galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

SUSO VAAMONDE, LA VOZ DEL TRUENO

Suso tomó el relevo de los Ceibes cuando algunos de ellos se cansaron de serlo. Su voz resultaba atronadora para los pocos que aún soñaban la continuidad de un Franco que estaba en el lecho del muy merecido dolor final.

Aquellos eran militares carcas que no veían claro, por conveniencia propia, el deseado horizonte democrático que se veía venir aquella tarde en la Plaza da Ferreiría de Pontevedra. Porque lo pedían las banderas y los lemas de las pancartas.

Lo recuerdo como si fuera hoy mismo…

Suso Vaamonde cayó como una tormenta en el pequeño escenario, sin luces de colores y con un equipo de sonido barateiro, como de costumbre en aquella época. Pero su voz no precisaba de grandes amplificadores. Él solo se bastaba para cantar sus sentimientos…

Y llegó la canción de siempre, el himno que todos coreaban con entusiasmo patriótico…    

Cando me falan de España sempre teño unha disputa… Que si España é miña nai, eu son un fillo de puta…” (Y bis)  

¡Aquella estrofa levantó a las masas y sonó como martillo de infamias para todosmenos para algunos que vestían de uniforme militar y aún llevaban cuatro estrellas de cinco puntas en las hombreras y en las mangas de la guerrera…

Y aquella canción, en la predemocracia, le costó el exilio a la Venezuela más gallega de la historia y una cárcel de vuelta que sufrió poco tiempo; pero que le imprimió el carácter de héroe mítico del escaso núcleo independentista de aquellos días de cambio… 

Ese día Suso Vaamonde se convirtió entonces en el cantautor más popular de Galicia, pero detrás había una carrera llena de sobresaltos y de gritos de guerra, semana a semana, mes a mes, año a año… mientras Franco, sano y cruel, ejercía de dictador en un estado que solo unos pocos y tontos querían.

Yo tuve el placer de grabarle su primer disco, “Sin rosmar un laído”, una joya de la época que aún escucho en mis atardeceres de nostalgia. Y, perdón, digo “yo” porque todo el mundo en Movieplay se opuso a que lanzáramos tal producción, comprometedora incluso en el seno del consejo de administración.

Al final, Gustavo Ramudo me ayudó en lo suyo, como productor; y Juan Santabaya, director general, asumió el riesgo. Suso, nunca me lo agradeció…

Como ocurre con casi todos los artistas, grandes o medianos, el escenario les convierte en dioses; y es ahí, encima de las tablas, en donde adquieren ese grado de estupidez que nunca les abandonará… hasta que llega la enfermedad.

Pero, decía antes que los gritos de guerra abundaron en aquella época y Suso llegó a acostumbrarse a tener detrás del escenario, en el “bakstage” que se dice ahora, a la mismísima pareja de la Guardia Civil de antaño.

No me preguntes como ni cuantas veces, pero fueron muchas las que ambos, Suso y yo, terminamos en el cuartelillo. El por lo que cantaba y yo por tratar de que aquellos guardias del franquismo no se enterasen de lo que decía… Al final, siempre tenía una frase:

— ¡Xa pagámola multa! ¡Xa está!

Los años fueron pasando y nuestros caminos se separaron. Suso Vaamonde siguió grabando discos, incluso como productor; y yo me dediqué a mis quehaceres más propios de un periodista. Avanzaba la democracia hacia el “éxito” del socialismo…

Pero también debutó en televisión conmigo, con tres piezas más sosegadas que grabamos en Carnota, en sus playas y en el Pindo. Había madurado como compositor y como cantante, pero Galicia le daba entonces la espalda y ya no reunía a la masa frente al “palco”, aunque actuase el día de la fiesta.

Y eso que en Televisión de Galicia salió a menudo de la mano de Manolo Abad y seguía gozando de gran popularidad. Pero este país es así; te empuja al éxito y luego te da la espalda… porque ya no estás de moda.

En esa época le vi solo un par de veces y le oí despotricar contra lo divino y lo humano. En el fondo, seguía siendo Suso Vaamonde, la voz del trueno.

Por última vez conversamos en Ribeira, como no, detrás del escenario, en uno de los espectáculos del Xacobeo que yo dirigía…

— Xerardo, teño un cáncer…

Me lo dijo con entereza y con una sonrisa en los labios…

Aquella noche yo vertí las lágrimas de mi alma al mar de Arousa, porque, con todo lo pasado, apreciaba mucho a Suso Vaamonde. Me gustaban y aún me gustan sus canciones. E incluso alabo ahora ese su carácter de pequeño divo que sufrí…

Seguro que en el Espacio está luchando por un país nuevo e independiente. Y si lo encuentra, le llamará Galicia.