galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

TRÁNSFUGAS

Por José Antonio Perozo

Han vuelto los tránsfugas. Y si existía alguna duda de cómo se puede comprar un político legalmente, desde el gobierno autonómico de Madrid, acaban de proporcionarnos el manual de instrucciones actualmente en uso. Aunque la costumbre es vieja y parecía anulada.

Primer paso. Para encontrar al candidato adecuado no es necesario recurrir a ojeadores de campo ni a cazatalentos del estilo de Esperanza Aguirre. Basta con levantar la vista y observar a los desertores más notables de otros partidos. O a quienes estén dispuestos a cambiar de logo sin pudor.

Segundo paso. Una vez elegido el personaje deben analizarse sus valores. Capacidad para atraer votos –no imprescindible-. Notoriedad mediática –muy importante-. Volubilidad para desdecirse de su pasado –obligatorio-. Intereses económicos ocultos o visibles –esencial-.

Tercer paso. Poner a prueba la desmemoria del individuo. Si consigue no recordar nada, absolutamente nada, de cuantas acusaciones realizó contra el partido contratante obtendrá una alta puntuación.

Cuarto paso. Ofrecerle una prebenda orgánica y administrativa adecuada a su notoriedad, aunque no esté capacitado para ella. En este paso el ofrecimiento deberá ser pacto del rumor, por si no pudiera cumplirse la promesa.

Quinto. Si la promesa del cargo institucional no cuaja puede recurrirse a la creación de un nuevo chiringuito para justificar los altos emolumentos negociados. También se le pueden realizar pagos “por cortesía” siguiendo la doctrina Cospedal con el inspector Villarejo.

Con este manual y la caza de desertores de Ciudadanos, el PP de Casado ha roto con el compromiso anti tránsfugas. Se ha salido del pacto fraguado en 1998, para proteger la estabilidad institucional. Firmeza que en estos momentos representa una barrera contra sus intereses electorales.

Además, con la compra al peso de Toni Cantó, colocándolo en un nuevo cargo innecesario e inútil, acabamos de descubrir que un chiringuito -contra los que él luchaba denodadamente vistiendo otros colores-, para que sea chiringuito debe de estar integrado por dos personas como mínimo. Magnífica definición de la que debe tomar nota la RAE.

JOSÉ ANTONIO PEROZO