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ASEDIO AL PERIODISMO

Un editorial de La Nación de Costa Rica denunciaba hace tiempo la existencia de un grupo de estadistas dedicados a intimidar a la prensa americana con el diseño de un ordenamiento jurídico a su conveniencia, para blindar la crítica a los gobernantes. Llegaba a esta conclusión tras la reunión en Lima de la Sociedad Interamericana de Prensa cuyas conclusiones afirman que el colectivo periodístico sufre el asedio de la política e incluso del narcotráfico.

No es nuevo. En la América gobernada por el autoritarismo siempre hubo ilícitas presiones sobre el periodismo independiente. Primero por parte de los grandes grupos económicos afines al poder, con métodos menos violentos, pero igual de efectivos.

Las “mordidas” y el puro negocio mediático para el “patrón” acabaron hace tiempo con la esencia del periodismo, el que nos enseñaron los viejos maestros, el de la investigación y la denuncia.

Lo de ahora, sin embargo, es mucho más grave.  Ya no solo se refiere a la ética perdida, si no que significa muerte.

El crimen organizado y el narcotráfico se han convertido en protagonistas de la censura y matan periodistas. En los últimos meses, solo en México y en Honduras, perdieron la vida diez redactores de diferentes medios de comunicación. Fueron sentenciados por las mafias a golpe de teléfono y con la garantía de una máxima impunidad para los asesinos.

Periodistas de Brasil, El Salvador, Perú, la República Dominicana, Colombia y Guatemala perecieron también a manos de los violentos; y otros, para evitar las balas de la muerte, han abandonado sus países, sus regiones, sus ciudades…

También me parece grave imponer la ley del silencio en base a un nuevo ordenamiento jurídico, cuyo objetivo es acabar con la libertad crítica de los medios de comunicación, casos que se denuncian en Venezuela y en Ecuador.

En este último país, tres editores y un columnista de El Universo de Santiago de Guayaquil fueron condenados a tres años de cárcel, cada uno, y al pago conjunto de 40 millones de dólares.

Dicen mis fuentes que continúan en estos países las detenciones arbitrarias, el exilio y la violencia estatal.  Al parecer utilizan la presión más sutil de las querellas judiciales y las sanciones desproporcionadas, a cargo de tribunales comprometidos con el oficialismo.

Parece que la caza del periodista sea de la forma que fuere, está de moda en todo el continente americano.

Y -de corazón lo escribo- lloro por un pueblo al que amo.  Porque nunca será realmente libre mientras la libertad no se imprima, no se la cuente una voz al viento o no se vea a través de ese electrodoméstico al que llamamos televisor.