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VIVIR Y MORIR CON DIGNIDAD

“El proyecto de ley denominado “muerte digna”, que tendrá como fin regular procesos de eutanasia, fue sometido a discusión en la Cámara de Representantes de Uruguay con un apoyo mayoritario de diversos sectores políticos. La iniciativa, que pretende establecer un marco legal para permitir a ciertas personas acceder a una muerte “indolora, apacible y respetuosa de su dignidad”, fue aprobada tras una extensa jornada de debate, que duró más de catorce horas, el pasado día 8 de agosto. La votación final mostró un respaldo de 64 legisladores frente a 29 en contra…”

Parlamento uruguayo.

Por J.J. García Pena

La sociedad humana hace mucho que se plantea si garantizar a los miembros desahuciados que lo reclamen, voluntaria y expresamente, el derecho a morir con dignidad. Curiosamente, esa misma sociedad nunca se plantea -o no ha sabido encontrar la forma- instrumentar el derecho a que todos sus miembros vivan con dignidad, a pesar de tener recursos suficientes para lograrlo. Hipocresía generalizada.

Un día, ya muy lejano, descubrimos y aprendimos cómo hacer, usar y cómo cuidarnos del fuego. Sabemos (aprendimos) que la flama es un recurso muy útil, pero no poco peligroso.  ¿Que fuera peligroso hizo que prescindiéramos de él o, por el contrario, nos concienció sobre su buen uso? ¿Cuál es la medida del sapiens? ¿Debe vivir en el suelo? ¿Qué preferimos los alimentos crudos y el frío polar? 

Pues muy bien, comamos crudo y frio y tiritemos a gusto, porque nadie nos obliga a usar el fuego y ya está. Asunto concluido.

Pero… ¿Nos asiste el derecho a privar al resto de nuestros semejantes de comer raíces y carne cocinada y calentita y de abrigarse si siente que se le hiela el cuerpo? No parece ser la opción más razonable teniendo fuego a mano.

Hace miles y miles de años que aquellas bestias peludas que fuimos nos pusimos tácitamente de acuerdo en usar o no el fuego según nuestro albedrío. Pero ni siquiera a aquellos seres primitivos se les ocurrió la idea de no volver a usar tan peligroso como valioso invento en ninguna circunstancia. Todos ellos -hasta el pitecantropus más cerril- entendieron que no sería bueno para la especie olvidarse y deshacerse de una costosa herramienta, con tanta significación e influencia en su vida cotidiana, solo porque era arriesgado hacerlo. 

¿Que cómo puedo estar seguro de esto y afirmarlo rotundamente? Es muy sencillo de responder: porque aquel fuego artificial no solo no se extinguió, sino que llegó hasta nuestros días de forma tal que, a quien quiera comer crudo y pasar frío se le respeta su decisión. Otro tanto sucede con quienes prefieren cocinar y dormir calentitos y todos en paz, porque se ha llegado a un tácito consenso social y no hay discrepancia alguna al respecto.

El verdadero problema, entonces, no es la herramienta, sino el uso que de ella se hace. Lo mismo sucede con el aborto, el bisturí, el voto, la tijera, la pólvora, el submarino, el dron o la eutanasia. 

Primero fue la herramienta, hija de la necesidad. Luego su buen o mal uso.  Pero sin herramientas no hay avance.