MIS NOCHES EN VIGO

El día que conocí a Lodeiro salía de su taza el sonido del “miudiño, miudiño”, acompañado por la flauta de Laxeiro, y la sonrisa en silencio de Corbal. Estábamos en el Bar Roucos, de la viguesa calle Santa Marta,  hoy amenazado de muerte por la revolución inmobiliaria de la metrópoli. Era Lodeiro un tipo menudo, de pocas palabras, de los que prefieren sentenciar la conversación haciendo gala de artística retranca. En eso imitaba a Laxeiro, solo en eso. Porque Lodeiro era el pintor de Vigo. Su pintura llegó a ser la estética de la ciudad y un especial espejo del paisaje atlántico, de atardeceres; unas veces rojos   Leer más ...

Esta semana:

EN SU PROPIA TRAMPA

Yo apenas había traspasado la frontera de la adolescencia y allí estaban ellos, en la taberna, bebiendo y riendo sus hazañas… —- Ista semana caeron tres… —- Teño que ir a Chaín, que…

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MIS NOCHES EN VIGO

El día que conocí a Lodeiro salía de su taza el sonido del “miudiño, miudiño”, acompañado por la flauta de Laxeiro, y la sonrisa en silencio de Corbal. Estábamos en el Bar Roucos,…

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