galiciaunica Un recorrido semanal por Galicia, España.

EN LA MUERTE DE MANUEL SIRERA

EL TENAZ VIGUÉS QUE ACABÓ TRIUNFANDO EN LA MÚSICA LÍRICA

Por Eugenio Eiroa

Murió Manolo Sirera, el vigués que fue gran cantante lírico. Tenía solamente 69años. No es edad para morirse. Pero cuando vienen torcidas… vienen. 

A los de Vigo, el nombre de Manuel García Sirera, «Manuel Sirera» en los carteles de sus recitales, Manolo Sirera, como le decíamos los amigos, nos dice mucho. Y más al recordarle en esta hora de su -para nosotros- inesperada muerte.

Su padre fue un personaje muy popular en la ciudad de Vigo: tenía un pequeño negocio fotográfico, en el interior una pequeña galería comercial (que daba a la calle con una pastelería -«El Molino»- de inmejorables dulces a la venta diaria; y que tenía también una concurrida cafetería al fondo: «el Teide»). Manolo Sirera creció así entre líquido revelador, papel fotográfico y un peregrinar diario de gentes que allá iban, a Colón 30, para hacerse las fotos para el carnet de identidad, pasaporte o carnet de conducir. «La Meca» en Vigo para ese tipo de fotos, en la juventud de Manuel García Sirera, era el pequeño establecimiento de su padre, el popularísimo «Foto Pim-Pom».

Ahí, en el pasillo comercial aquel de Colón 30, conocí yo a Manolo Sirera y a su hermana -que poco a poco fue sucediendo al gran Jaime «Pim-Pom», como cariñosamente se le conocía, un personaje entrañable, en el Vigo de aquel entonces. Eran los tiempos en que «Vigobazar», en la misma acera de la calle Colón, un poco más arriba, era el colmo de la elegancia para vestir a los hombres…

Aquel joven Manuel Sirera, un día, me dijo que quería ser cantante lírico. No le di mayor importancia, hasta que muy pronto le vi anunciado en un cartel de un recital. Más adelante, cuando este humilde cronista andaba entre magnetofones y micrófonos, se me presentó en la Radio con unas grabaciones… Yo sabía que el andaba ya por ahí, intentando dar recitales donde le dejaban, abriéndose paso a codazos si menester fuere -dicho sea gráficamente y con la mejor de las intenciones-; a veces hasta suplicando una oportunidad… Territorio tremendamente difícil el que había elegido.

Quedamos -aquella primera vez en la Radio- para el día siguiente, para hacerle una entrevista en directo. Pero en las horas previas a esa cita, pude escuchar con atención aquellos registros, aquellas interpretaciones suyas que me había traído el día anterior. Cuando llegó la hora de la entrevista, recuerdo bien, le dije en antena: 

— Vas a hablar poco, querido Manolo; es mejor que cantes, es mejor que cuanto antes nuestros oyentes sepan lo mucho que vales… 

Y medio Vigo, aquel día, se entusiasmó y se sorprendió escuchando cómo cantaba Manuel Sirera aquellos temas de Ópera y Zarzuela.

Duró poco tiempo afincado en Vigo. Galicia no daba respuesta adecuada a sus sanos afanes de llegar lo más lejos posible. Le contrataban, pero era un tanto a cuentagotas. Y Manuel quería vivir de la Música, quería triunfar con la Música, creía en sí mismo, tenía una gran autoestima y eso, precisamente, fue lo que hizo que no se amilanase, cuando desde Madrid le propusieron que se afincase allí:

—Vas a poder atender igual los compromisos que te surjan en Galicia, pero vas a poder optar a mayores oportunidades; y vas a crecer como artista… cerca de los centros de decisión.

Fue así cómo Manolo Sirera pasó a vivir en Madrid ya muy entrados los años 80 del siglo pasado, sin olvidar nunca a su Vigo, a su Galicia del alma. Y ahí cambió su vida. De aquel gran cantante que era… pero nunca suficientemente valorado, Manuel pasó a ser artista ya considerado en amplios ámbitos, tenido en cuenta a la hora de elaborar programaciones por los agentes culturales… 

Ya no era aquel que actuaba con calzador en centros y obras sociales de las Cajas de Ahorros, o en las fiestas de determinados lugares; entraba por derecho propio en las programaciones estables, actuaba en las televisiones, era muy respetado y finalmente valorado ya.

