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ABANDONADOS EN EL YEMEN

Dos años alejado de su familia. Once meses retenido en el buque Cobija, acusado por Australia de pesca ilegal. Olvidado por las autoridades consulares españolas de Riad (Arabia Saudí). Y ahora, a expensas de los tribunales de un país dividido y en guerra.

Por Antón Luaces

La suerte del capitán gallego del buque Cobija no cambia, a pesar de los intentos de su familia y el sindicato Confederación Unitaria de Traballadoras (CUT), implicados tan solo, en este momento, en la repatriación de Pablo Costas Villar, retenido a bordo del citado buque desde hace once meses en el puerto yemení de Al Mukalla y que no ha mantenido contacto personal con su familia de Bueu (Pontevedra) desde hace dos años. 

La situación del capitán y sus compañeros de tripulación (32 en total: indonesios, senegaleses, namibios y peruanos, además del citado español) es extrema: carecen de agua y alimentos, y no existe ningún tipo de conexión en este momento entre la Dirección General de Españoles en el Exterior y Asuntos Consulares, ni las oficinas consulares que, en teoría, representan diplomáticamente a España en Yemen: Riad (Arabia Saudí), Mascate (Omán) y El Cairo (Egipto).

Pablo Costas Villar salió a faenar en diciembre de 2019. A sus 54 años permanece a bordo del Cobija desde el 26 de septiembre de 2020. En la actualidad y desde hace casi una semana, malvive con sus compañeros en el puerto yemení de Al Mukalla. Están acusados de realizar pesca ilegal y su supuesto armador somalí parece haberse desentendido del navío y sus tripulantes. Sólo 1 de los 33 inicialmente a bordo ha podido abandonar el buque y el país: un ruso al que su embajada rescató mediante el uso de un helicóptero. Según fuentes consultadas, se trataría del verdadero capitán del Cobija. La mismas fuentes aducen que Pablo Costas Villar era, hasta el momento de la marcha del tripulante ruso, el patrón de pesca del Cobija y ahora se ve forzado a asumir la doble responsabilidad, motivo por el que recae sobre él todo cuanto tiene que ver con la tripulación, el estado del buque y la pesca que, congelada, pueda quedar a bordo.

Al parecer, el Ministerio de Asuntos Exteriores español mostró en su día su “preocupación” por la que calificó de “grave situación descrita por Pablo Costas Villar”, pero más allá no se ha llegado. Según algunos medios de comunicación, el futuro del capitán gallego se encomienda a que “se resuelva el proceso judicial” en el que está metido: responder con pruebas a una acusación de pesca ilegal, acusación que ha partido de las autoridades marítimo-pesqueras de Australia. Todo esto, en un país, Yemen, que desde el año 2014 no puede garantizar absolutamente nada debido a la cruenta guerra civil en la que se halla inmerso.

Una patrulla australiana abordó el Cobija a 500 millas de la costa de Australia. Querían constatar la situación del buque en función de registros, certificados y permisos, pero no se detectó nada ilícito, según había expresado el responsable de la CUT, Manuel Camaño. Pero en junio de 2020, cuando se realizó esa inspección, esta fue incompleta. El buque no enarbolaba bandera ni aparecía en su casco resto alguno de marcas o registro. El capitán -no se especifica si Costas Villar u otra persona- informó que el Cobija estaba registrado en Bolivia. Sin embargo, las autoridades de este país aseguraron que no disponían de evidencias de tal registro en el país suramericano. En el puente del pesquero fueron halladas banderas de Angola, Bolivia, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Guinea Ecuatorial, Indonesia, Italia, Malasia, Mozambique, Myanmar, Namibia, Panamá, Perú, Singapur, Sudáfrica y España, detalle que ha levantado -si no las había ya- sospechas en torno a actividades pesqueras no legales. La indolencia o ese “ir al tran-tran” de las autoridades diplomáticas españolas, ¿podrían guardar alguna relación con esa supuesta pesca ilegal del Cobija? El tiempo lo dirá. Pero es el tiempo el que le falta al marinero gallego, desesperado ya por tan larga retención en Yemen y sin visos de una solución a su problema en el corto plazo.

El pesquero, de 52 metros de eslora, fue construido en 1973. Siempre en alta mar, el cambio de titularidad de la armadora -actualmente somalí- se produjo cuando, como casi siempre, el Cobija navegaba. La primera orden de la patronal fue poner proa a Yemen, y el 26 de septiembre, fondeó cerca de la costa de Al Mukalla. Fue aquí donde se supo de la existencia de una orden de detención emitida por la Interpol y cursada por Australia. El motivo, práctica de pesca ilegal. Sobrevino una condena de tres meses de retención del capitán que fue suspendida al poco tiempo. Desde entonces, un mar de dudas y desconcierto. No hay ayuda humanitaria, los tripulantes se han quedado sin víveres y sin agua potable.

Y, lo que es peor: sea o no culpable de pesca ilegal -delito que debe ser demostrado también-Pablo Costas Villar es un español por el que las autoridades españolas deben velar. Pero en un Estado sin Estado, nadie garantiza que se pueda llevar a cabo una acción diplomática que, al tiempo que aclare si existe o no responsabilidad del capitán Costas sobre esa presunta pesca ilegal, permita que se le apliquen todas las seguridades jurídicas inherentes a un caso de esta envergadura y con un marinero español de por medio.

ANTÓN LUACES