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MACHISMO

Por José Antonio Perozo

Según el Instituto Nacional de Estadística la violencia machista en el último año aumentó un 28,6 por ciento entre los menores de 18 años. Y las denuncias por violencia de género subieron un 70,89 por ciento en los mismos tramos de edades adolescentes. Como respuesta, una vez más, escuchamos voces que, por un lado, claman pidiendo más campañas de sensibilización y, por otro, las de quienes aplauden el triunfo del hombre como ser por naturaleza superior a la mujer.

Esta situación evidencia que el empeño por conseguir la igualdad no solo está perdiendo las últimas contiendas, sino que puede estar dando pie a un movimiento negativo del péndulo social entre la juventud. He manifestado en diversos medios estar cansado de visitar centros escolares para hablar de mis libros y encontrarme con el machismo adolescente sentado en los pupitres. Comprobar la ausencia de planes solventes, para educar en igualdad, me ha llevado a asegurar que las campañas de sensibilización son como la nata, que flota sobre el problema, pero no alcanzan a resolverlo.

Me he quejado de que las estadísticas son contundentes y las muertes de mujeres también. Y me permito asegurar que cada uno de esos asesinatos es un fracaso de la sensibilización. Cada minuto de silencio colectivo es un fracaso de la concienciación. Cada estadística en rojo es un fracaso de la sensibilización. Cada mujer contratada por debajo del salario de su compañero es un fracaso de la concienciación. Cada proxeneta fuera de la cárcel es un fracaso de la concienciación. Cada cartel que nadie mira es un fracaso de la sensibilización. Cada lema que suena a literatura o a ensayo para los círculos de militantes es un fracaso universal… Perdonen que, instalado en el enojo, me reitere.

La única alternativa plausible es abordar el problema desde programas educativos obligatorios. Sin miedo a una asignatura en la que de un modo transversal se aborde el conocimiento y ejercicio de la igualdad universal. El resto es postureo y alimentación para los machistas de viejo y de nuevo cuño. Los números cantan.

JOSÉ A. PEROZO