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SE FUERTE, MAZÓN, RESISTE

Por Xosé A. Perozo 

En público nadie pronunció la frase del título, aunque en privado pudiera atribuírsele a Núñez Feijóo. Durante 370 días el presidente del PP vio con buenos ojos la resistencia del presidente valenciano, la justificó y aplaudió hasta la llegada del funeral laico en homenaje a las víctimas de la dana de 2024. Para colmo de la desnaturalización de la maquinaria política conservadora tuvieron que ser la madre y el resto de la familia de Mazón quienes usaran en la intimidad la palanca de Alquímides con que mover la roca del presidente valenciano. En la alta cúpula popular no deseaban semejante desenlace. Dimitió sin pronunciar la palabra dimisión en un lunes de gloria esperado con entusiasmo en Génova 13 por el inicio del esperpéntico juicio contra el fiscal general del Estado. La decisión de Mazón desactivó el cálculo mediático conservador. Una vez más, el alicantino le ha puesto la zancadilla a Feijóo. Lo hizo en las elecciones de 2023 pactando con Vox y vuelve ahora dejando al PP vendido a las decisiones de la extrema derecha para mantener el poder valenciano. La permanente utilización de la posverdad ha puesto de manifiesto un modo de hacer política aceptado o tolerado por su partido como modus vivendi. La dimisión de Carlos Mazón es para alguna derecha un ejemplo de honestidad. Pero es un icono de desvergüenza para la ciudadanía que confía en la veracidad de sus dirigentes. Con este doble retrato pasará Mazón a la historia.

No, el fin no justifica los medios por mucho que haya quedado inculcado en nuestra educación judeocristiana. Tampoco la hipocresía debiera de ser una moneda de cambio como mal menor para ejercer y mantener las riendas del poder. Mazón se marcha inmerso en el vinagre del embuste y Feijóo lo despide con vendas de aceite nombrándolo ‘compañero mártir’. En la calle nos preguntamos a qué basurero han arrojado la moral católica que profesan semejantes dirigentes del PP. Es bien cierto que a Mazón lo ha derrotado el uso de la falsedad junto al viejo cálculo de que el tiempo todo lo tapa y todo lo cura. Por ello ha jugado a ser una víctima con el apoyo de su organización. He ahí la gravedad del asunto. Una vez más, Núñez Feijóo sin que nadie lo empuje se ha colocado en la diana. De acusar a Sánchez de amarrarse al Gobierno con las cadenas de sus socios parlamentarios, ha pasado a declarar que Valencia bien vale un abrazo con Abascal. Otro mal paso y un nuevo ejemplo de incoherencia al pedir para su beneficio “seriedad, rigor, responsabilidad y estabilidad” al sustituir a Mazón sin consultar a los electores. Los mismos cuatro conceptos que critica a Pedro Sánchez cuando en minoría niega la convocatoria de las generales.

Feijóo, llamado a Madrid para anular a Vox y centrar al PP, con este episodio certifica su fracaso más estrepitoso. En tres años ha colocado a su partido en el más profundo nivel de debilidad ideológica y ejecutiva. Torpeza tras torpeza se ha asimilado tanto a la extrema derecha que Abascal está a un paso de superarlo en intención de voto mientras el bloque de derechas ha caído al fondo de ser inferior al bloque de izquierdas. Ya se habla de empate técnico y faltan dos años para abrir las urnas del Estado. Feijóo difícilmente podrá volver a presentarse ante el electorado como un hombre de centro con capacidad para obtener en solitario la mayoría absoluta que le lleve a la Moncloa. Al tiempo, este episodio del Mazón ‘fuerte y resistente’, tan cacareado por Tellado, puede ser el principio de la catarsis interna que en Génova 13 suena y crece con cada fallo estratégico del equipo dirigente actual.

XOSÉ A. PEROZO