ASESINATO EN EL “ANDREA DORIA”

Una de mis costumbres más sanas en mi etapa viguesa era la de asomarme a la ventana del Puerto para ver cómo iban y venían los barcos, sobre todo los grandes cruceros. Siempre que llegaba alguno de los más lujosos y grandes lo recibía mi inolvidable amigo Alberto Durán, que era el consignatario más importante…

En la espera, te contaba la historia de aquel buque enorme que aparecía por la Bahía,  desde el olor a café de la cafetería de la Estación Marítima.

Aquella vez Alberto le estaba contando al inspector Baladrón, de la Brigada Criminal, la historia de aquel día en que llegó el “Andrea Doria” a Vigo, cuando él hacía sus primeros pinitos en la consignación de buques. 

—- El “Andrea Doria” era uno de los más impresionantes buques trasatlánticos de la época. Acababa de doblar las Cíes por la Costa da Vela cuando el capitán se puso en contacto con nosotros y nos pidió que avisáramos a la Policía porque traía a bordo a “un pasajero muerto en extrañas circunstancias”.

El inspector abrió los ojos con interés y preguntó…

—- ¿Ya había Brigada Criminal en Vigo?

—- No lo sé, Fernando… Posiblemente harían todos de todo en la Comisaría…

Según el relato de Alberto Durán se trataba del cadáver de una mujer; una mujer famosa, hija de un millonario alemán que quería alejarla de la postguerra y que viviese en América, en los Estados Unidos. La acompañaba su marido…

Ocupaban ambos un camarote de lujo de aquel buque crucero que estaba considerado el mejor del mundo.

El “SS Andrea Doria” pertenecía a la “Societá di Navigazione Italia”, que tenía su base en Génova y era suficiente para navegar de puerto en puerto, por el Mediterráneo y el Atlántico, en una sola travesía,  que siempre finalizaba en Nueva York.

Solo cuatro personas conocían la muerte de Hellen: El camarero que atendía al matrimonio, Andrés Mouzo, un gallego de Noia. El segundo comandante del barco, Roberto Cervetto. El más veterano de los capitanes italianos, Piero Calamai. Y el marido de la víctima, Bernie Speer, arquitecto de esos que nunca pasarán a la historia por su obra aunque este sí por haber sido uno de los más fervientes admiradores de Hitler.

¡Ah! También el jefe médico, Adriano Canotte, conocía la muerte de la joven, pero no se atrevía a asegurar las causas…

—- Parece cosa naturale…

Fue lo que le contó al inspector Alfredo Bello, a quien se había asignado la investigación. Según su informe, los hechos ocurrieron así:

Declara Bernie Speer, que Hellen Heim ya no despertó la noche de autos, por lo que avisó inmediatamente al camarero que les prestaba servicio en su camarote. Este, Andrés Mouzo,  declara que ni siquiera vio el cadáver, que él se limitó a avisar al capitán del “Andrea Doria”, Piero Calamai. El marino da la orden de cerrar el camarote y trasladar al marido a otra dependencia, puesto que estaban a pocas millas del puerto de Vigo, por lo que decide pedir ayuda a la Policía Española, a través de su consignatario, Estanislao Durán e Hijos…”

—-  ¿Y desembarcaron el cadáver, no?

—- Sí, subieron a bordo varios detectives, inspeccionaron el camarote y luego dejaron que el barco siguiera rumbo a Nueva York, puesto que era la última etapa de la travesía.

—-  Porque no se trataba de un crimen, claro.

—-  Bueno, verás.

El informe de la autopsia, realizada por el forense adscrito al Juzgado de Instrucción, dijo todo lo contrario… Informó muerte por envenenamiento y todas las sospechas recayeron en dos personas: el marido, con móvil desconocido; y el camarero, que se había apropiado de uno de los anillos que guardaba la joven, al parecer de gran valor…

—- Hellen tomaba unas pastillas para dormir. Al principio se pensó en un suicidio… pero quedaban dosis médicas para un mes en su pastillero, por lo que no se pudo producir ingesta excesiva, capaz de causar la muerte.

Además, ¿Por qué se iba suicidar una joven rica que iba a conocer Nueva York y a quedarse a vivir en los Estados Unidos con el hombre de su vida?

La policía reclamó a Andrés Mouzo, el camarero sospechoso, quien se confesó autor del robo de un anillo…

—- Lo tomé porque era un anillo raro, de esos de colección… Tenga, yo no soy un ladrón.

