POR EL TRAYECTO DEL MIÑO

Esta semana quiero llevarte de excursión por la tierra verdescente a la que el bardo Pondal rindió honores en nuestro himno. Son esos hermosos lugares que nos dejan las mejores postales del más afamado, caudaloso y largo río gallego, el Miño, creador de la atmósfera húmeda que nos envuelve y espejo en el que se miran todos los paisajes. 

EL ORIGEN

Nace el Miño lento, vago, como si se conformara con permanecer remansado.  Aquí desconoce aún su rumbo que le llevará hasta su cementerio Atlántico después de fertilizar las más ricas tierras de dos provincias. Este es  el padre de los ríos gallegos a los que acoge en su seno fluvial, desde el norte hasta el sur, cuando nos separa del Portugal vecino.

Aprendimos cantando en las escuelas de antes que nacía aquí,  en Fontmiñá, espacio libre y misterioso, porque  no hay en él fuente si no laguna que refleja un bello paraje de prolijo tapiz vegetal.

Solo se respira en esta “Fuente Miña” la atmósfera húmeda de la gándara típica gallega, de hidrografía indecisa,  pero de perfecta y admirable belleza,  sobre todo en las estaciones de transición, en la primavera o el otoño,  cuando el verde boscoso vive las más llamativas degradaciones cromáticas y la laguna consigue su más vistoso color de plata.

POR LA BRITANNIA

En su trayecto inicial, el Miño atraviesa un territorio fulgurante y mágico, asentamiento que fue antaño de los bretones de la Britannia. Desde las cumbres de Meira se alcanza la calma de lo que conocemos, ya sabes, como el País de Maeloc.

Aquí abundan los paisajes de agua. Humedales y lagunas que prolongan su belleza más allá del curso de los ríos… Bardancos, Veiga de Pumar, Cospeito, Riocaldo, Lagoa do Rei

Tienen todos  nombres propios y en conjunto conforman la más grande e interesante zona húmeda del interior de Galicia.

Son lugares bien conocidos por las aves migratorias que los eligen para su descanso y disfrute, tras su largo viaje en busca de  un clima más cálido, cada vez que es invierno.

Hoy, reciben estos lagos la especial caricia de la luz otoñal  para mejor reflejar la extraordinaria belleza que expresa la geometría de los árboles de sus riberas.

POR LA RESERVA

El Miño es fuente de vida para la comarca que atraviesa y a la que cede su nombre. Gracias al río y a los espacios que baña, Terras de Miño es, hoy en día,  Reserva de la Biosfera, incorporada a la red internacional de zonas protegidas de la UNESCO. Y es la reserva más grande de España,  con sus 400.000 hectáreas, repartidas entre 26 municipios, lo que supone un 39 por ciento de la totalidad del territorio provincial lucense.

Pero es solo una pequeña muestra de la gran riqueza natural y de lo que el gran río nos descubre a su paso…

TRAS  LUGO

Más allá de las termas del César Augusto, busca el Miño los serenos espejos del agua mansa. Las aves vuelan sobre él. La estación sigue cálida, de verdes que nadan, de belleza sublime en los paisajes mil que el gran río enmarca con su vagabundo discurrir.

Hay  hermosos lugares un poco más allá del círculo mágico y urbano, donde el Miño va en busca de nuevas aventuras sobre la corriente de agua rebelde, nacida en las profundidades.

Impone su ritmo, porque el gran río vuelve a ser aquí espejo del alma de la tierra y se nos aparece otra vez, vivo o manso, hermoso, generando a su paso la vitalidad de un paisaje único. Sin embargo…

POR EL VIEJO PORTOMARÍN

Del Miño surgen aún fantasmas, en este otoño seco a pesar de las últimas borrascas y se nos ocurre buscar el paisaje del pasado.

Tiene Portomarín puentes de privilegio, desde los que la vista alcanza el misterio del pueblo sumergido, emergente hoy para permitir el relato. Todo este territorio, todo él, posee mucho de mágico cuando  sobrepasa la superficie del agua aquietada y se extiende sobre la piel verde de lo que debieran ser profundidades.

Evocamos entonces aquel año 63 del siglo XX, cuando las aguas del gran río  lo cubrieron todo, y todo quedó sumergido ante el asombro del paisaje convertido en lago.

