RODRIGO VARELA, IN MEMORIAM

* En la hora de la muerte de un periodista.

Por Eugenio Eiroa

Hay días en que el despertar se hace especialmente estúpido. En que mejor sería seguir durmiendo unas horas más y no enterarse de nada. Pero claro… te llama un amigo y te dice…

—-  ¿Te acuerdas de Rodrigo Varela?

—-  ¡Cómo no voy a acordarme…!

—- Pues ha muerto: un cáncer, ya sabes, 7 años peleando con él y… se acabó.


Una vez finalizada la llamada que recibo casi para empezar el día, me siento un rato. Y claro, me digo…

—- ¡Otro más! A este paso, cada vez me quedarán menos referentes, si es que Dios no me llama también a hacerle compañía antes de tiempo…

Finalmente, no pienso en mí. Pienso en Rodrigo Varela ¡Qué buena persona, qué personaje tan entrañable y… qué maestro, que para mí también lo fue!

Este Rodrigo Varela Rodríguez, del que te hablo, era un tipo muy culto; un periodista muy pulcro en todos los sentidos; un gran periodista. Y no lo digo porque hubiese sido director de un porrón de medios: El Correo Gallego, la Hoja del Lunes, Atlántico Diario, la delegación en Vigo de La Voz de Galicia y Antena 3 Radio… podía no haber sido director de medio alguno y, sin embargo, habría sido un periodista como la copa de un pino, que lo fue siempre.

Y es que cuando no era director, era cuando más brillaba en aquello que llevaba su sello personal, porque tenía más tiempo libre y era entonces más feliz, para leer -que era su gran pasión-, para escribir magníficos artículos con su tan peculiar como nunca hiriente estilo -y sin embargo atractivo para el lector-, para plantar unos pimientos y hortalizas en un huerto que se había montado en Gondomar; para pasear con Toñi, su mujer, a la que tanto amó siempre… y para demostrarnos mil veces, a los que fuimos sus compañeros de trabajo en diversas fases de su vida, que también podíamos ser excelentes amigos.

Fui compañero de este maestro del Periodismo, tanto en la Redacción de Deportes de Faro de Vigo, como incluso después en la Redacción de Local del mismo diario. Estuve a sus órdenes, lo cual fue motivo de aprendizaje constante y, al tiempo, un auténtico placer, dada la enorme calidad humana que Rodrigo Varela atesoraba.
Cuando dejó “Faro de Vigo” para dirigir todos los intereses de La Voz de Galicia, en la delegación viguesa de la calle Uruguay, Rodrigo me ofreció allí un puesto de trabajo muy especial y mucho mejor remunerado que en el “Faro”. Comesaña Sieiro -uno de los dueños- y Posada Curros -gran mentor de la cúpula del rotativo vigués- me convencieron para que no me fuese con Rodrigo. Pensé que este, ante el “no” por mi parte, dejaría de ser mi amigo. Entendió mis razones, respetó mi decisión y me siguió respetando enormemente siempre. Rodrigo era así, un señor, un caballero, una persona íntegra y de grandes principios morales; pertenecía a una especie que, por desgracia, no abunda en el Periodismo.

Me duele mucho la muerte de Rodrigo Varela. Me impacta en la hora de mi jubilación.  Quiero reivindicar su figura, su excelencia.


Rodrigo Varela era un tipo que merecía la pena. Siempre le admiré. También por su especial filosofía de Vida ¡Cuantos lunes en la Redacción de Deportes del Faro de Vigo compartimos mesa y mantel, en el bar “Cándido”, en Chapela de abajo, choquitos en su tinta y aquella carne asada que sabía a gloria, mas la tarta de galletas increíble que allí hacían y el “Farias” (hecho en A Coruña) que siempre exigía…! ¡Cuántos lunes, siempre con él, muchos de ellos también con otro gran amigo: Laureano Martínez “Derviche”! Los tres alineábamos en aquella Redacción de Deportes donde Rodrigo era el jefe, pero… antes que nada un gran amigo.
¡Qué gozo era oírle narrar situaciones, conversar de mil cosas, compartir aquel café y aquella copa de hierbas!

 Ahora, Rodrigo está ya en los Campos del Señor. Y a su llegada, seguro que Derviche le habrá abierto la puerta y le habrá puesto al corriente de lo habido y por haber, soltándole alguna de sus frases de siempre, mitad ironía, mitad broma, mitad ingenio…
—¡Machiño, para andar como andabas tu en estos últimos años, mira, lo mejor es que te hayas venido para acá. Es muy diferente… es como cuando comíamos en el “Castelao” aquel de enfrente y cuando lo hacíamos en el “Cándido”, ¿Te acuerdas?. ¡menuda diferencia! Así que no te pese, aquí vas a estar bien y aquí, al final, vamos a estar todos, tarde o temprano… ¡Venga, un abrazo Rodrigo, ya me preguntaba yo qué había sido de ti!

Rodrigo Varela, Derviche, Manolo Tourón, Guillermo Cameselle, Braulio, Armesto, Manolo Comesaña, Posada Curros… ¡Cuántos referentes de aquellos tiempos de aquel inolvidable “Faro de Vigo” que se han ido ya! ¡Que Dios, a todos, haya perdonado sus faltas y acogido en su seno!


Y a Rodrigo, singularmente; aunque siendo como en vida fue, poco o nada tendrá Dios que perdonarle. Si acaso será Rodrigo quien habrá de perdonarnos a nosotros, a los que en algún momento no supimos estar a su altura.

Un abrazo eterno, para el gran maestro, para el amigo inolvidable Rodrigo Varela (paz a su alma). Vivirá siempre, mientras le tengamos en el recuerdo. Y otro abrazo muy especial a toda su familia.

eugenioeiroa@gmail.com

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