacionalistas pragmáticos.