AS PONTES

 

            Desde As Pontes  parten caminos organizados en torno al curso del Eume que busca el Atlántico en la ría de Ares, tras atravesar su gran fraga.

            El río vive estos días los instantes mágicos del otoño,  mientras la villa se mira en su nuevo espejo: porque ya la última gota colmó el lago artificial más grande del país.

            La industria y la naturaleza conviven ahora en un lugar que dejó de ser una mina para mezclar cielos azules con valles verdes y las aguas de plata con los oros del sol…

            El Eume bebe agua de regatos mil y el nuevo lago saborea sorbo a sorbo la belleza de su entorno nuevo, con árboles que, día a día, iban plantando encallecidas manos para procrear su gran bosque de ribera.

            Aunque por bosque solo se entiende aquí el que humedece el río al discurrir por la naturaleza de As Pontes…

            La vieja villa tiene ahora nuevas energías para encarar un futuro, naturalmente bello.

LA MINA SE CONVIRTIÓ EN UN LAGO

 

        Las chimeneas de la central térmica, sobre todo la central con sus 357 metros de altura, preside el paisaje industrial de As Pontes. Su silueta imponente puede contemplarse a muchos kilómetros de distancia.

        Las centrales térmicas  necesitan combustible para producir energía eléctrica. Y  de la mina de As Pontes se sacaron 260 millones de toneladas de lignito en cuarenta años. Fue la mayor mina a cielo abierto de España: ocupaba una superficie de 865 hectáreas, tanto como el término municipal de Betanzos.

        Donde ahora vemos un lago artificial hace cuatro años estaban los dos huecos  de la mina y hace cuarenta años había asentadas numerosas aldeas. En apenas medio siglo el paisaje de As Pontes sufrió  cambios espectaculares.

        Aún vive aquí alguna gente que tenía veinte años cuando abandonó la aldea para irse a trabajar a la mina; por ejemplo, a mi me contaron que donde hoy luce más el lago estaba  Meidelos,  una aldea desaparecida.

         La extracción de lignito finalizó, por razones ambientales, el 1 de enero de 2008, con la entrada en vigor de la normativa europea que prohíbe usar este combustible tan contaminante. Esta fecha marcó el final de la mina  y el inicio de la inundación del hueco.

         La clausura de la mina  también tiene un capítulo humano, pues significó la prejubilación de casi dos mil  trabajadores en un periodo de siete años. Pero la central térmica nunca molestó a los vecinos de As Pontes. Todos defendieron siempre este gigante de 1.400 megawatios de potencia. Y es que a la  sombra de la central térmica  nació  la villa, con sus seis poblados mineros, construidos para acoger  el aluvión de inmigrantes llegados de todas las comarcas del país.

         El poblado de La Magdalena se construyó para las familias numerosas; el de Muiños, para los peritos; y además están aún en pié los poblados de Barreiro, Anguieiro, A Fraga y As Veigas. El parque de viviendas de As Pontes se duplicó en quince años.

         Fue una época de crecimiento económico y de pleno empleo

         Todo el mundo se siente aquí satisfecho de cómo se llevó a cabo la restauración ambiental de la zona y de la creación del lago; pero… para la mayor parte de la población el cierre de la mina no fue una buena noticia.

         Para paliar sus efectos, la Xunta de Galicia y Endesa  impulsaron un plan de desarrollo basado en subvenciones, apoyo financiero e infraestructuras de comunicación. También se promovió suelo para la implantación de industrias en el parque empresarial de Penapurreira. A través de esta acción se implantaron 50 nuevas empresas con diferente suerte y alguna muy curiosa, como la que creó Simón, hijo y nieto de mineros: en el poblado de As Veigas fabrica espinilleras de fibra de vidrio para futbolistas. La idea funciona con éxito.

        La inundación del enorme hueco que dejó la mina fue el punto y final. Ahora todos miran al lago artificial para el que se barajan muchos usos, desde los lúdicos y turísticos hasta industriales y energéticos. Porque el nuevo lago de As Pontes no sólo es paisaje, también puede ser un recurso económico.

      As Pontes es conocida como la villa de los cien ríos: El Eume es el eje vertebrador de este municipio y una buena parte del Parque Natural de As Fragas está dentro de su territorio. El ayuntamiento ha diseñado una red de rutas de senderismo que pasan  por sus espacios naturales más valiosos, como la ruta del Forgoselo, que te lleva por bellos montes donde campea a sus anchas el caballo salvaje y el ganado libre pastando en las brañas.

    Las viejas aldeas, además, conservan todo el sabor del pasado. Una de las parroquias con más encanto es Somede, con vivas muestras de la arquitectura tradicional. Por cierto que en Os Vidas tienes alojamiento en una casa de turismo rural de esas que yo llamo únicas.

    La ruta preferida por los senderistas locales es la de Ribeira y Lostegal, de 27 kilómetros. Es una senda que sigue las riberas del Eume y pasa por las aldeas más típicas.

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