LA FICCIÓN ES UN ARTE

Para muchos de vosotros seguro que el cine gallego es pura anécdota habida cuenta que pocas películas duran en cartel más de una semana, como ocurre con la mayoría de las realizadas en España. Influye en ello, al margen de otros factores, los bajos presupuestos y la competencia que supone la factoría americana… capaz de movilizar al personal de aquí con historias muy de allá; justamente lo que nuestro cine no es capaz de conseguir.

Por eso los creadores y grandes genios de nuestra fábrica de sueños imitan a los americanos; incluso algunos los copian. Y, amigos míos, nadie quiere copias; todo el mundo prefiere al vaquero original.

A los cineastas les diría yo que se fijasen en la ficción televisiva, la gran triunfadora de esta batalla que libramos cada temporada contra la gente de Hollywood, dónde también hacen series de grandes presupuestos. Las teleseries están salvando en España a eso que llamamos eufemísticamente la “industria del cine”, una fábrica de productos que, salvo excepciones, apenas se venden en los mercados internacionales del audiovisual.

No voy a poner ejemplos –estaría feo por mi parte- pero las series que se desarrollan en la Galicia rural, con personajes del día a día, que cuentan historias de esas que solo los aquí nacidos podemos contar, es raro que bajen de los dos dígitos en las audiencias televisivas y alguna consigue el liderazgo de su franja horaria.

Si el cine se suma a la ficción televisiva y no al revés, esa industria puede resultar una realidad una vez superado el momento actual de dificultades económicas  por las que atraviesa el sector, motivadas por un virus que ataca, incluso desde el propio Ministerio de Hacienda, a toda la cultura.

La tesis de quienes trabajan en ficción, la más difícil de las artes escénicas, es la de que…

—-  Nadie mejor que nosotros mismos para realizar el gran spot del país y los spots se pagan.

Lo dicen algunos productores convencidos de que las entidades oficiales y los gobiernos, tanto el central como los autonómicos, deben de subvencionar sus producciones, asunto con el que nunca estaré de acuerdo.  Si tú ruedas una película que interese al público esa película será un buen negocio, lo contrario será una ruina con o sin subvención.

Pasa también que hay mucho genio en esto del audiovisual capaz de inventar la cuadratura del círculo y el público no va al cine a ver inventos, sino películas que le diviertan, que le transmitan sentimientos, que le hagan reír, que le hagan llorar… pero nunca que le hagan pensar. 

En los últimos tiempos, los gallegos asistimos al éxito de nuestros actores y actrices más conocidos en la gran y en la pequeña pantalla; y además, si nos sentamos a ver los Goya, últimamente con gran prestigio, nos suenan como nuestros muchos de los nombres de los premiados: productores, músicos, directores de fotografía… Aquí ya hay de todo y de todo somos capaces, como queda demostrado en la última década, en la que, en Galicia, se produjeron algunas buenas películas y excelentes series de televisión.

La ficción cinematográfica o televisiva es un arte que une algunos de los aspectos más dificultosos de la creación; como es la fusión de la creación literaria, con la fotografía y la interpretación. Por eso resulta tan complicado el éxito y tan cara su concepción.

Dicen que el cine y la ficción que aquí se hacen son uno de los principales focos creativos de la modernidad gallega, como en su día lo fue la moda. Y es uno de los sectores mejor posicionados  para crear riqueza y exportar un buen producto.

Yo no tengo ninguna duda con respecto al futuro del audiovisual gallego y quiero decírselo a mis amigos productores y productoras; a los actores y actrices de este país; a la legión de técnicos y técnicas;  y a los directores y realizadores, a ellas y a ellos… Porque muchos están en horas bajas debido al concepto oficial de que su trabajo es ocio; ni arte ni industria.

Pero ese criterio cambiará mañana, cuando sepamos vender mejor y encontremos los adecuados canales de distribución, que viene siendo nuestra gran asignatura pendiente.

(Me puse a escribir esta crónica después de haber visto cine argentino, una magnífica película, en La 2 de TVE…)

¡Puede que si cruzamos otra vez el océano aprendamos a vender!   

Un Comentario

  1. Yo no creo que la empresa privada tenga que ser subvencionada con dinero público. Detrás de las subvenciones al cine se esconden muchos negocios nada legítimos. Es más, mientras algunos productores se forran el personal que hace posible que el cine se haga con cierta calidad cobra miserias de sueldo.

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