galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

UNA EUROPA UNIDA PARA SOBREVIVIR EN LIBERTAD

Por Isidoro Gracia

Releyendo algunos párrafos de la traducción de Tierno Galván del libro “El ciudadano y Leviatán”, de Hobbes, he constatado que buena parte de sus reflexiones hoy siguen siendo útiles para afrontar la difícil realidad.

Publicado en 1651, el libro justifica la creación del Estado y la acumulación por este de un gran poder que, ejercido con el consentimiento de la mayoría y mediante un razonable uso de la fuerza, nos proteja del miedo hacia los demás y de otros actores ajenos a la República: la religión, el extranjero, la guerra, etc. Según Hobbes el instrumento es válido si sustituye el terror por sumisión y respeto, es decir también avanza una proposición teórica del Contrato Social propuesto por Rousseau, doscientos años después, y que fue uno de los elementos detonadores de la Revolución Francesa.

Hoy el papel de Leviatán insaciable, que está poniendo en riesgo la misma supervivencia de los Estados, lo están ejerciendo los mercados y sus verdaderos dueños, los grandes especuladores, que han traspuesto los límites aceptables por cualquier ciudadano consciente, al quitarnos buena parte de aquello que asegura nuestro bienestar e incluso la misma supervivencia, como la educación y la sanidad públicas, o los recursos para el futuro, incluso el mismo futuro. Es más que evidente, en consecuencia, que el poder de los mercados ya es un poder que nos está llevando a una guerra de todos contra todos, para favorecer los intereses de una minúscula minoría, ese 1% que tiene más patrimonio que el 99% restante.

Una vez que los legítimos representantes de los ciudadanos, los Gobiernos Democráticos, tomen conciencia de que su propia supervivencia ya es más que precaria, tendrán que reaccionar y si no quieren que el Leviatán acabe con todos ellos, y además devore a sus voluntarios súbditos, deberán ser ellos los que embriden a Leviatán. El problema surge al constatar que un solo estado por poderoso que sea tiene muy complicado, por no decir imposible, controlar un monstruo del tamaño y complejidad que el fenómeno de la globalización ha alimentado hasta el gigantismo.

Constatado el hecho de que el tamaño y la voracidad del actual monstruo se salen de la escala que un simple gobierno de un estado puede controlar, habrá que buscar un ente mayor y más poderoso, que defienda la supervivencia y bienestar de los ciudadanos a su cargo. 

Y el ente existe: el aún imperfecto e incompleto proyecto que llamamos Unión Europea. También disponemos de la herramienta adecuada, la denostada, pero imprescindible Política Común.

La Unión Europea es algo más que una mera suma de Estados, es una creación que tuvo y aún tiene como primer objetivo salvar a la propia civilización europea del colapso, al que se vio abocada por las continuas guerras entre vecinos. Frente a los discursos euroescépticos y a los de los nacionalismos egocéntricos y de tendencias tribales, que proponen soluciones de siglos pasados a los problemas de este siglo, yo hago valer un dato incuestionable, el principal objetivo de la U.E. , antes CEE, que los europeos dejáramos de matarnos con los vecinos, se ha logrado razonablemente durante un largo periodo de más de 75 años, las excepciones justo en nuestras fronteras, como la actual invasión de Ucrania, y la reacción de “EL MERCADO” sirven para confirmar el aserto.

Si algo que históricamente se ha mostrado tan dificultoso ha sido conseguido por el proyecto U.E., a pesar de sus defectos e imperfecciones, ese proyecto es un útil recomendable para aplicar al no menos dificultoso objetivo de garantizar un grado aceptable de libertad y bienestar a los ciudadanos que nos agrupamos alrededor de él.