El inspector Bello tomó aquel anillo en sus manos y lo llevó a la más prestigiosa joyería de entonces, que estaba en la calle Vázquez Varela, no solo para valorarlo sino para ver si aportaba algo a este caso.

El anciano joyero, le contó:

—- Este es un anillo hueco. Parece de la época nazi de los que utilizaron Hitler y sus hombres más cercanos para llevar veneno con el que poder suicidarse en caso de ser capturados por el enemigo…    

En aquel anillo estaba la clave de lo que podría ser un crimen o un suicidio…

—- Hellen Heim… Bernie Speer… Heim, Speer… En estos dos apellidos hay una clave. Seguro que la tiene la policía israelí…

En menos de una semana, el policía vigués recibió un teletipo de Tel Aviv en el que se le informaba de que “Hellen Heim era la única hija de Aribert Ferdinand Heim, uno de los dirigentes nazis a los que se acusaban de horribles crímenes contra los judíos y de los pocos que habían huido, sin que en la actualidad se conociera su paradero…”

Bello fue hasta Noia para encontrarse con Andrés Mouzo, aquel camarero al que, tras media vida navegando en el “S.S. Andrea Doria”, había tenido que dejar el buque acusado de robo…

—- Mouzo… ¿Cómo era el marido de Hellen? ¿Cree usted que se parecían?

—- Sí, diría que un poco. Él era mucho mayor que ella, como unos veintitantos años. Pero ahora que lo dice, sí se parecían…

—- ¿Podría ser su padre?

—- Tal vez…

—- ¿Sabía usted que el anillo era hueco, que era como una cajita?

—- No, no señor… Lo guardé, lo escondí en el fondo de mi maleta y no volví a verlo hasta que se lo entregué…      

Estaba claro que cuando el camarero robó el anillo ya no había en él veneno…

—- ¿Recuerda exactamente cuándo lo robó?

—- Después de servirles dos cóckteles a los señores, a eso de las ocho, una hora antes de la cena con el capitán…

EL UNICO NAZI QUE ESCAPO DE LA JUSTICIA

La obsesión de Felipe Bello fue siempre encontrar a Aribert Ferdinand Heim, nazi, médico y austríaco; el hombre que fue capaz de asesinar a su propia hija Hellen para poder huir de la justicia, que le achacaba haber pertenecido a la Schutzstaffel en el Campo de Concentración de Mauthausen-Gusen, donde mató y torturó a miles de judíos. Su especialidad, aplicar compuestos tóxicos en el corazón de sus víctimas mediante una inyección directa.

Aribert Heim fue uno de los nazis que huyó de la justicia.  Se supone que murió en 1992, pero nadie está seguro de este hecho.

En cuanto al “Andrea Doria”, cuando cubría su ruta 101 Génova-Nueva York, se hundió frente a las costas de Terranova al chocar con el trasatlántico sueco “M/N Stockholm” la noche del 25 de Julio de 1956. Perdieron la vida solo 51 personas: 46 que viajaban en el buque italiano y solo 5 de la motonave sueca.

El inspector Baladrón no salía de su asombro sobre la inteligencia demostrada por Felipe Bello, su compañero.

—- Felipe hizo un gran trabajo. Sin duda resolvió un caso que otro policía hubiera archivado…

—-  De Vigo se fue a Madrid y allí sí se especializó en asesinatos. Siempre estuvo considerado un gran detective. Creo que era de A Gudiña…

—-  Seguro que toda su vida sufrió como una losa sobre su cabeza esa imposibilidad de dar con el paradero de Heim…

Esta es la historia de un salvaje asesino que anduvo a su aire por la gran jungla humana. Y eso que dicen siempre que el mundo es un pañuelo.

(4) Comentarios

  1. ¡Qué historia! Desconocía que el hijoputa ese, que hace falta no tener entrañas para asesinar a su propia hija para salvarse él, se había escapado. A estas alturas ya habrá muerto, pero espero que de una enfermedad de esas horribles que le haya hecho sufrir lo mismo que hizo él a los judíos.

  2. No solo ese nazi anduvo por Vigo. Unos cuantos salieron por barco rumbo a América y estoy segura de que alguno vivirá tan ricamente en algún sitio paradisíaco que son de raza longeva.

  3. Esta historia la contaba mi abuelo, la de un nazi que se había escapado en un barco después ce cometer un crimen. También existe la leyenda que el propio Hitler no murió, sino que llegó a Vigo desde Barcelona para embarcar hacia América.

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