Y volvemos a gozar de la misteriosa conjunción entre muerte y vida. A veces, cuando la lluvia no es suficiente surge de la imaginación del caminante, desde lo alto de la colina, ante la mera contemplación de la tarde: el gran misterio de lo que fue y de lo que pudo haber sido este paisaje de un pueblo fantasma.

EN LA RIBEIRA SAGRADA

El paisaje de la Ribeira Sagrada es la gran obra de la artesanía natural de Galicia y sin duda supone uno de los espacios más atractivos de la Península Ibérica. Las provincias de Ourense y Lugo se reparten este territorio, objetivo fundamental para los amantes del Turismo Cultural y de Naturaleza. Dos ríos, como sabes, el Miño y el Sil, son los principales protagonistas de tanta belleza.

La Ribeira Sagrada del Miño es todo hermosura en el municipio de O Saviñao. El río se encarga aquí  de ser el espejo del  paisaje más atractivo para que la perspectiva entusiasme mas al visitante, que se asombrará ante los meandros del río y se sentirá especialmente feliz ante la ilimitada belleza que contempla.

Además, O Saviñao debió ser el preferido por los monjes. Llegó a tener tres monasterios: el de San Vitorio de Ribas do Miño, del que solo se conserva su iglesia románica. El de San Pelaio de Diomondi, que fue uno de los más relevantes de la Ribeira Sacra. Y el de Santo Estevo de Ribas de Miño, con una esplendorosa iglesia románica, cuyo pórtico y rosetón se atribuye al Maestre Mateo, autor del Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago.

Entre Os Peares y Belesar, los dos saltos hidroeléctricos más emblemáticos de la cuenca del Miño, el trayecto del río es espectacular y se puede remontar en catamarán.  Al paso de la embarcación se aprecia bien el cultivo del vino, el magnífico bosque de ribera, el descenso de otros pequeños cursos fluviales y sobre todo, como se escondían los eremitas entre la vegetación, para construir sus conventos e iglesias.

También nos sorprenderán los pequeños pueblos de ribera, que se miran coquetos en el Miño; lugares donde reina la calma. 

UN RÍO TERMAL

Aunque Ourense mantiene oficializada una Ruta Termal que parte, como no podía ser de otra manera de las fuentes de As Burgas,  el Miño cobra un protagonismo singular en la ciudad porque es en las márgenes del río donde más abunda el agua caliente, entre A Chavasqueira y Reza, para deleite de quienes aquí habitan.

Las Pozas de A Chavasqueira o Baños del Obispo es un área de piscinas termales al aire libre, en un entorno delicioso. En el Campo de Santiago, también en la margen derecha del río, está el Manantial do Tinteiro, una fuente de aguas termales con propiedades curativas. La Burga do Muiño es una gran piscina termal, al aire libre, de uso gratuito, situada junto al Molino da Veiga, en Quintela de Canedo. Y el gran balneario de uso público es  la Burga de Outariz, que cuenta con seis piscinas termales y un conjunto de pozas exteriores, de uso gratuito.

Pero los balnearios abundan en la provincia de Ourense: los que se miran en el Miño, si seguimos río abajo, Laias y Arnoia.  

CON LEYENDAS

Dicen por aquí que la piedra calla, el vino habla y el agua sana. Piedra, vino y agua, son tres referencias mágicas de la Ribeira de Cenlle, que baña el Miño en el mar interior de  Castrelo. Es tierra legendaria posiblemente habitada por fantásticos seres que emergen como habitantes de aquel pueblo que el río sepultó bajo sus aguas, aunque la piedra calla esta historia de la era moderna y guarda en su grandeza  el secreto de O Castelo, que es yacimiento arqueológico también conocido como «Cova da Moura».

A «Moura» aparece en la leyenda como una bellísima joven, que está peinando sus largos cabellos al borde de la roca primigenia y acompañada de una loba. Bajo la piedra, a Moura esconde un tesoro con el que despierta la codicia del hombre al que enamora y rapta para siempre.

El vino, sin embargo,  nos habla de las legiones romanas que fundaron, en este lugar de O Castelo, la ciudad de Lais. Cuenta la historia, que Lais fue una de las más importantes explotaciones auríferas de la Gallaecia.

