EL SABOR DE LOS DIVINOS HORRORES

Esta mañana me huele a lamprea y resulta que hace un lustro que no la como. Debe ser porque me acuerdo de aquellos días en los que todos los amigos peregrinábamos a Arbo en busca del sabor de los divinos horrores, que así lo defino yo después de leer a Cunqueiro y enterarme de que los romanos alimentaban al bicho arrojándole esclavos vivos. Ahora que estamos en plena temporada, miro con nostalgia la lamprea de plata que me regaló el Concello por tener la honra de ser pregonero de uno de los eventos gastronómicos de mayor poder de convocatoria. En realidad… hace más de cincuenta años ya había ido a la primera Festa da  Leer más ...

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