galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

ROBOTS

Por José Antonio Perozo

Me gustaría saber qué pensó mi abuelo cuando vio aparecer en la labranza el primer tractor. Aquella máquina llegaba dispuesta a eliminar el arado romano, las yuntas de mulas y la mano de obra de cientos de jornaleros. Detrás vinieron las cosechadoras de cereales, desaparecieron los trillos, las eras y ejidos se desvanecieron en el paisaje, las familias que aventaban el trigo o la cebada perdieron el sustento…

Aquel tractor abrió la puerta para vaciar esa España que ahora lloramos y empujó a miles de campesinos, sin la preparación adecuada, a las aglomeraciones de las grandes ciudades. Había llegado el progreso y la especulación urbanística a gran escala. La generación de mi padre disfrutó y padeció aquel gran cambio social y cultural.

La primera computadora real que yo vi ocupaba una habitación de cincuenta metros cuadrados. El cine ya las había anunciado en imágenes de ciencia ficción, pero aquel aparato era real y estaba destinado a controlar todos los movimientos económicos de un Banco con más de un millón de clientes. La dirección de la entidad calculaba eliminar un 40 % de empleados de visera, manguito y máquina Olivetti para contratar un 10 % con preparación en el uso de la informática. La robótica acababa de entrar en nuestras empresas y vidas. Los capítulos siguientes los estamos viviendo.

Estos días circula por ahí un informe asegurando que en una década la robotización destruirá el 55 % de las profesiones actuales. Serán inservibles mientras amanecen otras nuevas. El informe pone el dedo en la llaga de la educación. Asegura que será necesario preparar a las nuevas generaciones para utilidades técnicas, dejando de lado la universalización de la cultura, que deberá quedar anclada en círculos universitarios especializados. Dejan entrever que la felicidad global será únicamente producto del bienestar material, nada de sueños más allá de hacer turismo en vacaciones.

Visto así, la robótica viene a uniformarnos en castas, es imparable y necesaria socialmente. Va a ser el nuevo gran cambio que deberemos aceptar, aunque el temor a la llegada de “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley, pueda quitarnos el sueño.

JOSÉ ANTONIO PEROZO