LA «MÁSLENITSA» – Por Alí Baluba

El «blini» ruso es la «filloa» gallega y la «Máslenitsa» nuestro Entroido…

Desde los remotos tiempos de la antigüedad (y un poco más también) había una fiesta en Rusia y en Ucrania que aún se celebra cada año: La llaman “Máslenitsa” y dura exactamente una semana. Supo ir adaptándose a los requerimientos de los diferentes poderes y mantenerse hasta nuestros días.

Es la fiesta más alegre y divertida porque está dedicada al final del invierno y a la llegada de la primavera; aunque en la Rusia del siglo XV el año comenzaba en Marzo. Por lo tanto era la fiesta del Año Nuevo. Se decía que «el año entrante será como lo recibas», y por eso nadie ahorraba en gastos.

Un etnógrafo del siglo pasado, de apellido muy complicado, consideraba que la “Máslenitsa” en los tiempo paganos se festejaba para rendirle homenaje al dios Veles (o Volos) que era el protector de la ganadería y de la agricultura.

Con la cristianización el día de Veles, que tenía lugar el veinticuatro de febrero, paso a ser el día de San Blas, y la semana de “Máslenitsa” fue insertada en el calendario oficial de la iglesia como la Anunciación, el prólogo de la cuaresma; y pasó a depender de ella para ubicarla en el almanaque, aunque entendieron perfectamente que era imposible sacarle esta fiesta al pueblo.

Podemos explicar que se llama “Máslenitsa” porque en esta semana ya no se puede comer carne pero están permitidos otros productos como maslo (масло – manteca en ruso), huevos, leche y queso.

Al que no tomaba parte en estos festejos lo anatemizaban como un «amargo» y por eso el mismísimo Pedro I (Петр I) inauguraba los festejos, donde ahora se encuentra el Jardín de Alejandro, a un costado del Kremlin, deslizándose en su trineo por las montañas de nieve que armaban para la ocasión.

Otros dicen que era la fiesta del dios pagano del sol Yarilo (Ярило) y que de ahí viene la tradición de preparar blini (блины), algo como crepes rusos. Porque ya que este dios era el encargado de echar al invierno, le rendían tributo con cantidades descomunales de blini: redondos, calientes y dorados como él.

—- «Sin blini no hay Maslenitsa; sin empanadillas no hay onomástico», decía un refrán.
Cada ama de casa tenía su propia receta para prepararlos y la mantenía en el mayor de los secretos. Para hacer la masa salían al bosque o iban a la orilla del río y ahí, en soledad, preparaban sus exclusivos blini *.

Cada día tenía su nombre en esta semana.

El primer día era la apertura y los niños eran los encargados de empezar la joda construyendo las colinas de nieve y hielo desde las cuales se lanzaban en picada con sus trineos al grito de:

—  «Llegó la Máslenitsa, llegó la Máslenitsa!».

Los mayores se les unían solamente desde el tercer o cuarto día. La noche de este primer día se reunía la familia y se ponían de acuerdo sobre el orden en que cada uno iba a ir haciendo las visitas.

El segundo día, de las diversiones, comenzaban diferentes tipos de entretenimiento: fiestas en las calles, carreras en trineo y muchos espectáculos. Por las calles grupos de gente con máscaras representaban comedias y conciertos.

El miércoles era el día para los golosos. En todas las casas servían blini y otros manjares. Se preparaban las mesas como nunca, con todo lo que hubiera. En las calles aparecían tiendas donde, entre otras cosas, se podía comprar una bebida hecha a base de agua, miel y especias.
Las suegras invitaban a sus casas a los yernos a comer blini.

El jueves, cuarto día, llamado para pasear, era el día del descontrol. Levantaban murallas de nieve y parapetados en ellas intentaban derribar las construidas por otros. También sobre un trineo podían poner un poste y en la punta de este una rueda en la que sentaban a alguien y lo llevaban a gran velocidad por el pueblo. La gente iba detrás cantando y tomando vino. Los más pequeños se disfrazaban y cantando recorrían las casas pidiendo golosinas y dulces.
Supuestamente desde este día se prohibía trabajar. Otras diversiones eran las peleas de gallos y si no había gallos se tomaban a golpes de puño la gente del lugar.

El viernes se hacían reuniones con las suegras. Las viejas visitaban a sus yernos. La falta de consideración de la suegra hacía su yerno en esta fecha podía llevar a eternas disputas familiares. Una curiosidad: la suegra tenía que llevar los cacharros en los cuales iban a ser preparados los blini para agasajarla.

El sexto día se dedicaba a la cuñada. Una visita y la mujer de su hermano tenía que hacerle regalos: alguna sartén de última generación, por ejemplo, para que nunca faltaran los blini en su casa.

El día más importante era el último, el domingo del perdón. Los conocidos y familiares se pedían perdón por cualquier disgusto que pudieran haberse ocasionado. Al encontrarse se besaban, se abrazaban y se pedían perdón diciendo:

—- «Perdóname, de ser posible».

A lo que el segundo respondía:

—- «Dios te perdonará».

Con eso la ofensa quedaba en el olvido. En este día también frecuentaban el cementerio y dejaban blini junto a las tumbas de los parientes y conocidos.

El episodio principal de este día llegaba con la noche. Llevaban por todo el pueblo enormes muñecos de paja, vestidos generalmente de mujer. Estos muñecos simbolizaban “Máslenitsa” y al arribar a las fogatas los prendían fuego. A veces en lugar de quemarlos los reventaban a palazos. Otra variante era llevar a alguna muchacha o a algún borracho por el pueblo y al salir del pueblo los tiraban en la nieve.

El final de la “Máslenitsa” llegaba con el inicio de la cuaresma el lunes limpio. Los hombres, solían «lavarse» los dientes tomando vodka para eliminar cualquier resto que pudiera haber quedado de los alimentos que ya no se permitían: leche, huevos, queso, etc. Este lunes era una obligación ir a la sauna y ellas lavaban los utensilios de cocina donde habían sido preparados estos alimentos.

¿Y ahora?

Ya sabemos que es lo que se hacía antiguamente y lo que se supone que habría que hacer. Por suerte la realidad actual es otra y no todos se preocupan por lo que les dicen. Cada uno trata de pasarlo lo mejor posible, haciendo lo que necesite para conseguirlo.

* Alí Baluba es profesora de español en la Universidad de Kiev.

* Le agradezco mucho esta colaboración a Alí Baluba por lo que tiene de similitud  entre su “blini” y nuestra “filloa” y entre su “Máslenitsa» y nuestro Entroido.


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(6) Comentarios

  1. Mira tú, las filloas de mi abuela a donde llegaron… ¿O fue al revés? Yo creo que a la vista del nomadismo gallego debió de llevarlas alguien a Kiev…

  2. Nunca estuve en Kiev, pero sí en Moscú. Y en un restaurante me comí unas filloas como esas que estaban tan buenas como las de aquí, las que hace mi madre…

  3. … Pero a esas filloas le faltan el toque de la mujer gallega, que herederó la técnica de las abuelas de las abuelas de mi bisabuela…

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