Arousa

La ría del sol

El lusco fusco en la Ría de Arousa

Bastaría un solo atardecer en Arousa para vivir un nuevo sueño con la mera contemplación del paisaje y de la silueta de los barcos sobre la placidez de la Ría.

Pero la ría del sol, es mucho más que doradas olas que se deshacen en la arena de la playa de cada día. Es un mar vital, simplemente vital, para quien habita estas ribeiras de serenidad marina.

Las bateas son los nuevos barcos de la vida, anclados al corazón del agua verdiazul, a donde llegan mas suaves los cantos de olas.

Crece en ellas el molusco sabroso, el  mejillón de  Galicia, el más apetecido.

De sus puertos van y vienen sobre sus embarcaciones los marinos de la estirpe arousana, que procuran cada día o cada noche, el horizonte inmenso del Atlántico, mas allá de Sálvora,  en busca de  la riqueza bajo el agua.

Ellos son los propietarios de este lugar de selvas sumergidas y de almacenes de corales.

En las acotadas playas de arena fina entran los piés de las mariscadoras para buscar con sus manos la húmeda cavidad donde se ocultan los otros moluscos, ya crecidos: almeja de Carril, berberecho de Boiro… Son los frutos de esta playa próxima a la playa amarilla de los cuerpos sobre la arena.

La ría del sol es también el espejo de agua sobre el que navega el velero al compás de la música del viento, cuya espumosa estela se alcanza desde un cielo bajo caído tras las montañas.

Donde el sol enciende todo tras  los requiebros de la tarde, convirtiendo en fulgurante el lugar habitado por los amores o los desamores.

La ría del sol es fascinación. La provoca el paisaje refulgente de este mar donde se acuestan las estrellas…

La dorna reposa de las horas de pulpo y nécora.

La vieja dorna cede protagonismo a los modernos barcos bateeiros; y la nueva estirpe marinera de Arousa faena ahora,  mayormente, en el mejillón.

En la ría confluyen a flor de agua estos barcos y las bateas de la vida, dinamizadoras de tres comarcas y once municipios.

El de Arousa es un sosegado mar de riqueza donde se posa la luz de oro, al lado de las gamelas que buscan el pulpo nuestro de cada día. O junto a  los barcos naseiros de la  nécora y la centolla…

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