galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

VAMOS MAL, PERO AVANZAMOS

Por J. J. García Pena

A los viejos nos queda el placer de compartir nuestras experiencias con los de nuestra quinta, año más, año menos. (Raro será el joven que se interese por saber, cotejando, cómo evolucionó el ayer respecto al hoy y al mañana). Echando la vista atrás es fácil comprobar que, a pesar de todos los pesares, vamos en la dirección correcta, aunque la senda esté llena de obstáculos, imaginables o no. Nuestras vidas se me aparecen como participando en un gigantesco Juego de la Oca. Los dados son caprichosos.

Cada vez -como especie- somos más conscientes del lugar que ocupamos y que ocupa cada uno de nuestros semejantes e incluso nuestros desemejantes. Pero aún estamos muy lejos de una sociedad medianamente justa y a siglos luz de ser verdaderamente feliz.

Los cambios imprescindibles -e inevitables, por suerte- son desesperadamente lentos y vemos agotarse nuestros contados minutos inmersos en la misma melaza asquerosa -curas, papas, banqueros, «deméritos» -e índa máis- que denunciara Discépolo hace noventa años:

Y en un mismo lodo, todos manoseaos«.

Sin embargo,la cosa pinta bien, o por lo menos mejor que en el pasado reciente. Los signos de madurez colectiva, si bien aún escasos y parciales, son evidentes. En un par de generaciones los españoles, por ejemplo, hemos dejado de festejar la ramplona bobería machista de un emblemático Manolo Escobar: 

…desde que el mundo es mundo

a los varones

nos buscaron las hembras

señores míos,

las perdiciones».

O el alegre desprecio criminal, biotraficante y racista de un Miguel de Molina:

                                            Ha traío canela y clavo,

                                            azúcar cande y oro nativo,

                                            los cormillitos de un elefante,

                                            coquitos frescos y un negro vivo.»

Claro que, para él y muchos Triki -Trakes de su generación, esa siniestra visión del mundo no era ética ni moralmente condenable, ni siquiera trágica, a juzgar por sus propias palabras:

…con la misma alegría que en los labios (llevo) una canción.»

¿Esta canción, quizás?

Con tales «valores» arraigados en una sociedad que, increíblemente, se dice creyente en un dios único y compasivo, ¿Ha de extrañarnos que nos hayamos matado, unos a otros, un millón de españoles en tres años? ¡Te tiro, porque me toca!

Entonces, comparándonos con nuestro propio pasado reciente, es lícito preguntarnos: ¿Vamos en la dirección correcta? Por mi parte solo cabe un rotundo sí, la dirección es la correcta.

Pero, como en la Oca, no debemos descuidar los peligros que, inevitablemente, nos esperan. Hoy te protejo, porque me toca.