galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

Ramón, el único vecino de Suarbol

Hace veinte años que Ramón cumplió ochenta, pero ya no contesta al teléfono. No sé si porque ya viajó al espacio o porque sus cien, que tendría ahora, no le permiten ya atender a viejos amigos. Verás…

La primera vez que fui a Ancares estaba en construcción el albergue de Degrada y José María, el de Piornedo, abría solo una bodega que hacía de taberna. Mis niños de los setenta ni siquiera habían nacido.
Llegar hasta allí era un suplicio. Porque la serpenteante pista de Degrada tenía sus peores tramos con empedrado de pizarra y a Piornedo ni siquiera había pista, solo un camino de carro trazado en la era prerromana. Desde Becerreá tardabas tres horas y un día. Sí… Y un día caminando.
Aún había gente que vivía en pallozas y solo algunos de los Montañeros Celtas llegaban hasta allí desde Vigo.

En esos días de hace cuarenta años no había manera de llegar a Suarbol, solo atravesando el monte por el sendero de aquel bosque, donde los castaños y los carballos eran todos centenarios.
Suarbol marcaba el límite, como el Tres Obispos, de los antiguos reinos de Galicia, Asturias y León. Y de este pueblo, el más bello de todos los pueblos de la sierra, se habían ido todos menos Ramón.
Emigraron a Barcelona, pero su descendencia aún cumple con el rito veraniego de pasar unos días en el pueblo…

Suarbol, el pueblo más hermoso de Ancares

Ramón vivía allí solo, durante nueve meses al año, cuidando y abriendo las casas de sus convecinos con quienes había establecido el gran pacto laboral.

A mí me pareció que allí, en Suarbol, Ramón hacía de Alfredo, que era el portero del edificio donde yo vivía en Vigo… ¡Gente magnífica, educada y servicial! ¡Buena gente!

Cuando hablé con Ramón por primera vez tenía yo una tremenda curiosidad periodístico-radiofónica que procuraba recoger en uno de aquellos “Ingras” de la época, una tecnología que metía miedo…

—- ¿E vostede naceu aquí, Ramón?

—- Siiií… ¡No inverno! ¡Por eso nunca teño frío!

—- ¿Vive solo en Suarbol?

—- Hasta Xuño,  qué es cando veñen os de Barcelona…

—- ¿…?

—- Estas casas todas, salvo a miña, son de xente que migrou a Barcelona e viene no verán, a pasar as vacaciones…

—- Pero vostede anda por todas as casas como si foran suas, que eu veno vín…

—- Siiiiiií… Eu as cuido.  ¡E do que vivo! Porque do campo no vive nadie…

Ramón hablaba cierto “castrapo” típico de Suarbol, que era pueblo cuya posesión reclamaban tres provincias.

En esto se me ocurre a mí comprobar si aquel “Ingra” había grabado la conversación.  Y sí, fielmente la repetía hasta que Ramón gritó…

—  ¡Eiiiih! ¡Pero yesto que yes! ¡Tú eres el demo! ¡Vaite de aquí, mecagoenlaputa!

Y literalmente me echó del pueblo, sacho en mano, agitándolo y clamando al cielo…

Una nevarísima sobre Suarbol

Volví a Ancares en los setenta, cuando ya la carretera de Degrada era de asfalto, estaba en construcción la “serpiente” que aún sirve para llegar a Piornedo; y entre esta aldea y Suarbol ya construyeran una pista decente para los todoterreno…

El verano asomaba tímido al pié del pico Cuiña y allí estaba Ramón, tranquilamente sentado al sol en el muro de la Iglesia, que esta tierra te invita a aprovechar el buen tiempo…

Se me ocurrió entrar en el templo milagrosamente abierto porque recién llegara el cura. Le saludé a él y a Dios para convencerme de que yo ya no era el diablo en aquel lugar y proseguí, entonces, mi conversación pendiente con Ramón García Cadavedo al que un sobrino le trajera de Barcelona un walki-talki en el que…

— E millor que el teu porque aquí se escoita cantare…

— ¿E como foi o inverno, Ramón?

— A neve chegou hastra el tellado… ¡Tive que cavar túneles para chegar hastra las casas!

— ¿E si enfermas que fás?

— ¡Foderme…!

Íbamos caminando entre las casas de piedra e imaginaba yo a aquel hombre solo, con música de lobos de fondo y viento de fieras silbando, en esas noches de “nevarísimas”  de Ancares.

Porque… ¿Sabes? En aquellos tiempos por no haber no había ni tele…

—  Ramón… ¿E tí que fas cando neva tantísimo e chega a noite?

— Pois moitas cosas. Mira… Fágome a cena… Prepárome un grolo… Xogo unha partida de tute que gaño siempre… E como campeón lévome a mi mesmo para la cama…

Aquel día veraniego, en medio de aquel pueblo de soledades invernales,  escuché las alegres voces de niños y niñas que se hablaban en catalán e imaginé a Ramón en Barcelona…

— Eu non fun…

— Xa, pero… ¿Por qué te quedaches?

— Por dous males…

— ¿…?

— Dous males de amores…

— Non te entendo…

— Por unha rapaza que me cambió por outro antes de subir o autobús… E por amor a esta Terra; porque non sei vivir sin ela…

Aquello me sonó a canción de Pucho Boedo y le invité a Ramón a subir conmigo al Pico Cuiña…

Si alguna vez vas y llegas a la cumbre comprenderás mejor las razones de aquel hombre de grandes invernías, personaje único de Suarbol, un hermoso  lugar de Ancares cuya fronteriza propiedad se la quedó, al final, la provincia de León.

Y si no te atreves a subir a la cumbre, viaja a Suarbol a través de la red y del amor que le profesa una descendiente de aquellas personas que un día lo cambiaron por Barcelona. Se llama Noelia Quiroga y su web www.suarbol.es es fruto de un gran amor a las raíces.