LOS VECINOS DE PORTO QUIEREN SER GALLEGOS

—- ¿Y qué dicen tus amigos de todo esto?

—- ¡Ah! ¡Mis amigos! ¡Aquellos de toda la vida han perdido la memoria! Pero aún así, pese al olvido de los olvidadizos, nunca dejaré de amar a esta patria por ellos relegada, que ya no les mueve a ninguno el amor por las cosas sencillas que rodean una aldea de paz; incluso han perdido el gusto para poder apreciar la humildad de un paisaje interior. Por eso he rechazado ya hace tiempo sus honores, aunque insistan en llamarme maestro.

—- Habrás perdido interés para ellos…

—- Porque, como jubilado, ya no puedo responder a sus intereses.

—- Te estás haciendo viejo…

—- ¡Y tú también! ¡Todos, tarde o temprano, nos hacemos viejos!

Hasta los pueblos envejecen y cuando las grietas arrugan el rostro de las casas levantadas con el sudor de los abuelos de estos abuelos… ocurre que nadie les presta la atención merecida no solo por tantos años de sacrificio, sino porque la aldea centenaria está insertada en el paisaje que esconde el corazón de la naturaleza más viva.

Sé de un lugar en donde el olvido oficial dejó que las hierbas se comieran la vieja carretera asfaltada y así lleva ocho años mientras sus doscientos vecinos esperan que sus políticos se gasten once millones de euros del cuantioso presupuesto autonómico para que puedan comunicarse con el resto del mundo. Se llama Porto y es una maravilla serrana de la alta montaña zamorana.

Los políticos de Castilla y León y también los de Zamora, supuestamente gente amiga, les abandonaron.

—- ¡Son pocos votos para tanto gasto!

Claro. Esa es la cuestión. Por eso hicieron un referendo para anexionarse a Galicia y eso votó la mayoría, harta de promesas.

Pero… a los vecinos de Porto les diría yo que no busquen tal solución porque les dejarán sin carretera y si me apuras sin cartera. Que no tienen más que organizar una excursión por la extensa ruralidad gallega para darse cuenta de que en todas partes cuecen habas.

También en aquí, en la Galicia única, hay aldeas maravillosas, incluso escondidas en la cercanía urbana, con enormes socavones en sus pistas asfaltadas que esperan ser reparadas desde hace una década.

Digo esto por no contar las vergüenzas de cientos de pueblos que se han quedado solos porque ni siquiera hay un plan para la revitalización rural de un país que presume de la belleza de sus aldeas abandonadas por sus viejos habitantes, por sus viejos muertos y por sus jóvenes emigrantes.

El rural del país está como hace un siglo…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *