galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

SOMOS VIEJOS… ¿Y QUÉ?

Verás. En mi entorno se sonríen cuando les digo que me siento viejo y cansado de vivir con achaques de viejo. En el fondo, ellos y ellas, me conocen mejor que nadie: saben que les estoy contando una mentira piadosa para que me presten un poco de atención cuando hablo. Porque yo tengo la suerte de vivir rodeado de intelectuales y eso hace que veamos menos tele, que discutamos más sobre los temas trascendentes y que comentemos todos los días las noticias, que cada uno trae a la mesa la suya.

Dice mi psiquiatra que esa es una buena terapia para mis neurastenias y yo le digo que vale. Porque lo mío ¿sabes? no son “neurastenias”. Son, ni más ni menos, preocupaciones tópicas de un ciudadano que firmó los setenta y ocho el año pasado y este año firmará los setenta y nueve, si es que le dejan… Y aún no está jubilado pese a haber cumplido las “bodas de oro” como cotizante a la Seguridad Social porque se cree útil, aunque solo sea asomándose a esta ventana semanal que le une al mundo, como si esta revista fuese el último cordón umbilical con su gente.

Me empieza a preocupar que los diarios de información general, los serios, presten tanta atención a las cifras de la senectud, ese período de la vida que, para los encuestadores veinteañeros, comienza a los cuarenta. Así le deben salir las cuentas esas que hablan de que Galicia es el segundo país más envejecido del mundo, después de Mónaco. Me pregunto de dónde sacará esa gente que nuestra media de edad es de 45’9 años si yo solo veo jóvenes por las calles, cuando paseo Compostela para admirar la piedra mojada… y los reflejos de sus galerías con su mirada perdida en la belleza. Supongo que les facilitará alguien datos, como por ejemplo el Registro Civil, pero no me casa a mí la cifra a ojo de buen cubero.

Ser viejo, de todas formas, es lo de menos. Lo de más será que se agoten los “cuartiños” de las pensiones, que en los doce meses del 2021 supuso un 12% del PIB, con una media mensual de mas de diez mil millones de euros. Lo curioso es que no cobran todos los que debieran porque, de mi entorno, se jubilaron muchos menos de los que podían hacerlo ya.

Permanecen en el mundo laboral no por solidaridad, ya lo sabemos, sino porque las pensiones no les llegan para vivir. Más viejos de los que os creéis, no están aún jubilados cuando su derecho se lo permite. Pero tampoco son tontos y, como yo, saben que una parte de la caja de la Seguridad Social les pertenece.

Así que, si los señores de la famosa estafa de las preferentes tuvieron derecho a que les devolvieran sus dineros, los aún no jubilados tienen derecho, por lo menos, a que vigilen que nadie meta mano en la caja y no haya desmadres en el gasto, que ya nos preguntamos todos los de la pandilla del parque central porqué no habremos organizado nosotros los cursos de formación esos, que por lo menos saldrían a precios muy modestos y la gente bien preparada.

Con todas estas informaciones económicas que nos hacen llegar, quizá con el fin de acongojar más aún al personal, lo que están consiguiendo es que mis viejos hayan recuperado no el miedo a morir, no. El miedo a que les maten.

Ayer mismo, llegaron a decirme…

—- Esta xente eche capaz de contratar os “romanos” para ir matando os vellos e así non deixar vivo un xubilado.

A tanto no creo que se llegue, pero si dejas sola a la Calviño… es capaz de inventarse algo para que, a cierta edad, se hagan cargo de los viejos sus parientes más próximos, con la disculpa de que son también sus herederos… Les perdona el impuesto de Transmisiones Patrimoniales… ¡Y ya está, les hizo un favor!

Final: si a Galicia la separan 17 años de la media de edad mundial es porque esta cae vertiginosamente debido a la escasa esperanza de vida en África y en los países con mayor pobreza… ¿O no?

Además, aquí se vive tanto porque se vive como dios…