Y el agua, el agua del Miño, era especial para los celtas invasores de la ciudad de los «turodos», la Aqua Lai que cautivó al poeta Flavio Dextro. Tal vez porque este fue y es un espacio de resurrección: que cuando un niño celta enfermaba, se le traía a este Miño y se le bañaba con una camisa puesta. Después, esa camisa se arrojaba corriente abajo. Si flotaba, la curación no tardaría en llegar, pero si se hundía… la muerte estaba próxima.

En la actual Laias, que es  la antigua Aqua Lai,  está el agua que sana, que es Villa Termal moderna y apreciada por sus manantiales.  Aquí el agua viaja por todos los cuerpos… Se filtra a través de ellos y  destruye sus males. Los moldea como bálsamo que cura y cauteriza las heridas.

FRATERNAL

Tras el lugar donde se esconden las termales aguas y una vez superado el Mar de Filgueira, el Miño escribe su trayecto por pequeños paraísos escondidos, nacidos para huir de la modernidad urbana. Sigue su propio ritmo.

El del agua que supera el vértigo del salto de Frieira en pos de la corriente y navega con ella en busca de la aventura compartida. Porque el  río es aquí espacio común y genera Portugalicia.

Te estarás preguntando… ¿Y eso que es?

Portugalicia es un estilo de vida, fronterizo y emocionante, desde aquellos tiempos casi inmemoriales, solidarios, románticos… De hambre, contrabando y rebeldía. Años de dictaduras a uno y otro lado del río. De espaldas mojadas. De silencios compartidos. Años de exilio y emigración obligatorios.

Hoy en día, quienes habitamos estas ribeiras gustamos de llamar Portugalicia a esta región euroatlántica, de riqueza conquistada. Porque el Miño crea un espacio común, de aventura deportiva, de lampreas en viaje nupcial, de agua viva que fertiliza el valle del vino, de refrescante playa fluvial, de paisaje exquisito, de cultura y de ocio.

Así, lo que antes era frontera, es el actual nexo de unión de los territorios de Galicia Sur y Portugal Norte. Del Baixo Miño gallego y del Alto Minho portugués. De la eurorregión…De Portugalicia.

…Y EL ESTUARIO MAGNÍFICO

Desde el Monte Tecla se obtiene el plano cenital que nos incita a volar como las aves por el estuario magnífico en busca de los espejos de plata y de las islas pequeñas que configuran el mejor paisaje del Miño. En sus ribeiras, se nota el respeto al medioambiente y el interés ornitológico de este lugar.

Desde el aire bien se ve como este Miño es el espejo mágico de la vida.  Acompañando a las aves que vuelven, el sol provoca mil estrellas cuando baila sobre el lecho del río.

Desde Camposancos, navegando sobre el Miño,  cara a la Canosa y a la Morraceira, dejamos la portuguesa Caminha a nuestra derecha y el Tecla a nuestra espalda.

Desde la ribeira de Tabagón, el agua refleja los cielos limpios y las flores de cristal de la Isla do Amor.

El paisaje fluvial-marítimo de la desembocadura del Miño, te ofrece dos grandes contrastes: la playa que nace en el río pero con vocación marina y  los acantilados más bellos con permanente olor a salitre en cada imperfecto rincón de esta orilla atlántica,   toda una sucesión de rocas envueltas en el rumor mágico de las olas que cantan.

Entre uno y otro paisaje,  tendrás que salvar o admirar el gran obstáculo de La Boca, el sagrado lugar donde el río se entrega al océano,  que es su morir.

(7) Comentarios

  1. O que ten o Miño e que non deixa indiferente a ninguén pola varidade de paisaxe que ofrece no seu percorrido. Eu vexo moi acertada a idea de facer un gran sendeiro desde Fontmiñá ata A Guarda. Daría un bó resultado turístico.

  2. Lo más bonito que pinta el Miño es su tramo final, desde el Salto de Frieira hasta su desembocadura. Al menos desde ahí, sí se debían hacer senderos.

  3. Es una excelente manera de dar a conocer la riqueza paisajística del Miño entre Fontimiñá y A Guarda. Yo conozco casi todos esos lugares y os recomiendo que sigais al río porque hay lugares realmente sorprendentes, de gran belleza y con grandes sorpresas culturales.

  4. Tengo el privilegio de contemplar el paso del Miño desde mi ventana, en Rivela, pero este recorrido es impresionante. Así que aplaudo la idea de hacer un gran sendero, porque sería una importante fuente de ingresos para zonas dejadas de la mano de Dios.

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