galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

POLICARPO SANZ, EL FILÁNTROPO

He pasado veinte mil veces por la calle Policarpo Sanz, donde se ubican los edificios culturales más interesantes del gran Vigo, pero nunca me había interesado el personaje hasta que un buen día decidí visitar el Museo de Castrelos de la mano de un ilustre e inolvidable guía, Angel Irisarri, probo funcionario municipal a quien la ciudad le debe un homenaje por el mimo con el que cuidó este pazo desde un principio y a lo largo de los años que vivió como conservador del complejo

—- Este no es un museo al uso, Xerardo; es fruto del amor al arte de las personas, porque la colección nace de un inmenso amor…

Y Angel Irisarri, aquella tarde, se convirtió en mi maestro por entre las paredes de un Museo que quizá muchos de los propios vigueses desconozcan. Os lo cuento:

El Museo de Castrelos de Vigo posee una de las más completas colecciones de pintura flamenca, española, francesa, italiana y gallega. Una buena parte de ella se la debe a un indiano, a Policarpo Sanz Souto, heredero de un gran capital perteneciente a un empresario de La Habana, para el que había trabajado media vida.

Efectivamente, Policarpo Sanz llegó al coleccionismo artístico por el amor que profesaba a su mujer, Irene de Ceballos. Ella no solo le amaba a él sino también a su dinero porque le permitía adquirir arte. Irene era experta en pintura lo que resultaba para su marido un motivo más de admiración y amor.

—- Policarpo Sanz no era vigués, había nacido en Marín

—- Como Gloria, mi mujer…

—- Pero toda su infancia había transcurrido en Vigo.

Permitidme esta acotación. Gloria y yo pasamos en Vigo la mayor parte de nuestra juventud y fue quizá la ciudad en la que nos sentimos más felices y más a gusto. Mis tres hijos son vigueses hasta la médula. Son del Celta y de los que aún rezan al Cristo de la Victoria. Y en mi casa, allá donde estuve, siempre hubo un olivo plantado en el jardín.

Vigo es una ciudad que enamora, con todos sus defectos, por eso me extraña que Policarpo Sanz no se haya quedado en ella, a su vuelta. Verás.

Como buen emigrante, a Policarpo Sanz le gustaba viajar. La Habana se le hizo pequeña y por eso se fue a los Estados Unidos. Y aunque algún biógrafo cita a Irene de Ceballos como heredera de la fortuna lo cierto es que esto no se corresponde con el testimonio de la gente gallega de Cuba. A Irene la describen como cubana blanca, tan hermosa como ambiciosa, de esas mujeres que entonces eran consideradas “cazafortunas”.

—- Pero, cuando Policarpo Sanz vuelve de Cuba con una inmensa fortuna, es Irene Ceballos quien le incita a seguir viajando; y así llega a París, que sería la ciudad que le vería morir a los 48 años.

Aquí, sin embargo, ya había conseguido lo que todo indiano perseguía en aquella época, el reconocimiento social y en su testamento parisino Policarpo Sanz donaba todo su patrimonio a la ciudad de Vigo.

La ciudad olívica le debe, entre otras cosas, el actual Instituto Santa Irene, ya que por su mandato se invirtió parte del dinero en la construcción de un centro escolar gratuito para niños, algo que le había faltado en su infancia.

Indicaba el filántropo que el edificio escolar debía de albergar un museo para su legado artístico, pero al final este fue a parar al actual Museo de Castrelos, que guarda gracias a su generosidad, cerca de un centenar de pinturas holandesas, francesas, italianas y flamencas.

Entre otras obras de importancia, Policarpo Sanz dejó a la ciudad dos cuadros que algunos expertos atribuyen a Goya. En el 2003 se encargó la restauración completa del legado y el profesor Luna, también restaurador del Museo del Prado, mantuvo la autenticidad de los goyas aunque no la de un Rubens de la misma colección.

Visitar el Museo Quiñones de León, popularmente conocido como Museo de Castrelos, es conocer una gran colección de pintura –entre la que se encuentra la obra de los gallegos más importantes de la historia del arte-, además de una muestra arqueológica y de una sala histórica dedicada al pasado de la mayor ciudad de Galicia.

La historia de Policarpo Sanz Souto no es más que una página de los millones que escribieron los emigrantes gallegos.