Luego, cada vez que venía a Vigo, a Galicia, aunque fuese por poco tiempo, jamás dejaba de llamarme:

—No pienses nunca que te llamo para buscar una entrevista en la Radio. Llamo para saber cómo estás, para tomarnos un café juntos…

Era así. Agradecido siempre. Porque ya entonces no necesitaba de entrevistas en la Radio local. Pero claro, era un vigués que triunfaba por España adelante… y no aprovechar para entrevistarle habría sido craso error por mi parte.

—Lo siento, amigo, te quiero a tal hora en los estudios de la Radio. Y si a esa hora no puedes, vemos de grabarlo antes y en paz. Pero ya que vienes a tu tierra, te toca pagar el tributo de pasar por la antena que, cuando empezabas, te dio a conocer…

Y de mil amores venía. Agradecido siempre. Buena persona, afable, espontáneo incluso pero siempre tremendamente correcto. De casta le venía al galgo… aquella cercanía que su padre, Jaime, tenía y que valoraban tantos vigueses durante años y años, en cierta medida se reflejaba en el hijo, en Manuel García Sirera.

Manolo Sirera actuó en muy numerosas ocasiones en Vigo -gran recital en Castrelos también- y en Galicia. Hasta llegó a poner música a una letra de Luis Rodríguez, titulada «Himno a Vigo» y que el legendario concejal Leri luego tarareaba cada dos por tres entusiasmado por lo que representaba para el «viguismo» que predicaba entonces.

Pero no hay duda de que Sirera, a lo largo de décadas como cantante lírico, hizo cosas más importantes. Sus interpretaciones de clásicos de la Ópera de todos los tiempos, clásicos de la Zarzuela (que tanto apasionaban a su padre, Jaime), incluso de canciones universales de música ligera, rayaron siempre a gran altura. Lo mismo sucedió con temas populares gallegos o canciones especialmente compuestas: «Galicia Terra Única», «El Cantar del Peregrino» y muchas más a las que puso notable voz y brillante interpretación.

Tenía antecedentes musicales en su familia: la soprano Ana María Olaria le había ayudado a entender que aquel elegido no era un camino fácil, al tiempo que le orientó notablemente y le dio clases de canto. Por otra parte, Sirera, en la recta final de su vida ha tenido la satisfacción enorme de ver y comprobar el crecimiento como cantante de su hija, la vocalista Rebeca Rods, que hereda -aunque en otra faceta musical- sus innegables virtudes y condiciones.

Tres décadas viviendo profesionalmente de la Música y como cantante lírico atestiguan que Manolo Sirera logró -muy merecidamente- el objetivo que se había propuesto. Su calidad, pero sobre todo su tenacidad asombrosa, le llevaron a superar muchas dificultades y no pocas zancadillas. Unos 900 conciertos en diversas ciudades de Europa y América quedan atrás, varios discos grabados con célebres temas de Ópera, Zarzuela, Músicas de todos los tiempos, intervenciones en numerosos programas de Televisión y Radio. Llegó a grabar en 1999 el Himno del Xacobeo («El Cantar del Peregrino»)…

Recuerdo muy bien aquella mañana del 2.002 cuando se presentó en la Redacción de la Radio, en Vigo. Acaba de llegar de Madrid en el primer avión del día. Traía bajo el brazo 4 ejemplares de un Cd excelente, todos dedicados, todos personalizados, con el nombre y apellido de cada uno de los periodistas que allí estábamos. 

—Para mi es un gran salto en mi carrera, haber podido grabar esto…

Efectivamente, era y es un CD excepcional, grabado con la famosa Orquesta Filarmónica de Plovdiv (Bulgaria) dirigida entonces por el gran Nayden Todorov; un CD que contiene las arias favoritas de Manuel Sirera y a las que él ponía voz. Se sentía muy orgulloso y le faltó tiempo para compartirlo con sus amigos -entre los que nos incluía siempre- con la edición recién salida del horno…

Ahora, a los 69 años, todo se ha terminado para Manuel Sirera, aquí, en este Mundo. Pero su gran recuerdo queda; su presencia en Youtube también; los que fuimos sus amigos le recordamos y lloramos en esta hora del adiós, que es un hasta siempre. Luchó hasta el final siempre, para superar mil problemas siempre, para vencer siempre… hasta que llegó el imposible, la barrera cruel que la enfermedad interpuso y que ya no pudo sobrepasar.

Descansa en paz, Manolo Sirera. Buena persona, buen amigo, gran cantante que siempre llevó por el Mundo con orgullo el nombre de Vigo.