galiciaunica Un recorrido semanal por la comunidad autónoma de Galicia, España.

ALFONSO ARMADA, EL MARQUÉS

Estos días se habla del importante papel que ha tenido el rey Juan Carlos I en la Transición española y especialmente en el golpe de Estado de 1981. Hubo entonces, inexplicablemente, un afán especial de sobrevalorar la figura del monarca por encima de los líderes y los partidos políticos. Algunos periodistas independientes -entre los que me incluyo- nunca lo entendimos. En la actualidad existe una clara intención de compensar los delitos del “demérito” con esos hechos que se tergiversaron para no dañar mas la Corona como institución; pero es que, a uno como gallego le duele ver como en su tierra se vitorea a un rey que resultó ser un delincuente. Por eso esta vez creo que es saludable para todos que publique hoy la última entrevista que el general Armada me concedió en su pazo. Si bien es verdad que no aclara todo poniendo los puntos sobre las íes, sí deja claro lo que pasó en el palacio de la Zarzuela entre las diez de la mañana y la una de la madrugada del 23 de febrero de 1.981, cuando el Congreso de los Diputados fue asaltado por el coronel Tejero y sus guardias civiles.     

MI ÚLTIMA CONVERSACIÓN CON EL SEÑOR DE LAS CAMELIAS

Murió de una enfermedad mala, como la gente decía que era él, pero a mí nunca me lo pareció. Porque el ex general Alfonso Armada Comyn sabía obedecer y obedeció a su “ELEFANTE BLANCO” hasta el último momento; es decir, hasta aquel domingo en el que viajó al Espacio y muy pocos militares recordaron que había sido uno de los suyos. Le entrevisté en su hermoso pazo de Santa Cruz de Rivadulla, donde lloran su partida millones de camelias de todos los colores. Solo las camelias le han comprendido y él les devolvió el cariño creando uno de los mayores y más atractivos viveros de Galicia.

—- Yo fui al Congreso de los Diputados, el 23-F, no a tomar posesión como nuevo presidente del Gobierno golpista, como se dijo… Fui a convencer a Antonio Tejero para que depusiera las armas y dejase en libertad a todos los diputados…

Me lo contó hace quince años, frente a la capilla de la Santa Cruz como si quisiera poner por testigo a Dios de aquella revelación.

Ya no le importaba mucho que le creyera yo. Él, que había sido general de División, miembro del Estado Mayor del Ejército y Secretario de la Casa Real, era ahora un ex condenado a 30 años de prisión.  Lo sentenciaron unos jueces de derechas, militares como él.  Y, eso sí, gozó del indulto de un presidente socialista, Felipe González, que lo devolvió a la sociedad en 1988, el día de Nochebuena.

“EL REY Y YO, POR AQUEL ENTONCES, HABLÁBAMOS DE TODO”

Su situación personal, a su edad, cuando ya se fatigaba por el Paseo de los Olivos del Pazo, le preocupaba poco… aunque si sabía quién le había traicionado.

—– Posiblemente fue el que contestó a aquella llamada desde Zarzuela: “El general Armada no está ni se le espera”.

—– ¿Quién? ¿El ELEFANTE BLANCO?

—– Si no fue él, alguien que obedeció sus órdenes…

Comenzó a caminar hacia el Sotobosque del Pazo, con la cabeza en alto, presumiendo de ser un Marqués de aquella Corte del Rey Juan Carlos I como para tapar estas palabras suyas… pero insistí.

—– ¿Es el Rey el ELEFANTE BLANCO?

—– Si se fija, esos helechos son únicos en Galicia. Solo la humedad justa que le proporciona este salto de agua los hace así…

—– Usted estuvo con el Rey más de una hora, el 6 de Noviembre, en Baqueira Beret… ¿Qué le contó?

—–   El Rey y yo, por aquel entonces hablábamos de todo…

—–   Incluso de un golpe de Estado…

—– Le digo que está usted en uno de los lugares de mayor valor ecológico de Galicia, pero poca gente es capaz de apreciarla…

—–   Mis fuentes me dicen que usted volvió a estar con el Rey dos horas, en solitario, dos o tres días antes del 23 de Febrero de 1981…

Y ya me contestó claramente:

—– Mire usted ni voy a hablar del Rey ni del ELEFANTE BLANCO, así que no siga usted por ese camino porque no le voy a contestar.

“NO ME HAN DEVUELTO EL HONOR”

Entonces fuimos al vivero de camelias del que me habló largo y tendido, así como de la vida que llevaba…

—– Vivo a caballo de este pazo y de Madrid. El vivero da lo suficiente para mantener esto. Yo no podría pagarlo.

Me di cuenta de que era espectacular. ¡Yo que sé los árboles que allí había! El otoño avanzaba y estaban todas las camelias con capullos…

—– A mi me encantan las camelias…

—– Pues llévese una si tiene donde plantarla y se acordará de mí, que poco tiempo me queda en este mundo…

—– Aun tiene usted que dar mucha guerra, don Alfonso… Por cierto, ¿No echa de menos la vida militar?

—– No, porque no me han devuelto el honor…

Alfonso Armada me miró fijamente y añadió:

—– Aunque en estos tiempos… Poco importa el honor… ¿Verdad?

—– Sí importa, general. El honor es lo último que se pierde.

Recuerdo el Juicio. España vivía los albores de la Democracia y Armada fue acusado de rebelión, delito que negó haber cometido con insistencia, incluso cuando accedió a ser entrevistado por medio mundo, al cumplirse el 30 aniversario de aquel golpe.

El consejo de guerra se inició a las 10 de la mañana del 19 de febrero de 1982, en Campamento, Madrid, en la sede de lo que era el Servicio Geográfico del Ejército. 33 militares habían sido imputados por acceder con violencia al Congreso de los Diputados y mantener retenidos durante toda una madrugada a todos los parlamentarios, entre los que se encontraba el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez que iba a ceder el poder a Leopoldo Calvo Sotelo, también de la UCD.

El juicio duró 50 sesiones y el sumario supuso 13.000 folios de investigaciones. El Tribunal condenó a 21 de los 33 militares procesados por rebelión y también a un único civil, Juan García Carrés, acusado de un delito de conspiración.

—- Pero usted no fue el ELEFANTE BLANCO el 23 F del 1981, ¿Verdad general?

—- Ya le dije antes que yo solo fui al Congreso a intentar liberar a los diputados. ¿Cómo iba a ser yo el responsable de aquel montaje? ¡No tenía autoridad para ello! ¡Ni siquiera era un militar altamente valorado!

Aquel día, con un sol espléndido pero una temperatura gélida, -curioso, pero era Noviembre del 2009- me fui de Santa Cruz de Rivadulla convencido de que Armada poco había tenido que ver con aquel golpe por el que le condenaron a él como “jefe de aquel ejército de liberación nacional”, que decía Tejero.

Alfonso Armada Comyn, el que fuera general de División, miembro del Estado Mayor del Ejército y Secretario de la Casa Real, murió a los 93 años de edad en Madrid, llevándose a la tumba el gran secreto de aquel intento de golpe de Estado.

Ya no se revelará jamás la identidad del ELEFANTE BLANCO… pero a muchos nos viene a la mente -estos días de tantos vítores en Sanxenxo- un rey “demérito” que tardó catorce horas y media en desautorizar a unos cuantos militares franquistas. Juan Carlos I no sería el ELEFANTE BLANCO… pero se pensó demasiado la condena de aquel golpe.

Xerardo Rodríguez