EL PLANETA NACIÓ DE LA VIOLENCIA

No te extrañes, entonces, que responda con agresividad climática al daño que le causa el ser humano. Cuando nos resta primaveras solo se defiende para impedirnos el disfrute del paisaje mágico que presiden los absolutos silencios. Todo debería transcurrir entre las playas vírgenes y las islas majestuosas de costa de arena y rocas esculpidas por las olas de ese mar infinito que las baña…  

—- Sin embargo ahora ese es el escenario donde bailan los temporales.

Aquellas dunas de mi juventud son paseos marítimos y las olas llevan y traen plásticos perdidos desde el litoral de edificios a las islas del parque. Apenas nos quedan aldeas marineras… y de las villas veraniegas el recuerdo nos llega a través de alguna fotografía antigua que nos hicieron los abuelos, cuando éramos niños. Es que las modas arquitectónicas, movidas por el dinero, confundieron progreso con hormigón.

—- Pero aún estamos a tiempo de reconciliarnos con la madre naturaleza.  

Sí, porque si no es posible recuperar algunos de los espacios degradados, aún podemos salvar los ecosistemas más representativos de la Galicia natural: costas, rías, ríos, lagunas… lugares con protección especial que representan casi el veinte por ciento de su superficie.

Verás. Si tomamos conciencia ecológica y nos basamos en las leyes actuales es posible que se detengan los intereses que causan el deterioro natural.  Por una parte podemos aferrarnos a la Ley de Costas, que data de 1988. Impide la destrucción medioambiental mediante la declaración de dominio público de las playas, marismas, acantilados y en general todos los terrenos costeros.

Además, la Ley de Conservación de la Naturaleza nos permite evitar abusos contra la biodiversidad y poder establecer un régimen de protección de nuestros recursos naturales, de nuestro paisaje.

Y pienso que  la declaración como Parque Nacional de las Illas Atlánticas ha sido uno de los logros más llamativos de una política medioambiental responsable. Porque Cíes, Ons, Sálvora y Cortegada siempre fueron la gran tentación para los especuladores y los políticos corruptos.

Las Illas conforman mis paisajes favoritos pero he de decirte que han sido sobradamente agredidas, sobre todo Cíes y Ons. Al margen de los grandes vertidos que contaminaron sus aguas y que todos recordamos con rabia -Prestige, Polycomander- fueron testigos mudos de batallas navales de muy antiguas guerras y hay pecios que así lo atestiguan.

Como el caso del “Barsac”, que navegaba los primeros días del año 1940 por el mar de Ons. Era un viejo crucero francés, que había sido reconvertido en patrullero y buscaba enemigos alemanes bajo las aguas de las islas. Europa vivía los años de la II Guerra Mundial. Una mala mar quiso que naufragara en la costa de la Onceta, que rodean rocas de aguja, y se hundiera para siempre en sus profundidades.

Pesqueros de Ons y de Portonovo rescataron a los supervivientes, pero muchos tripulantes perecieron ahogados. Algunos cuerpos fueron rescatados y enterrados en el cementerio vigués de Pereiró, en donde se hallan las tumbas de al menos ocho jóvenes marinos franceses.

Pero el Barsac, un buque de 1047 toneladas, dejó en el mar de Ons otra herencia: armas y municiones antiaéreas, piezas de gran calibre y abundantes minas antisubmarinos.

Aún no hace mucho tiempo que buceadores de la Armada española retiraron abundante munición de este pecio, descubierto por submarinistas aficionados. Desde luego, si no ocurrió un desastre mayor fue porque el Atlántico no lo quiso… aunque dicen que todavía quedan algunas bombas perdidas en las profundidades.

  

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