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TURISMO, REFLEXIONES ANTE FITUR.

Por Alberto Barciela*

La pandemia está siendo común pero las consecuencias han sido diversas. El sector turístico es de los que más han padecido, con consecuencias transversales para toda la economía. El próximo 19 de mayo se inicia en Madrid la Feria de Turismo más trascendente, FITUR, en una versión trasladada en el tiempo -debería haberse celebrado en enero- y matizada en asistencias profesionales. El COVID obliga a restricciones impropias de un evento esencial para la economía y obligado a encender de nuevo motores, a coger impulso y a despegar casi desde cero.

En torno a FITUR se celebran foros y encuentros promovidos o participados por organizaciones, asociaciones, empresas, administraciones públicas, universidades, imprescindibles para conocer el pulso de la actualidad viajera, y en esta edición todos y cada uno de ellos han de servir de manera esencial a dibujar un nuevo escenario para la industria del viaje.

Con criterio, desde el sector  se exige la aceleración del ritmo de vacunación -imprescindible para salvar lo que se pueda del verano-, seguridad sanitaria avalada por el famoso Pasaporte europeo; apertura de fronteras; estabilización de normativas y protocolos; más bonos turísticos -su eficacia es evidente-; mayores ayudas económicas directas y un reparto urgente, justo y transparente del dinero europeo -si todo va bien llegará a partir de julio-; financiación suficiente y respaldada; contención o bajada de impuestos; campañas de comunicación y publicidad; etc.

Hay que estar al día con las exigencias de los tiempos y unificar esfuerzos para responder en tiempo real a la globalización, a los nuevos sistemas de comercialización, a las tendencias de mercado, la seguridad, la normativa, ofrecer nuevos servicios, vender, etc. Vivimos, no lo olvidemos en la era de los datos, hemos de saber en dónde está el cliente, quién es, qué quiere y atenderlo cobrando el mejor precio. Y, por si es caso, establecer un plan de crisis.

Sería aconsejable afrontar un Plan Estratégico Estatal para el Turismo, hacer una relectura coherente de las posibilidades y reenfoques de una industria que ha llegado a generar un elevadísimo porcentaje del PIB nacional. La Estrategia de Sostenibilidad Turística en Destino presentada estos días en Canarias camina en esa dirección, y plantea cuatro ejes de actuación prioritarios. Transición verde y sostenible, eficiencia energética, transición digital y competitividad.

Se necesita un Ministerio propio, la coordinación seria de todas las acciones públicas, estabilidad en los funcionarios responsables de la materia y posiblemente la creación de un lobby privado -el más importante de España-  que aglutine los esfuerzos de tantas dispersas asociaciones y aporte seriedad en sus datos -ha habido evaluaciones de temas similares con variaciones de 90.000 millones de euros y diferencias de estadísticas de registro de establecimientos escandalosas-. Los más serios los aportan EXCELTUR y la MESA DEL TURISMO DE ESPAÑA.

El sector privado ha aprendido una lección muy dolorosa. En el camino se evalúan pérdidas por encima de los 125.000 millones de euros, el cierre de miles de empresas y establecimientos, ruinas personales inimaginables, pérdidas de cientos de miles de puestos de trabajo, etc… Será difícil recuperar mercados, conectividades aéreas, etc.

España como país tiene que implicarse de forma determinante en su primera industria y Europa como Unión tiene que establecer una política turística común, sin permitir que en los mercados externos cada uno actúe por cuenta, como ha pretendido Grecia.

Todo ha de recomenzar en FITUR, todo ha de resurgir de la confianza en los profesionales, en los empresarios, en los trabajadores del sector privado, ha de emerger de la sensibilidad de las administraciones públicas, de conformar una estrategia común seria y rigurosa, exigente, a la altura de las dificultades y con sentido de la oportunidad.

Es evidente que hay que avanzar en economía circular y sostenibilidad, modernizar destinos maduros, promover la España vaciada, concluir el AVE, asegurar las conectividades aérea y marítima, fundamentalmente con las Islas Baleares y Canarias, incidir sobre la importancia del mercado interno, conservar el patrimonio nacional, promocionarse conjuntamente en el exterior, desestacionalizar, llegar a los públicos jóvenes, aumentar el gasto medio de los visitantes, etc.

Habrá que prevenir el cainismo político, el desprecio del otro, el creer que las cosas se arreglan solas o el quítate tú para ponerme yo. Evitar que el sector se vea solo como una fuente de recursos vía impuestos.

España tiene ejemplos magistrales de cómo triunfar en el mundo. Somos el único país capaz de presentar un plantel en el que figura la sede de la  Organización Mundial del Turismo, que goza de marcas globales como el Camino de Santiago; que cuenta con una red de museos exclusivos; fiestas de renombre global; miles de kilómetros de sol y playa, islas, naturaleza; cadenas hoteleras y cocineros de excelencia mundial, una industria agroalimentaria y vitivinícola de calidad excelsa…; y todo ello complementado con un sistema sanitario y unas fuerzas de seguridad ejemplares en su conjunto.

Eso es España, somos nosotros, tenemos que creérnoslo y unirnos en lo esencial.

Creo que concederle el Premio Princesa de Asturias al conjunto del sector, como se le ha entregado a los sanitarios, sería tanto como entregárselo al conjunto de los españoles. Nadie ha hecho tanto por un país que si se entiende a sí mismo y aprende de sus debilidades resultará insuperable.

La industria de la felicidad volverá y con ella resurgirá el comercio, el mundo de la cultura, el transporte, en pocas palabras, el consumo y la economía. Ese será el indicativo de que habremos superado algo más que una crisis.

* Este artículo forma parte del Proyecto Manifiesto Ibérico. Destino Europa. Alberto Barciela es periodista y miembro de la Mesa del Turismo de España.